Compartir

#LaLuchaEsHoy #03

Romina Zanellato (1984) es @romizanellato. Es periodista y colabora en varios medios. Hace el podcast Los Cartógrafos junto a Rosario Bléfari y Nahuel Ugazio. Hizo el blog #AmoInternet.

 


 

El lenguaje es el que marca el sentido, es el que articula el pensamiento y es el sistema de comunicación que actúa como un pacto de entendimiento con los demás. Si lo íntimo es político, el lenguaje lo es más todavía. Y va un ejemplo: Cristina Fernández abrió cada uno de sus actos diciendo “buenos días a todos y todas”, esa frase cumplía la función de visibilizar algo que estaba oculto por las formas de creación de sentido masculinas: ahí había mujeres, las mujeres hacemos política, las mujeres somos actores (¿actrices?) políticos, las mujeres somos receptoras del discurso político, somos y estamos. ¿Cómo escribir para ser inclusivo? ¿Qué va mejor, el @ en desuso, la x, la e o el asterisco? ¿Qué significa cada uno de esos usos? ¿Para qué hablar así? Porque el lenguaje establece realidades. Y el sistema patriarcal es el que vamos a romper.

Hay decisiones personales para comunicarse, la lengua muta y cambia todo el tiempo, está en movimiento como la sociedad. Durante mucho tiempo pensé que nombrar con la x era una pavada, que las mujeres o las identidades disidentes seguían estando ahí en ese “todos” plural masculino del lenguaje. Cada cual hace su proceso a su tiempo y adopta la forma de comunicación que represente su pensamiento.

Durante estos días debatí acerca de esto con Florencia Anguilletta, periodista y licenciada en Letras de la UBA, becaria doctoral del Conicet. “El lenguaje está marcado. El sistema en el que vivimos, y el lenguaje, está centrado en lo masculino”, me dice por mensaje de voz. Hablamos de esa primera discusión que iniciaron los feminismos al señalar que el lenguaje es machista y que al decir “todos y todas” se está visibilizando a las mujeres o descentralizando el sentido que el lenguaje le adjudica al varón.

Como una segunda etapa en esa lucha de inclusión surgió el reclamo de la comunidad LGTBI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, personas Transgénero e Intersexuales) quienes plantearon que decir “todos y todas” excluía a todas las disidencias. La identidad no es binaria, hay muchas formas de ser hombre o mujer. Y ahí nace el @, la x, la e, y el asterisco, para desnaturalizar y visibilizar a la comunidad. Aunque, las cuatro estrategias planean opciones inclusivas, definir es encerrar. Como me dice Florencia: “todo el tiempo producimos efectos de lectura y la nominación es muy conservadora porque congela las identidades”.

¿Y qué usar? La arroba quedó en desuso porque, al fin de cuentas, es una a envuelta en una o, lo que sería sostener el binarismo. Luego está la x y la e. Todxs o Todes. El Word me marca las dos en rojo, hasta eso tenemos que vencer. Desactivemos el autocorrector de todo. No automaticemos el lenguaje, decidamos en libertad.

Luciana Peker, periodista del suplemento Las 12 de Página/12 y escritora del libro La revolución de las mujeres (no era sólo una píldora) me dio el ejemplo más potente del uso del lenguaje y los valores feminista: “Hay determinadas luchas que son más importantes que otras, pero tienen que ver con la propia mirada y propias decisiones. Yo fui una de las periodistas que luchó para que la palabra femicidios se empiece a decir en los diarios y eso fue una gran conquista”.

¿Qué valor tiene esto? Una palabra propuesta para visibilizar una realidad tan grave y grande que, al final, aquellos medios que defienden y se resisten a ultranza a aceptar las disidencias o las luchas feministas tuvieron que aceptarla y utilizarla. El Poder Judicial lo incluyó. A las mujeres las matan los hombres por ser mujeres, eso es un femicidio.

En este movimiento, el lenguaje también genera nuevas formas de representación. Luciana me dijo: “Creo en un lenguaje dinámico. El lenguaje actual es machista. Creo en una comunicación masiva y popular por eso adhiero a un lenguaje fluido, que no espante, no sea trabado, que no excluya”.

Como si hijo de 15 años, que me cuenta que dice “ahí vienen mis amigues”, el uso de la e en la oralidad se está naturalizando. La x, en cambio, es rupturista desde lo visual, inclusiva, confusa, molesta. Como puede ser un trans para una persona conservadora y patriarcal.

Agustina Paz Frontera, periodista de LatFem y miembro de #NiUnaMenos me cuenta que cada una lo usa como quiere, no hay una discusión y una postura dentro del medio o la agrupación feminista. “A mí, en lo personal, me gusta más la x porque no diferencia palabras por género. La x complejiza hacia un lado y la e hacia otro. Me gusta cómo queda escrito y que no se pueda decir, te saca del binarismo”.

También está el asterisco en un sentido similar. Para exponerlo mejor, compartimos un poema de Mauro Cabral, un activista argentino por los derechos de las personas intersex y trans. Este poema salió publicado en el suplemento Soy de Página/12, espacio indispensable para la discusión de estas temáticas.

* Por qué el asterisco

Podríamos escribir siempre los.
Podríamos escribir as/os.
Podríamos escribir las y los.
Podríamos escribir las, los y les.
Podríamos usar una arroba.
Podríamos usar una x.
Pero no. Usamos un asterisco.
¿Y por qué un asterisco?
Porque no multiplica la lengua por uno.
Porque no divide la lengua en dos.
Porque no divide la lengua en tres.
Porque a diferencia de la arroba no terminará siendo la conjunción de una a y una o.
Porque a diferencia de la x no será leído como tachadura, como anulación, como intersex.
Porque no se pronuncia.
Porque hace saltar la frase fuera del renglón.
Porque es una tela de araña, un agujero, una estrella.
Porque nos gusta. ¡Faltaba más!
Ahora bien, El asterisco No aparece siempre y en todas partes.
No se usa para todo, ni tod*s lo usan.
En este libro la gente escribe como quiere y puede.
El asterisco no se impone.
De todas las cosas,
Esa.
Esa es la que más nos gusta.

Foto principal: Obra de Tracey Amin