#IntroducciónAlHit #03

Gala Décima Kozameh es @GalaDK (1989). Rosarina, mitad periodista, mitad publicista. Divide su tiempo entre la producción de contenidos para marcas y relatos de historias en forma de crónicas y entrevistas para distintos medios. Le gustan las bandas ruidosas, la cerveza bien fría y los viajes en ruta. Las Pequenias Cosas.

 

 

Jimena Barón sube una serie de Instagram Stories filmándose a si misma con un filtro de perrito que busca disimular su cara lavada. Cuenta que en el ensayo general para su show debut en La Trastienda, le dijo a sus bailarines que estaba tan asustada y nerviosa por el recital que creía que se iba a enfermar. Antes de que el primer video termine, mira a la cámara y dice: “Así que además de pelotuda, soy vidente”. En los siguientes, también con filtro de perrito, la actriz devenida en cantante reflexiona sobre cómo pilotean los nervios las idolas pop del país: “¿Cómo hacen Oriana, Lali, Tini? Suben videos siempre re seguras y hacen shows gigantes como un Luna y yo acá…cagándome encima”.

Me gusta Jimena Barón. Me divierte mucho. Me gusta ese pedacito de vida de la que me hace parte en Instagram y Twitter y creo que su encanto en las redes logra exceder la virtualidad y la hace un personaje empático multiplataforma. Entonces encarás el disco La Tonta con menos prejuicio, con la creencia de que esta actriz que ahora canta (como muchísimas tantas otras) no es tanto una diva sino una persona más metiéndose en un proyecto nuevo, en un rubro distinto, con el miedo del que arriesga.

También me gusta que su disco sea un álbum humilde sin el saborizante y colorante de un producto pop. Es pop, claro, pero no hay una producción en su música y alrededor de ella que proponga vender a esta artista como si fuera una creación for export que busca competir con otras similares. La Tonta parece ser el resultado de una chica que se comió un par de garrones como cualquiera de nosotras y se puso a cantarlos en 10 canciones que duran, en promedio, unos 3 minutos 20 segundos y son, la mayoría, bastante olvidables.

Sin embargo, se rescata su canción “QLO“, en la que Jimena le responde a los que opinan de su cuerpo y les recuerda que estas pompas son suyas y que el cuerpo es de cada una: “Quién te hizo pensar que me importa lo que puedan hablar. Que tu comentario puede tapar lo que soy. No te acostumbrás. Quién te dijo que podés opinar, si es mío, el QLO”. Una idea que, en tiempos como estos, está muy bien que sea planteada así, sin vueltas ni adornos o poesía rebuscada. Que nadie hable de nuestros culos, ni la prensa, ni los chabones conocidos o desconocidos.

El video de este segundo corte de difusión de La Tonta es sencillo, se nota que no hay gran cantidad de presupuesto pero zafa gracias a la simpatía de ella. Con estética retro, está ambientado en unos ’80 exagerados en el que Jimena y sus chicas parecieran haber salido de un capítulo de la serie animada Jem y los Hologramas. El foco está en la coreografía, pensada para que se luzca, justamente, el traste. La canción, por su parte, tiene ese veneno popero contagioso que tarda días en irse de la mente y queda ahí siendo tarareado hasta el hartazgo. No es “Despacito” de Luis Fonsi pero anda cerca.

Recuerdo un episodio en torno al lanzamiento de este videoclip. Días previos a la salida, la artista iba compartiendo fragmentos mientras hacía una cuenta regresiva para verlo completo. Desafortunadamente el día previsto coincidió con la confirmación de que el cuerpo hallado en el río Chubut era el de Santiago Maldonado y automáticamente la artista canceló el lanzamiento de su video y se sumó al duelo. Una conducta acertada y ubicada.

Ahora Jimena está en Miami con su novio, el tenista Juan Martín del Potro, y su hijo Morrison, que tuvo con el futbolista Daniel Osvaldo. Sube una foto a Instagram con su niño alzado y en la imagen se ve que “Momo” tiene un tatuaje pegado en la mano, de esos que vienen en los chicles. Hay muchísimos comentarios de desconocidos, de extraños que creen que esa ventana a la vida de Jimena les da derecho a opinar sobre todo lo que hace. De todos los comentarios se destaca el de Olga que la reta: “Jimena por qué le hiciste hacer un tatuaje a tu niño en la mano? Por qué la decisión la tomaste vos como mamá con todos los riesgos que implica un tatuaje. Y si cuando es grande te reclama porque no le gusta? Esas decisiones las toman cuando son mayores de edad. Y Ahora a qué? Le vas a hacer poner un piercing? Que decepción! Pensé que eras mejor madre!”. Después hay unos cuantos comentarios más de usuarias que le explican a Olga que es un tatuaje temporal, algunos usuarios con más paciencia que otros. Y en un momento aparece la mismísima Jimena que le responde a la señora:

“Me pareció copado el tattoo en forma de árbol, un dibujo que seguro le siga gustando de grande. También le hice un aro en el escroto, muy canchero y original, se le enganchaba mucho con el pañal pero ahora que usa calzón ya no tiene drama Olga”.

Me río, me gusta esta Jimena que le dice a una Olga que no le rompa las pelotas con el moralismo y la docencia en maternidad. Que se lo dice con humor e ironía, con el mismo vocabulario que usamos todos cuando enviamos mensajes similares.

El último: Hace poco La tonta -como se hace llamar a sí misma- teloneó a Maluma en su show en el Hipódromo de Palermo. Un día antes de subirse al escenario subió a Instagram Stories un video haciendo alusión a esa experiencia que se venía.

En el story Jimena se filma a sí misma mientras exagera caras de nervios, vestida de entrecasa, con un texto que dice: “Cuando vas a ser telonera de Maluma pero te estás haciendo un bife” y el video termina con un primer plano del bife en cuestión sobre la plancha, largando sus jugos.

Veo la situación casi como una vivencia propia, porque a quién no le pasó de estar trapeando el piso y acordarse en ese momento que la semana siguiente empieza el laburo de su vida. De nuevo Jimena nos muestra que no es una diva de la tele y que ella es como vos y como yo. Ella también se pone nerviosa con los desafíos de su trabajo. Y como a vos y como a mí, a Jimena también se le llena el departamento de olor a bife.