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El servicio de streaming por excelencia, Netflix, nos devuelve una nueva producción no-original que ante sus poco efectivos resultados nos hace plantearnos la necesidad de esta nueva industria de reciclar productos ya instalados o de mayor calidad, transformándolos para un público, si se quiere, más accesible.

Esta adaptación bastante endeble basada en el anime japonés creado por Tetsuro Araki (que también está disponible en la plataforma) pierde creedibilidad tanto en sus actuaciones, como en su narrativa y de a poco se diluye hasta el punto de ser casi una parodia de un producto que, seamos sinceros, no necesitaba en lo mas mínimo de este tipo de producciones para enaltecerse.

Para ser exactos, la adaptación ”occidentalizada” de Death Note, no es para nada comparable con el anime. Primero, desde aspectos visuales, ya que esta última tiene momentos realmente grandilocuentes en cuanto a su imagen, su composición y la expresión de sus personajes, además del aprovechamiento del espacio en los cuáles estos se mueven y su forma de mostrarlos. En segundo lugar, el problema de la película dirigida por Adam Wingard radica fundamentalmente en la narrativa y en la adaptación de la serie original.

Obviamente ante un producto original de tal duración (una serie de 37 episodios), la historia no llegaría a ser contada en una hora cuarenta de largometraje, pero ni siquiera así los recursos que el cine puede brindar son aprovechados.

El film carece de oscuridad, es obvia y no nos deja con ningún planteamiento moral, ético o de algún tipo, simplemente transcurre y ya. Los primeros momentos, quizás los más cruciales en todo film, en donde se presentan los personajes, se introduce la historia y se comienza a darle grosor, pasan desapercibidos y ya sabemos (aunque no nos guste) cómo va a terminar esta historia. El protagonista y el antagonista del film carecen de profundidad y por lo general sus líneas de diálogo son escuetas y bastante obvias.

Tampoco se caracteriza por ser una producción realmente entretenida, puesto que la básica trama deja detalles al azar que son importantes y que a un espectador más desprevenido o que desconozca y ni siquiera haya visto el anime lo dejan un poco perdido.

Ante este panorama no muy alentador, recordemos que hace poco tiempo Netflix (luego de un polémico paso por el festival de Cannes) lanzó en su plataforma la producción original Okja, dirigida por el coreano Bong Joon-ho y protagonizado por Tilda Swinton, Jake Gyllenhaal y Paul Dano. Un film con entidad propia, con un planteamiento mucho más claro que Death Note y una narrativa clásica pero efectiva, además de lo original y netamente aplicable al panorama actual de su trama.

Entonces, ¿por qué Netflix se vuelca a revivir producciones de un alto grado de originalidad y convertirlas en copias burdas y sin sentido cuando podría apostar por contenido original y de una calidad bastante más superior?