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La industria porno ha estado siempre entre las sombras, detrás de una cortina en el videoclub del barrio que ocultaba algo “perverso”, prohibido pero intrigante. Consumir porno era algo de lo que se hablaba entre amigos varones, que se ocultaba de tu esposa y sobre todo, que estaba reservado para los hombres. Así, toda la producción pornográfica (videos, filmes, revistas, merchandising) estaba hecho por y para hombres, siempre manteniendo una estética similar, con remakes de clásicos del cine convertidos en triple x, abordando fantasías uniformes e interpretado por personas similares. Es decir, el porno durante muchos años, tal vez desde su nacimiento hasta hace poco tiempo, siguió patrones establecidos como correctos y universales en lo que al sexo respecta, de base heteronormativa, convirtiéndose en hegemónicos. La industria pornográfica parece haberse creado en un mundo paralelo al de la cama de cualquier mortal, planteando modelos y acciones casi artificiales. Pero, ¿existe algo más diverso que los cuerpos y el sexo? Había (y hay) muchas cosas por cambiar. Porque, ¿adivinen qué? Las mujeres también consumimos porno, las mujeres también nos masturbamos, también queremos tener placer en una relación sexual y no estamos al servicio del placer masculino.

Lo cierto es que el porno es un género dentro del cine, y como ficción no podemos exigirle una representación realista o que necesariamente apele a la verosimilitud. Pero tampoco podemos olvidarnos, como dice Erika Lust, que el porno es la educación sexual de hoy. ¿Entonces, tienen o no los realizadores de cine para adultos alguna especie de “deber” con lo que eligen mostrar? La realidad es que no. Pero sí podemos hablar sobre qué modelos de mujer, de placer, de hombre, de cuerpos y de relaciones humanas, e idea de género se maneja en el porno mainstream. Y esa mirada es acotada, está dirigida a un público específico y está inserta en un mundo donde lidera el patriarcado, no es ajena a este, sino que mas bien lo refuerza.

No es novedad que la era de internet, las descargas gratuitas y los videos online están atentando contra la industria porno y el cine en general. Son pocas personas las que pagan por ver sexo y menos por extensas películas, teniendo al alcance de un click un video de 5 minutos o menos, donde la cosa ya está empezada (un relato in medias res podríamos decir, si es que existe algún tipo de relato), con una narración inexistente, donde la iluminación es paupérrima, el sonido dudoso (porque muchas veces lo que sucede en la imagen poco tiene que ver con lo que oímos), escenarios carentes de arte y en muchos casos, mujeres con melenas largas y rubias, con tetas enormes, uñas esculpidas y al servicio del placer de un varón. Todo termina cuando el varón termina. El relato y el ambiente que arman el erotismo no existen, todo se reduce a una demostración física bastante plástica y artificial.

Pero, no todo está perdido. Que hay un porno mainstream y que este esgrime los modelos patriarcales e implanta estereotipos sexuales y eróticos, es una realidad ineludible; pero también es una realidad que, desde hace décadas, existen minorías que apuestan a un porno diferente, desde diversas propuestas, ofrecen una visión alternativa del porno. A continuación, propongo un (breve) recorrido a través del mercado alternativo del cine para adultos, de la intervención de las mujeres detrás y delante de cámara y de la inclusión de corporalidades y sexualidades diversas. El porno es un género dentro del cine y como tal, está ligado también a los cambios políticos, culturales y sociales que se expanden en el mundo entero. El feminismo y las culturas alternativas representan dos luchas que en los últimos años están transformando el mundo y el arte, logrando cambios de perspectivas, sobre todo desde un lugar del cuestionamiento a lo hegemónico y a lo normativo.

Alt porn

No es noticia que la cultura alternativa ha tomado las riendas de los gustos de los jóvenes en las últimas décadas, convirtiéndose paradójicamente en “la moda” (tal vez el ejemplo mas visible sea en la música, pero en cine ha sucedido también). El porno alternativo (también llamado alt porn) no se encuentra necesariamente ligado a las propuestas feministas o de género, sino que se configura como propuesta estéticamente distinta. El alt porn nace para satisfacer a las subculturas y a las minorías: emos, rockeros, punks, etc. El gothic porn, por ejemplo, esgrime mujeres que ostentan esta estética, muchas veces siguiendo los cánones del porno mainstream pero con otra propuesta física. Joanna Angel es una de las referentes del Gothic Porn; es actriz, modelo y realizadora porno y es la representación estética de este mundo (pelo negro y fucsia, llena de tatuajes y con outfits siempre negros al estilo bondage, muy lejano a las lencerías de encaje en colores pasteles).

Joanna Angel

Pero una de las propuestas más masivas y revolucionarias fue el sitio web de soft y alt porn Suicidegirls.com que exhibe chicas tatuadas, con piercings, pelos teñidos y físicos alternativos, que ha alcanzado más suscriptores que Playboy. Nacido en 2001, y obteniendo su nombre de la novela Survivor de Chuck Palahniuk, se ha convertido en una bomba contra el establishment de belleza anoréxica de las grandes marcas de moda y contra las modelos del porno mainstream, mostrando que el pelo azul, un cuerpo repleto de tinta y una nariz perforada también son erotizantes. Suicide Girls, lejos de reclutar modelos, es un sitio que funciona en concordancia a los tiempos actuales: las chicas mandan sus fotos para estar en el sitio. Si bien hay algunas que se encuentran en la categoría “Hopefuls” y otras ya son SG consolidadas, el sitio tiene espacio para todas, incluso para las que no estén tatuadas o perforadas, para las que muestran todo y para las que no muestran casi nada. En un de video manifiesto, la marca proclama que en aquello que la gente encuentra lo incorrecto, lo raro o lo trastornado ellas encuentran la belleza.

Mujeres detrás del porno

Pareciera ser que en la industria pornográfica (y en tantas otras más) la mujer ha nacido para ser un sujeto pasivo, de no acción. Si bien es cierto que esta industria está en manos masculinas en su gran mayoría, ya desde los años ’50 hubo mujeres que se destacaron en su innovación y transgresión venciendo trabas y prejuicios. Una de ellas es Bunny Yeager, la aclamada inventora de las pin-up girls y quien descubrió a la adorada Bettie Page. Yeager era modelo, pero no tenía dinero para pagar a fotógrafos, así que aprendió a fotografiarse a sí misma (¿precursora de las selfies tal vez?); más tarde comenzó a retratar a otras mujeres, siempre con la idea de que las modelos flacas no le servían en su búsqueda estética, sino que necesitaba curvas, de hecho, muchas de sus modelos exhibían cuerpos voluptuosos y con celulitis (¿qué mejor ejemplo que Page?). Así, con cuerpos no convencionales y siendo una mujer detrás de cámara, Bunny Yeager ingresó sus trabajos en una publicación incipiente pero prometedora: Playboy.

Bettie Page, por Bunny Yeager

No será hasta la década de los alocados ’70 que aparecerá en la escena Suze Randall, primera mujer en retratar un desnudo frontal para Playboy. También modelo y directora de cine para adultos, Randall se convirtió en la favorita de las modelos femeninas, ya que trabajando con ella sentían contención, seguridad y respeto de sus límites. También rechazada por su condición de mujer y subestimada en su capacidad como fotógrafa, Randall se erigió en la industria con éxito, trabajando codo a codo con los hombres y fundando una nueva forma de trabajar con actrices y modelos eróticas.

En la misma línea aparece su hija, Holly Randall (actualmente trabajando en porno), que centra su trabajo en una mirada estética del porno apuntando a crear producciones cuidadas, revistiendo a la industria del sexo y a la pornografía de una impronta estética y artística innegociable. Según su visión, si el maquillaje, peinado, escenario, modelo, decorado, iluminación están perfectos, todo será más excitante y erótico. La artista se autodefine como una perfeccionista casi neurótica y como feminista (al igual que su madre).

La serie documental de Netflix Hot Girls Wanted: Turned On es un popurrí de 8 capítulos sobre distintos ambientes de la industria del sexo y el primer episodio está dedicado a dos realizadoras de porno feminista: Holly Randall y Erika Lust. Si bien estéticamente se puede decir que se encuentran en veredas opuestas, ambas son representantes actuales de las mujeres detrás de cámara en el porno, luchando contra una estética descuidada, contra magnates machistas y contra un internet que todo lo sirve rápido, fácil y gratis.

Algunas realizadoras de cine porno: Annie Sprinkle, Maria Beatty, Candida Royalle, Joanna Angel.

Erika Lust, la mujer que nos salvó del porno de mal gusto

La directora sueca de cine adulto radicada en Barcelona, Erika Lust, se ha convertido en un icono del cine porno alternativo y feminista. Como resultado de la incomodidad y disconformidad que le generaba el porno mainstream, Lust tomó el toro por las astas y se puso a hacer su propio cine, el cine que ella quería ver. En una industria manejada sobre todo por hombres, aparece esta figura creadora de una empresa propia y hoy en día exitosa que propone una visión más realista del porno, invitando a los espectadores a practicar un sexo seguro y divertido.

Si bien la filmografía de Lust es bastante amplia, sus producciones más recientes comprenden un “sistema” completamente actual y realista: los volúmenes de X Confessions, que se componen de cortometrajes, que relatan confesiones anónimas que le han sido enviadas por medio de su página web. Muchas veces estas historias están interpretadas por actores amateurs, personas que nunca han actuado en porno e incluso por parejas que escriben a Erika queriendo actuar en sus películas. Ambos recursos que apelan a un acercamiento a la realidad de las relaciones sexuales. En estas cintas podemos ver mujeres con cicatrices, celulitis, cuerpos no tonificados, de distintas nacionalidades y etnias, y hombres lejos del estereotipo musculoso y macho dominante. En esta misma línea es que Erika continua su militancia por un porno inclusivo realizando producciones con directoras invitadas, mediante convocatorias web.

El cine de Erika Lust es realmente un combo perfecto. La sutileza de imágenes hiper cuidadas al estilo Lars Von Trier se conjuga con erotismo alternativo, en conjunción con bellas locaciones y una historia detrás del orgasmo. Lejos quedaron los magnates al estilo Hugh Hefner dirigiendo grandes mansiones con chicas esculturales, ahora es el momento para el sexo interracial, con diversidad de cuerpos y sexualidades, despojado de poses extrañas e irrealizables y tiradas de pelo clichés. En muchas páginas y publicaciones veremos que se refieren al cine de Lust como porno para mujeres. Esto no es necesariamente así. En primer lugar porque muchas mujeres siguen consumiendo el porno mainstream, ya sea por desconocimiento o por elección, y en segundo lugar porque el porno indie feminista no plantea más que la inclusión de los placeres diversos de dos o más cuerpos en conjunción. Las fantasías que conocemos en los films de Erika no dejan afuera al hombre, solo dejan de exponer a la mujer como un pedazo de carne, dejan de apelar a la exageración, al grito artificial.

Su documental Barcelona Sex Project es un excelente ejemplo de buscar el erotismo y la excitación desde un lugar más personal, íntimo y realista. El film muestra diferentes entrevistas a personas “comunes y corrientes”, que en un primer momento nos cuentan sobre sus intereses en general, un poco de su vida, sus trabajos, etc. Y en esa misma intimidad accedemos a verlos masturbándose. Nunca un orgasmo estuvo tan cargado de sentido, porque es compartido al público de manera natural y despojada, del mismo modo que los relatos de vida de cada individuo.

Erika Lust

Erika es revolucionaria porque invita a cambiar el porno. Desde su cuenta de Instagram nos invita a que nos sumemos a dirigir porno con ella, a ser parte activa del cambio de una de las industrias más poderosas. Su transgresión es a primera vista estética, porque está lejos del porno convencional, porque nos invita a excitarnos con cuerpos diversos, gustos sexuales y fantasías de personas “comunes” (o reales), porque mientras dos personas tienen sexo hay un maravilloso amanecer en la playa y el erotismo se vuelve un combo visual. Pero es más transgresora aun por poner sobre el tapete la ineludible realidad de que las mujeres también consumimos porno y que ese que viene copando la internet hace años no solo no nos representa, sino que no nos satisface. El mundo es testigo hoy de un momento histórico, en el que las luchas feministas que vienen gestándose desde hace siglos han alcanzado niveles globales y los cambios se hacen cada vez más palpables.

Que la industria porno, un mercado que siempre estuvo pensado por y para varones hoy tengas vertientes y consumidoras mujeres que no se adaptan a lo ya dado es una sana consecuencia de este movimiento global. Porque feminismo implica no solo entender que las mujeres también nos masturbamos y vemos películas eróticas, sino que tenemos la potestad de elegir ejercerlo. Te invitamos a ver el cine de Erika Lust en su sitio oficial.