Cien caminos se llama la segunda parte del documental dirigido por Fernando Blanco sobre Suárez. Se estrenó esta semana en el Festival Internacional de cine de Mar del Plata, habiendo sido también la sede del estreno de la primer parte llamada Entre dos luces. Después del estreno de la película, el director, con una remera de Neu! agarró el micrófono y dijo haber finalizado el ciclo Suárez, dando entender que no habrá una tercera parte; o quién sabe, porque también dijo que la segunda parte, se dio gracias a haber recibido muchísimo material que estaba guardado en los cajones de la historia de la banda. Desde el público le preguntaron ¿cuánto material había quedado afuera? Y respondió diciendo “muchísimo, eran más de cuarenta horas de filmaciones”. Así que con esto, no parece tan loco desear una tercera parte… para seguir deseando que Suárez nunca termine.

En esta segunda parte se recorren distintos momentos de aquellas excursiones de Suárez por España en los más variados recitales: desde escenarios convencionales hasta lo que parecían ser hoteles. Suárez tocaba en cualquier lugar y siempre lo hacía de una manera muy especial, haciendo único cada momento, por eso la necesidad de registrarse todo el tiempo. Filmaciones en VHS de los años en que la banda ya estaba consagrada en la escena de la música independiente, la textura de colores genera un efecto de rayos y manchas, nada lejos de la banda. En Entre dos luces, Fernando se había centrado en el crecimiento del jardín, acá se acostó en el techo a disfrutar de esa flor fantástica llamada Rosario Bléfari y la alegría que transmite el grupo detrás de escena. El documental no sólo tiene momentos en recitales, sino también durante su cotidianidad, que no por eso dejan de ser musicales. Hubo un fragmento en particular que estoy seguro que toda la sala sonrió, que fue cuando estaban todos dentro de una combi y desde un xilofón sonó una canción de Nirvana. Los noventa se estaban terminando pero Suárez no.

Foto: Paula Cala

Cien caminos tiene un ritmo mucho más estridente, mucho más musical y esto se entiende perfectamente ya que lo que estaba entre medio de las dos luces al principio, se ramificó en muchos ojos diferentes. En la parte anterior había filmaciones por ellos mismos, en esta en cambio, hay quien los sigue a todos lados y, aparte, el ojo que ordena el montaje para hacer algo muy llevadero, muy dinámico, muy ascendente y a la vez todo es un caos, todo muy Suárez.

La nostalgia que lleva apegada el formato de video tiene su momento de erupción en una hermosa elipsis después de un fundido a negro y pasa de esos recuerdos a un pasado bastante reciente. Suárez se separó hace mucho pero hace poco volvieron a tocar. Una elipsis nos lleva a las imágenes, filmadas por el director en este caso, de los shows que dieron en el Konex y en el mismo Festival de Mar del Plata, donde tocaron presentando la primer parte del documental. En un fundido a negro, toda la distancia, que se hace muy corta al volver a ver la banda unida, más avejentada físicamente pero tan jóvenes como siempre.