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#IntroducciónAlHit #05

Gala Décima Kozameh es @GalaDK (1989). Rosarina, mitad periodista, mitad publicista. Divide su tiempo entre la producción de contenidos para marcas y relatos de historias en forma de crónicas y entrevistas para distintos medios. Le gustan las bandas ruidosas, la cerveza bien fría y los viajes en ruta. Su mail es tomatecherry@gmail.com.

 

 

¿Te acordás de esa vez que te enamoraste y del otro lado no te correspondieron de la misma forma? ¿Te acordás que le mandabas mensajes y te contestaban a veces, cuando ya no tenían mejores planes? ¿De que puertas adentro era puro amor pero cuando salían a la calle vos perdías valor? Intentaste olvidarte, dejar de darle bola, buscarte alguien mejor. Te obligaste a coger con otra persona a ver qué onda y no te salió. Y cuando creías haberte recuperado y olvidado, caía un mensaje de nuevo. A la noche, siempre, nunca de día. Nunca un cómo te fue hoy, sino un querés venirte a ver una peli.

¿Te suena? A mí también. Y a Duki, el pibe de 22 años que tiene cinco temas en el Top 50 Argentina de la lista de éxitos de Spotify, también le suena. De una experiencia así salió uno de sus mayores hits de trap, “She Don’t Give A FO“, que tiene hoy casi 100 millones de reproducciones en YouTube.

Duki, que en realidad se llama Mauro y nació en Buenos Aires, te hace sentir el dolor con su voz rasposa mientras canta. En un grito ahogado cuenta que a la piba no le importa una mierda su cariño, que sabe que él la quiere pero se caga en eso. Busca aplacar la frustración por medio de justificaciones, que tal vez sea el miedo lo que la impide quererlo, argumenta, escupe miles de palabras por segundo y explica todo esto que vos y yo sabemos cómo se siente. Y a medida que va narrando su voz se va enojando con los recuerdos, cada vez más raposa, gritando, aullando de tristeza y, casi llorando, como cuando uno estalla de bronca al darse cuenta cuán hasta las manos está, dice que la quiere a ella y no a otra. Y ahí arriba a un nivel de frustración que rompería puertas de placares con los puños agrega: “Y si te digo que el resto nos mira como si estuvieran odiando lo nuestro. Y veo tu cara que no te importa nada, como si hubieras nacido pa’ esto”. ¿Te suena? A mí también.

Duki aparece en el mapa en el 2016 cuando llega a etapas avanzadas del Quinto Escalón, la competencia de freestyle porteña. Al siguiente año, con el objetivo puesto en ganar, volvió a competir y se consagró en la Pretemporada en un “2v2” junto a MKS. Rápidamente sacó su primer tema “No vendo trap”, en el cual pedía que le dieran like para seguir escalando. Los pibes le hicieron caso, el video llegó al millón de reproducciones en YouTube y la carrera de Duki despegó. Luego vino un ft. con Khea y Cazzu, otras promesas del trap nacional, llamado “Loca” que hoy está en el puesto 6 de lo más escuchado en Spotify Argentina.

Le guste o no a muchos el trap nacional es, en la actualidad, un género en ascenso. Si sigue subiendo como lo está haciendo en este momento pasará a ser lo que hace algunos años fue el rock nacional. Llenará estadios como Los Piojos (y ojo que la última batalla de El Quinto Escalón fue en un Malvinas Argentinas lleno) y tendrá sus festivales como Cosquín. El rock existe y seguirá existiendo, no se estresen, pero hoy es el trap lo que representa a los más jóvenes. Ya pasó el indie, el pop siempre estará ahí y los que no se quieran ensuciar seguirán diciendo que escuchan rock internacional, pero el nuevo “rock” es el trap latino.

Como todo género que viene a irrumpir con la armonía de lo establecido, el trap es criticado desde el podio del oído fino por aquellos que argumentan que esto no es música, que no tiene instrumentos de verdad, que esas no son letras, que ellos no tienen talento, que Roger Waters lloraría si los escuchara y que seguro John Lennon se está revolcando en su tumba.

Una nueva cultura musical siempre trae aire fresco y viene a dar batalla. La música tiene ciclos que empiezan y terminan, que vienen a romper prejuicios y esquemas. Y si no volvamos tan solo unos años atrás y recordemos cuando a la cumbia se la acusó de vulgar o al punk se lo etiquetó como una mala influencia en los ’80.

Que el trap argentino se esté volviendo masivo no es por un sello discográfico gigante que paga rotación en radios, es porque en Internet ya es popular. Esto no es nuevo, no, no, no. Esto viene cocinándose a fuego lento en miles de foros, comentarios de videos en YouTube y sobretodo en las batallas de freestyle urbanas que hace años suceden en los parques que nos rodean. Esa es otra de las maravillas de Internet: hoy ya nadie puede decirnos qué escuchar ni qué consumir, basta con abrir una pestaña del navegador e ir al mundo que querramos. Así hizo Duki un día, que googleando se enteró de las batallas de gallos en España y se miró todas las que pudo, estudiando técnicas para armar rimas y enriqueciendo su vocabulario para improvisar mejor. En Internet también se cruzó con Travis Scott y la nueva generación de hip hop y rap estadounidense y se convenció que él también quería hacer música.

Duki la tiene clara. Usó su capacidad para rimar e improvisar, para ganar competencias de freestyle que le dieran visibilidad pero rápidamente se pasó a la música. Su máximo don, como dice él, es su flow. Y ese don rítmico está enfocado ahora en hacer canciones que pegan una y otra vez. Canciones que son románticas, rebeldes, tristes, patoteras, como todos esos pibes que hoy lo escuchan online.

Tan al margen está el trap del mainstream que Spotify, aunque tiene los temas de Duki en las listas de éxitos, aún no tiene formado el perfil del artista en la plataforma. Cuando lo buscás en los cinco primeros temas figuran los suyos, pero en los discos aparece uno de 9 poemas de amor relatados por un gallego. ¿Será otro Duki? Google no lo sabe y claramente Spotify mucho menos.

Mientras tecleo, el nuevo tema de Duki “Si te sentís sola” que salió el 23 de febrero, ya acumula 12.985 millones de reproducciones. Para cuando salga esta nota, calculo yo, andará cerca de los 13 millones y medio, sino más. Si eso no significa el sonido de una generación, que alguien me invite una birra y me expliqué qué lo es.