En la selección de los Oscars siempre encontramos el mismo tipo de films… alguna super producción (Dunkirk y The Shape of Water), alguna de talante más independiente (Lady Bird), una biopic con una transformación física alucinante (Darkest Hour) y una historia mas “simple” que ya desde el minuto en que está nominada sabemos que no se llevará el premio mayor. Esa es Call Me By Your Name, no es histórica, no es una biopic, no tiene actores con grandes transformaciones ni efectos especiales. Sí es un drama complejo y entra dentro del cine LGBT; es, al menos, una película llamativa para la premiación, aunque ya hayan pasado más de diez años de ese primer impacto que causó la olvidable Brokeback Mountain.

Si bien el film cuenta la historia de un amor de verano, con fecha de vencimiento (como un The Notebook pero menos idílico y patológico), tiene una serie de condimentos que la hacen bastante peculiar y sobre todo, atractiva. Timothée Chalamet, nuestro actor principal, se ha convertido en este último año en una de las grandes promesas del cine: con un pequeño pero fuerte papel de Lady Bird y también en este film llevando adelante una historia que casi de manera completa, se carga en sus hombros. Sorprende con un protagónico complejo, que enamora a cada paso, en su burguesía intelectualoide y libertina, hablando en varios idiomas y con su remerita gastada de los Talking Heads. Elio, su personaje, atraviesa un despertar sexual eufórico, en plenos años ’80 en Italia, pero que en un círculo familiar erudito que parece pertenecer a la plena contemporaneidad (o más avanzado aun). Él, con 17 años, ostentando una adolescencia con rasgos adultos y siendo excelso en todas las artes, se enamora de Oliver, el investigador yanqui que se instalara en su casa de veraneo para ayudar a su padre. Entre esculturas de cuerpos masculinos viriles, libros, partituras, paseo en bicicleta y un calor que exige pocas prendas, Oliver y Elio van formando una tensión sexual, que logra ser relatada con total delicadeza y en un crescendo exacto. Separados en dos habitaciones distintas, pero con el truco de un baño compartido que las une, el contacto con el otro será inevitable.

Call Me By Your Name es una película de amor, es un drama de amor de verano, pero en su erotismo electrizante y en la ostentación de una sutileza europea logra ser más que genuina. La adaptación literaria estuvo a cargo de James Ivory que le valió el galardón a mejor guion adaptado, muy justamente, ya que logra sostener por más de dos horas una historia con pocos sucesos, más bien son sensaciones y el relato se construye con lo que sucede entre los cuerpos, con lo que no sucede y con los equívocos de lo no dicho. En lo real del film y de los sentimientos es que el espectador queda inevitablemente prendido, completamente atrapado en esa bomba a punto de explotar pero que parece hacerse esperar más de lo necesario.

Call Me By Your Name es de los grandes títulos que nos quedan de los Oscars, esos que en general ganan poco y nada pero que están nominados en todas las categorías. Es un film altamente burgués y hipster si se quiere (con sus colores y prendas vintage), pero realmente irresistible, en su erotismo descarado, en su enaltecimiento del arte y la intelectualidad aunque ridiculizadas en los juegos de apariencias, con la naturaleza como correlato de los cuerpos exuberantes y la empatía que genera en cualquiera de nosotros, el relato tan intenso del primer amor.