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#IntroducciónAlHit #04

Gala Décima Kozameh es @GalaDK (1989). Rosarina, mitad periodista, mitad publicista. Divide su tiempo entre la producción de contenidos para marcas y relatos de historias en forma de crónicas y entrevistas para distintos medios. Le gustan las bandas ruidosas, la cerveza bien fría y los viajes en ruta. Las Pequenias Cosas.

 

 

Abel Pintos apareció en mi radar el día que cantó en el casamiento de Messi. Antes de eso creo que sabía que existía pero nunca me detuve a pensar quién era o qué hacía, solo conocía su nombre y lo tenía asociado a algo musical que seguro no me interesaba. Mi intuición no falló.

Repaso lo que Abel Pintos significa para mí y no puedo recordar una asociación previa al día de la boda del astro rosarino del fútbol. Imagino una posible conversación con alguien que gusta de la música de Abel Pintos, en la que esa persona me cuenta emocionada que lo fue a ver y yo le respondo: “ese es el que casó a Messi, ¿eh?” y la persona se ofende con razón porque Abel Pintos es más que el pelado que cantó en la ceremonia civil. Me siento, entonces, como esas personas que asocian Twist and Shout a Showmatch y no a The Beatles. Me doy vergüenza.

Y me doy vergüenza porque creo que él merece ser conocido por algo más que haber cantado en la boda de Messi. A diferencia de muchos artistas pasajeros que salieron de certámenes televisivos u otros que son hijos de alguien y por eso tocan en festivales de moda sin siquiera tener cinco canciones, Abel Pintos tiene una trayectoria muy extensa y meritoria. Su carrera comenzó a los 7 años cuando otro rosarino, Raúl Lavié, lo descubrió en un acto escolar de la ciudad de Bahía Blanca. Andá a saber qué hacía Lavié en un acto de San Martín en el sur de la provincia de Buenos Aires pero ahí estaba y lo vio al flacucho de Abel entonando majestuosamente canciones de Víctor Heredia, Horacio Guarany y León Gieco con su guitarra acústica. A partir de ahí el camino artístico del pibe fue en ascenso y para los 13 años ya había grabado un primer disco y tocaba en el escenario mayor de Cosquín.

Porque esos son los escenarios de Abel Pintos y de ahí viene su fama. Antes de los Luna Park y los ¡dos! River que llenó en diciembre pasado, este pibe oriundo de Bahía Blanca tocó (y sigue tocando) en cada uno de los grandes encuentros y festivales de folklore del país. Agitó el escenario de Jesús María, el del Festival La Chaya en La Rioja, el de La Vendimia Tinogasta en Catamarca y hasta en el Festival del Artesano de Santiago del Estero. Abel los recorrió a todos durante años y de a poco se fue convirtiendo en una de las principales figuras del folklore argentino de este siglo.

En 19 años Abel sacó 11 discos de estudio con Sony Music. Esto como resultado de una movida de León Gieco, que lo apadrinó desde el comienzo y además de ser el productor de su primer álbum Para cantar he nacido, fue un guía artístico que le fue enseñando a componer sus propios temas. Del primer disco al último, en el 2016, llamado de forma muy original 11, mucho o poco ha cambiado en Abelcito, depende como uno lo mire. Poco porque se mantuvo dentro del género durante toda su carrera y continúa tocando en los mismo sitios, fiel a su público. Mucho porque ya no tiene los rulitos de sus primeras tapas, ahora es el principal compositor de sus temas, ha pasado por la mano de algún asesor de moda y gracias a efectivas estrategias de marketing se ha convertido en un fenómeno radial.

Podrá gustar o no pero Abel sonando en La 100 es el nuevo acercamiento entre el folklore y el mainstream. Un encuentro que se da muy cada tanto y siempre de la mano de jóvenes que pueden coquetear con la masividad porque no son viejos con tambores vestidos de gauchos. En su momento fue Soledad y hoy es Abel Pintos. Mañana será algún chiquilín que hoy toca a las 3 de la tarde en Cosquín y espera hasta las 22 para sacarse una foto con su ídolo Abel.

Ahora, seamos sinceros, ¿por qué Messi lo eligió para cantar en su casamiento? Yo sinceramente dudo que Lionel y Antonela vinieran siguiendo los pasos del artista desde sus comienzos, es decir “desde el Cemento del folklore”. Ahí creo que los billetitos puestos en la rotación de los cortes de difusión hicieron su efecto y un día en su mansión de Barcelona, Lionel y Antonela pusieron la radio argentina y encontraron que la letra de “Sin principio ni final” resumía muy bien lo que sentían.

El video de ese tema tiene 3 años y acumula unas 38 millones de reproducciones. Está filmado en el Valle de Calchaquí y lo tiene a Abel con un chalequito de lana rojo cantando junto a músicos que tienen instrumentos como pezuñas de vaca, charangos, bombos y lucen boinas y bombachas. Todo bien folklórico y que te quede claro. Entre los 2500 comentarios de gente dedicándole el tema a sus hijos, padres y enamorados, están los caídos del catre que llegaron a Abel por Messi y ahora tienen otro motivo para agradecerle al goleador: que los haya acercado a “esa voz que da tanta paz”.

A mí más que paz me da dolor de tímpano. En especial cuando canta el estribillo de ese tema: “Bajo la luna cuando danzas en mis sueños. Te voy a amar, y me amarás. Te amo sin principio ni final. Y es nuestro gran amor. Mi ángel de la eternidad”.

Sigo mirando otros videos de esa sesión en el norte y llego a una versión de “Cactus” de Gustavo Cerati. En las interacciones están los defensores del rock nacional que vinieron a aclararle a estos ignorantes que el tema no es de Abel sino del líder de Soda Stereo y también están los que lo toman como lo que es: un lindo homenaje, aunque un poco chillón.

Al costado YouTube me recomienda ver el video de Abel en el casamiento de Messi. Es una filmación proveniente de un celular y tiene poco más de un minuto. En muy baja calidad y con cabezas en el medio se lo ve a Abel vestido con un saco gris y un moñito cantando solo acompañado por un piano. En un momento su voz se ve interrumpida por aplausos cuando Lionel sella la alianza con un tremendo chupón a su flamante esposa, pero la atención del realizador del video está más en la performance de Abel y deja de filmar a los protagonistas del cuento de hadas para volver al cantante estrella. Y se lo ve, sin inmutarse frente a la ovación, concentrado en entonar y seguir haciendo de soundtrack de este momento. Ahí está el pibe de Bahía Blanca que quería ser Víctor Heredia cantando en el casamiento de otro pibe, uno de Rosario, que siempre quiso jugar a la pelota.