El otro hermano

Una de las mejores películas de Adrián Caetano que vuelve a hacer una marca poderosa en su filmografía y las junta a las primeras, no en temática, sino en fuerza cinematográfica. Esta película es una adaptación de la increíble novela de Carlos Busqued. La película enfatiza el thriller literario y a la vez da cuenta de procesos propios del cine como la duración de ciertos momentos que incomodan al espectador y un montaje preciso que te encierra en el Chaco de Busqued pero bajo el sol tremendo de Caetano: un sol que quema con rayos peligrosos, donde la crudeza transpira las paredes y el pasto verde que brilla, pero se sigue sintiendo oscuro, porque no dejamos de pensar en la sangre. Para cobrar el seguro de un familiar muerto, se arma la dupla de Sbaraglia y Hendler, con personajes completos, donde la ingenuidad y la perversidad se ven desde las cejas hasta el accionar. Chocan y se mezclan, haciendo del cinismo o el sarcasmo elementos necesarios que queríamos volver a ver tras los ojos de su director.

Cómo funcionan casi todas las cosas

Luego de la muerte de su padre, Celina decide cambiar el rumbo de su vida, abandonar el desierto en una cabina de peaje y encontrar el camino en una enciclopedia de cómo funcionan casi todas las cosas… menos en su vida. Las respuestas correctas poco sirven para ser vendidas y de a poco su protagonista se ve inmersa no en una aventura, sino en la espera de aquella, detenida en el camino de la formulación de las preguntas.

Cómo funcionan casi todas las cosas mezcla la comedia y lo dramático y nos acerca más al cine de Martín Rejtman que a las películas ya tan prefabricadas del género. La película se sale de su caja y mezcla diferentes elementos narrativos de la ficción, para lograr algo diferente, donde el absurdo se vuelve una lágrima tan real como la arena que se mete en los ojos en el medio de la ruta y no deja ver. Se tienen las respuestas pero no los medios de cómo formular las preguntas. Esta espera nos lleva a algo más profundo, valores más reales que la avaricia existencial de saberlo todo y todos con su doble rostro: la inocencia, la esperanza, la angustia y siempre aquellos destellos de felicidad que hacen espejismos en la ruta.

El aura

El aura es una película que todo el tiempo levita en la ambigüedad de las cosas, indaga en la cabeza de su protagonista Esteban Espinosa interpretado por Ricardo Darín, quizás su película más extraña sin dejar de ser comercial. Su director es Fabián Bielinsky, una de las perdidas más lamentables del cine nacional. Este es su segundo largometraje, después de la famosa Nueve Reinas, donde ya había trabajado con su protagonista.

Un taxidermista disfruta del apreciar el tiempo detenido en animales embalsamados pero su percepción del tiempo está sometida a un remolino mucho más extraño que su afición. Una película que mezcla contenidos del género pero también dialoga con la marca autoral de su director y esto hace compatible esa extraña conjunción entre vanguardia y mainstream, sin sinquiera acercarse a ser una pero tampoco la otra. Una historia de robos e intriga pero contada de una manera muy particular, donde el peligro se percibe con todos los sentidos porque una buena historia hace vibrar lo que no se ve, lo hace presente. Entre parpadeos mentales, disparos que nos llevan como agujas de reloj y, cada vez estamos más adentro del bosque, en su oscuridad.

Historia del miedo

El miedo entra a un barrio privado protegido por alambrados que este sin problemas atraviesa porque entra por arriba, por abajo y por el medio y ya está adentro, como humo, como niebla. El miedo amenaza y se transforma en la paranoia de unas familias adineradas, pero cuando la luz se apaga y se siente el peligro, todo empieza a trastabillar, incluso las seguridades que se desvanecen.

Afuera del alambrado, la idea de peligro latente, y adentro el sofocamiento de una cáscara burguesa que empieza a caerse. Se empieza a suprimir el afuera, el mundo real, para situarse cada vez más adentro porque una historia del miedo sabe que para causar el efecto tiene que cerrar la puerta y no dejar salir, apagar las luces y que empiece el juego, te devuelve el miedo a la oscuridad sin tener que usar las exageraciones del terror, porque esta película no es de terror sino de miedo. El miedo a las pinceladas absurdas de lo cotidiano.

No somos animales

Extrañamente, película argentina, si así puede ser considerada. Estrellas de Hollywood hartos de hastío comercial cinematográfico de la maquinaria industrial, son escogidos por un director para formar parte de uno de sus proyectos más ambiciosos, donde Al Pacino es una especie de productor y todos los partícipes comparten un respeto hacia él, por eso aceptan, aunque ellos ni siquiera logren entender de qué se trata. Vienen a Argentina a filmar de una manera que ellos no comprenden, pero mucho menos entienden la cultura, del idioma muy poco, del peronismo nada, de la dictadura menos. Pero sin embargo se acercan de una forma muy interesante: dialogando con personajes extravagantes que andan deambulando los pasillos de Puerto Madero. Y entre reflexiones sobre cine, cómo pensarlo y cómo hacerlo, se reflexiona y se debate sobre política mientras las estrellas viven como un eterno recreo donde no logran darse cuenta cuándo están trabajando porque la película se divierte entre esa línea que separa la ficción de lo documental; como también con esa línea que separa Buenos Aires del Faena que se llama Río de la Plata.