#SátiraNocturna #04

Cocó @bolchevixen escribió el libro de listas “Diez razones por las cuales usted debe tener este libro” (Llanto de Mudo, 2015). Fue editora de la revista Dadá Mini. Publicó en Anfibia, La Curandera, Ohlalá, Último Round. Hace canciones, escribe en su diario y practica natación.

 

 

Soy la última de seis hermanos y la única que no tiene fotos de recién nacida con Mamá en pijama en el Hospital. Nací en 1986 en Córdoba y durante casi toda la infancia mi mundo se resumió a mi barrio, los jacarandás, el Torino de mi papá, la caligrafía en los cuadernos del colegio y tomar la mayor cantidad posible de Coca-Cola en los cumpleaños de tíos y abuelos.

El primer libro que leí en serio fue Heidi de la colección Billiken. Tenía 8 años y no entendí nada. Cuando mi hermana me preguntó de qué se trataba le dije que Heidi dormía en una pila de heno y que comía queso de cabra con el abuelo.

Fui al primario a un colegio del Opus Dei donde me enseñaron que el 90% de las cosas que hacemos, pensamos o dejamos de hacer y pensar son pecado. Me cambiaron a un colegio del barrio, mixto, donde aprendí a tragar el humo de los cigarrillos y me enamoré de casi todos los que después fueron mis novios a lo largo de mi adolescencia.

Cuando terminé el ciclo lectivo me inscribí en dos carreras: Letras Modernas y Periodismo. A la primera la dejé porque en el cursillo de ingreso me frustré por no saber nada de Saramago. Sigo sin saber nada de Saramago. Estudié periodismo con el entusiasmo suficiente que me permitía mi exagerado sentido de la responsabilidad y también probé con la carrera de Cine y TV, pero sobretodo deambulaba por las galerías del centro y veía la mayor cantidad posible de películas en el Cineclub Municipal.

En la Navidad de 1994 mi primo murió en un accidente de auto. En la Navidad de 2009 una peritonitis estuvo a punto de hacerme desaparecer. En la última Navidad murió mi papá. La Navidad tiene para mí un significado tragicómico y siniestro que no logro desentrañar.

Cuando me mudé a Buenos Aires resignifiqué el concepto que tenía sobre las condiciones de mi existencia en general y me encantó. Empecé escaneando diarios en una agencia de noticias y cuando el lugar cerró a los tres meses, casi de casualidad, conseguí un puesto en el área de prensa de una institución estatal. Todavía ocupo una computadora en ese edificio y fui reinventando mis actividades para no aburrirme. Ahora me dedico a diseñar folletos y organigramas. La mayoría cree que soy diseñadora gráfica.

Durante seis años con mi amigo Nicolás gestamos una revista con la idea de que sería el tipo de revista que nosotros leeríamos. Un martes a la tarde fui a hacerle una entrevista a un músico que vivía en Constitución, me robaron, me enamoré y hace unos meses nos casamos.

No sé dibujar, apenas sé bordar y me sale mejor cantar canciones ajenas que las propias. El lenguaje que encuentro más afín a mis necesidades expresivas es la literatura. Escribir me hace sentir más liviana. No me resulta doloroso repasar mis diarios íntimos, cada vez les encuentro más sentido. Sobre todo cuando los leo de noche.