Las hijas del fuego

Albertina Carri – Sección: Competencia argentina

Albertina Carri (Los rubios, Cuatreros) nos presenta la que quizás sea la película más innovadora, audaz y provocativa en el cine nacional de estos últimos años. Es un viaje de los cuerpos hacia la exploración del placer sexual como pocas veces se había mostrado, alejado de la corrección política, la pacatería o el sufrimiento. Un viaje que comienza en el fin del mundo, entre montañas y bosques frondosos, pero que se aleja del agua helada y se acerca al fuego de la liberación y el goce. La unión de los cuerpos sin etiquetas ni rótulos se da en este viaje iniciado por una pareja de mujeres a la que se le van agregando otras, con sus identidades propias y con sus modos también propios pero que tienen un objetivo común: la búsqueda del placer carnal. El film de Carri resiste todo tipo de encasillamiento en algún género específico y lo que vemos en pantalla es exactamente lo que está ahí, sin demasiadas vueltas. Esos cuerpos que se entrelazan y entre gemidos se entregan sin miedo, exudan sensualidad desde el inicio hasta su cénit el cual se traducirá en una de las escenas finales más memorables del festival. – Luis Mendoza

Les amants réguliers

Philippe Garrel – Sección: Philippe Garrel

Dos jóvenes se conocen casualmente en una de las revueltas estudiantiles del Mayo ’68 y así irá creciendo esta historia de amor tan hermosa por sus encuentros, como también por sus ausencias. Garrel utiliza su pincelada blanca y negra a lo largo de su filmografía y esta, es quizás, la mejor de sus películas. Remonta un contexto histórico fundamental para la cinematografía francesa y hace a la vez una especie de homenaje a aquellos grandes directores que inspiran su tinta, por eso en varias secuencias vamos a poder encontrar algunos elementos que nos conducirán directamente a todo aquel período llamado Nouvelle Vague. Pero Garrel no sólo es un autor que ofrece admiración, sino que también tiene mucho para dar en cuanto al lenguaje audiovisual: sus elipsis, sus duraciones y unas distinguidas actuaciones que te envuelven en la atmósfera del film. Les amants réguliers es la película más completa de su director porque mezcla la ficción con los apuntes de una época pasada pero jamás olvidada por una generación de directores, hace un cruce entre un variado registro documental y una historia de amor al estilo Garrel, tan elegante como silenciosa. La joya perdida de su filmografía. – Juampa Barbero

Song of Granite

Pat Collins – Sección: Vanguardia y género

Una biopic del cantante irlandés Joe Heaney rodada en su totalidad en blanco y negro que le hace honor a la roca que lleva su título escapa a las reglas del género y presenta una historia simple pero reflexiva y de tono melancólico. Nacido en 1919 en un pueblo rural irlandés alejado de todo, Joe es un niño tímido que teme cantar en público y mostrar su verdadero talento para la música folk pero a medida el film avanza, pasa el tiempo y la vida se transforma en un exitoso cantante: de ser aplaudido en pequeños bares hasta su viaje a Estados Unidos, el cual lo aleja de sus orígenes y su familia. Los planos repletos de texturas interesantes y de una impecable fotografía expresan con total elocuencia esa melancolía, esa nostalgia y la música encuentra su lugar preponderante por sobre los detalles biográficos. La poética de las imágenes supera a cualquier diálogo que pudiese pecar de redundante, pero estos se dan en su justa medida. Una historia sencilla con algunos pequeños puntos documentales impresa en sentimientos y sobre todo en música. – Luis Mendoza

Te quiero tanto que no sé

Lautaro García Candela – Sección: Vanguardia y género

El protagonista de Te quiero tanto que no sé deambula tanto por la ciudad como por las dudas que se le presentan constantemente: si  quedarse o no en algún lugar. El recorrido en auto nos muestra sus dudas más por lo que frena que por lo que anda. Son estos pequeños cambios de rumbo los que llevará al protagonista a algunas distracciones que no entorpecen la misión. Lo que importa son los fragmentos, esos pedazos separados que no tienen nada que ver con el amor, pero que sin embargo lo conforman. El protagonista busca a Paula, está constantemente “apurado”, pero ni siquiera atisba a pisar el freno. Estos encuentros que parecen banales son los que van a hilar una narración, en la que el auto, como una aguja, irá uniendo cosas que parecen no tener nada que ver entre sí. En el fondo, la conexión es fuerte: la irresolución de las cosas define la historia. Esta road movie porteña le da una participación especial a la ciudad, mostrándola como una caja de sorpresas que te presenta varios obstáculos para tropezar. – Juampa Barbero