La historia del stand up está teñida de los cambios culturales que han ido permeando a la sociedad norteamericana, desde principios del siglo XX. El hacer comedia nunca ha sido fácil. Es casi un lugar común decir que hacer reír es más difícil que hacer llorar. Pero es más complejo aún, si intentas hacer reír y reflexionar a la vez, a la audiencia. Algo de eso dejó, uno de los más grandes comediantes de stand up que ha dado el país del norte en los últimos 30 años: Bill Hicks. Desconocido para muchos, Hicks fue un tipo que se crió en esa América profunda, conservadora, religiosa y segmentadora como ninguna. “American: The Bill Hicks Story” viene a documentar la vida de quien fuese un tipo incomprendido en su propio país, pero con una fanaticada importante al otro lado del Atlántico. Un profeta fuera de sus tierras. Retrata los inicios en la comedia junto a su amigo del colegio Dwight Slade, junto al cual busca afanosamente un lugar en la casi inexistente escena de Texas, lugar donde pasó parte de su adolescencia. De ahí a Los Ángeles, solo había un paso. Las rutinas de Hicks tienen, de acuerdo al documental, dos puntos de inflexión importantes. Uno, en sus inicios, en que el poder del alcohol, como mecanismo de relajo funciona como catalizador de ácidos sketchs. Ese humor negro que había esbozado como parte de sus shows, ahora era evidente, traslúcido y al choque. Obviamente, las pieles sensibles del sur no eran lo suficientemente abiertas para soportar la andanada de chistes sobre drogas, religión o política, que Hicks lanzaba como granadas una tras de otra. El otro punto, en que al parecer cambia su concepción de como ver las cosas, se da cuando Hicks junto a dos amigos, deciden probar hongos alucinógenos. Su percepción de las cosas ya no estaba circunscripta a lo material, a lo real, sino a mirar un poco más allá. A cuestionarse cosas que se daban como axiomas, entre ellas la existencia de Dios. Bill Hicks Las rutinas comenzaron a agudizar el sentido crítico de la vida, sin perder jamás la gracia. Al contrario. Frases sobre Jesús como “Muchos cristianos llevan una cruz alrededor de su cuello….. ¿Crees que si Jesús vuelve va a querer ver una puta cruz?”, o sobre el aborto como “Voy a decirles cómo solucionar este asunto del aborto ahora mismo… Esos bebés no deseados que las mujeres dejan en los callejones y los basurales… dejen al menos 12 de ellos en los escalones de la Suprema Corte. Y esto se acabó. Así nomás. Ustedes dijeron que teníamos que tenerlos, bueno entonces ¡CRÍENLOS USTEDES LA PUTA QUE LOS PARIÓ! Críenlos, USTEDES críenlos puta madre. USTEDES críenlos. Ustedes dijeron que yo tenía que tenerlo, entonces es suyo, puta madre, es suyo.” Sobre su concepción de los cigarrillos, Hicks nos regala estas reflexiones: “La peor clase de no fumadores son los que se te acercan y tosen. Eso es bastante cruel ¿no es cierto? ¿Ustedes también van al lado de los lisiados y se ponen a bailar? “.Puro estilo, ¿no? Respecto a la marihuana lanzó “Ellos mienten sobre la marihuana. Te dicen que fumar porro te desmotiva. ¡Mentira! Cuando estás volado puedes hacer cualquier cosa que haces normalmente, e igual de bien. Lo que pasa es que te das cuenta de que no vale la pena el puto esfuerzo. Hay una diferencia”. Acercarse a la vida de Bill Hicks a través de este documental es una buena forma de conocer algo más de este humorista, que falleció joven (32 años), dejando una estela de bandas como sus más fieles seguidores, tales como Tool, Radiohead o Rage Against The Machine. Nunca es tarde, para aquellos que no lo conocen, para revisar sus rutinas, verdaderas bombas contra lo políticamente correcto. Una lengua afilada que hilaba fino en el pensamiento, y que dejó no sólo reflexiones, sino también, risas. Un genio. Finalmente, les dejo su mejor reflexión sobre las drogas: “No todas las drogas son buenas. Algunas son grandiosas”. Touché.