Estuvimos charlando con Daniel Hendler sobre su más reciente producción para la UN3F, una serie web de ocho microepisodios (cada capítulo ronda los ocho minutos de duración), titulada La División, un híbrido interesante de comedia dramática y ciencia ficción, que cuenta también con la actuación de Ana Katz. La División reflexiona sobra varias temáticas, teniendo como escenario una lúgubre empresa, aborda las tensiones entre el adentro y el afuera del universo laboral capitalista, estereotipa y parodia los actores sociales de este mundo y plantea una salida alternativa, casi fantástica (y algo divertida), a un sistema que esencialmente excluye y aliena.

Hendler asume varios roles en esta producción, reuniendo un poco las variadas facetas de su carrera: escribe, dirige y actúa. “Esta fue mi primera experiencia en series actuando y dirigiendo al mismo tiempo y también la primera vez que hago ficción web, así que hubo varios desafíos. Tuvimos un tiempo acotado de rodaje porque hicimos la serie con recursos mínimos y por suerte pudimos explotar el potencial y encontrar una buena química.”

La División propone dicotomías interesantes, la coexistencia de dos mundos divididos, donde uno puede ver al otro pero no de manera inversa. Pareciera que la invisibilidad (como en un cómic) fuera un poder, una manera de mantenerse inmune al sistema. Mientras el sistema laboral funciona, formador de empleados automatizados y gran manipulador de consumidores hechos a su semejanza, se gesta paralelamente una inteligencia distinta, una manera alternativa de vida que come (literalmente) pedacitos de este sistema. Definitivamente, La División plantea variados interrogantes y propone distintas reflexiones e interpretaciones; en una charla amena con el artista uruguayo pudimos conversar algunas de estas cuestiones.

¿Cómo fue la experiencia de rodaje de microepisodios? ¿Encontraste la corta duración como un limitante?
La limitación de tiempo de los capítulos no lo veo tanto como limitación sino como un condicionante interesante porque te obliga a buscar giros cada menos tiempo, cada capítulo tiene que tener un giro y en vez de buscar una estructura interna de cada capítulo, cada uno es una partecita de una gran estructura. Eso me pareció un lindo desafío de guión y además la conciencia de que estas series se ven en todo tipo de plataformas y dispositivos y pensar en un espectador que esté en un colectivo con auriculares o en su computadora mientras al mismo tiempo ve otras cosas, es imaginar un espectador más interactivo como para invitarlo a sumergirse en este delirio y olvidarse de lo que tiene alrededor. Eso era un desafío y una motivación.

Esto que decís tiene un poco que ver con ser un outsider dentro del mismo sistema, al igual que el protagonista, carcomer el sistema desde dentro, ¿no?
Esa idea de hiperconexión, que tanto nos cuesta entender, también genera una gran desconexión. Porque estamos conectados todo el tiempo, pero desconectados, con dificultad de aunar un camino común, porque estamos todos muy subdivididos, particionados en muchas partes. Y la serie habla de una división más contrastada y bifurcada, el que está adentro y afuera. Y ahí surge la pregunta de qué es el adentro y qué el afuera, depende de dónde uno lo mire, el afuera tiene su propio adentro, y puede ser entendido como una nueva era y empezar a ver ese afuera como un nuevo adentro.

Y podríamos decir que la cuestión comunitaria es clave en este nuevo adentro…
Sí, porque hay una subjetividad nueva que se crea entre esos que están afuera, que en principio son invisibilizados pero entre ellos se ven, comparten un nuevo tipo de inteligencia, y entender eso como una oportunidad en momentos en donde la exclusión es muy amenazante.

¿Y esta cuestión comunitaria los empoderaría?
Sí, porque en definitiva es la única salida, a pesar de que uno la ve cada vez más lejana, y para quienes hacemos estas cosas, como meterse en este tipo de cosas comunitarias, como hacer una película o una serie, tenemos muy naturalizada la idea de que lo colectivo es lo que nos mueve.

La figura de la rata es una constante en la serie, de hecho se efectúa una analogía entre ratas y los empleados de la empresa. ¿Podríamos hablar de que el protagonista sufre un proceso de animalización?
A mí me paso una vez en una experiencia doméstica con un roedor, que uno se ve obligado a pensar como un roedor para ahuyentarlos; en general el roedor es muy astuto y más astuto que uno y cuando tenés que ponerte desde su punto de vista… es un poco lo que pasa hoy, cuando todos los dispositivos de seducción van al inconsciente del consumidor, todo lo que gira en torno al markenting, a la venta de productos que apunta a ponerse en el lugar del consumidor y saber cómo se va a comportar. Cada vez eso está más organizado, ahí también se produce una división entre hombre y animal, entre consumidor y proveedor, que también se genera una división, cómo se pone en la mente del otro para poder manipular y sacar beneficios de la previsión de su conducta. Hay algo de poner al otro en un lugar animal. Hay un juego de mamushkas ahí porque mi personaje, en principio, parece ser el representante de un lado pero hay algo que lo lleva a perderse en el otro lado, en la otra división y ahí se genera la pregunta de que es lo que está dividiendo ahí, si una cuestión de sensibilidad, curiosidad, ¿qué es lo que lo lleva a él al otro lado? ¿No querer echar gente? Y eso lo vuelve no funcional a ese primer sistema o por el contrario el otro sistema es un sistema que se mantiene más activo y más inteligente y ya no pueden funcionar en los sistemas preestablecidos. Ahí se generan una serie de preguntas no tan obvias, sino más ambiguas.

¿Cómo fue el proceso creativo de La División?
Teníamos la ventaja de hacer algo muy chiquito, en una plataforma que lo que está usando es la disrupción, la transgresión, lo diverso. Y que en todo caso lo único que tenemos como presión es tratar de captar la atención que es una herramienta fundamental para que el espectador se sumerja en eso que está viendo. Pero gracias a la libertad con la contamos, creo que este proyecto encuentra su forma propia que por suerte no tuvo que ser digerida previamente. Porque si yo hubiera tenido que explicar cuál es el género de La División antes de hacerla, y después hubiera tenido que crear la serie para responder a ese género que tuve que explicar antes, me hubiera visto totalmente limitado, encorsetado y sin posibilidad de lanzarme a esa búsqueda, que es algo que, más allá de todas la fallas que pueda haber, creo que encontramos algo que pertenece a esa búsqueda y que sólo puede suceder ahí, buscando en esa incertidumbre y con esa libertad.

¿Va a haber una continuación de la serie?
Hay algo que seguro se va a continuar, pero que no es la serie sino probablemente algo que tenga que ver con la búsqueda, el grupo, lo humano. Pero la serie lo dudo porque hay algo de esa magia que surge ahí tratando de resolver, con los recursos que teníamos, una serie de problemáticas que nos proponíamos, que es único e irrepetible y que con todas sus carencias para mí es algo preciado entonces no querría extenderlo, pero creo que hay algo ahí que se continúa que tiene que ver con esa experiencia que dejó algo encendido.

¿Encontraste positiva la experiencia de laburo con la UNTREF y UN3TV?
Si, a mí me encanta, me parece muy necesario que existan este tipo de plataformas. Cómo están programando ellos, tratando de esquivar la homogeneidad o los géneros, que puedan estar asociados a una tendencia estética en particular, poder romper y abrir el juego, me parece muy saludable, sobre todo frente a lo que está pasando hoy con la televisión que es un poquito aterrador.

Y en relación a esto, ¿cómo encontrás la situación actual del cine argentino?
La embestida contra el INCAA fue muy exitosa, porque finalmente se intervino y ahora está controlado por agentes externos al sector, que está deteniendo un poco la maquinaria, al menos al momento que estamos haciendo esta entrevista no sé qué va a pasar. Y me parece que tiene que ver con toda una cuestión que hay por detrás, cómo algunos grupos económicos están buscando derramar algo en la producción de cine o por lo menos controlar esos derrames para que dependan de ellos mismos. Es un momento difícil, no sólo para la Argentina, sino para la región. Se percibe en una ola neoliberal que viene a destruir un poquito la cultura. Y esperemos que la cultura pueda resurgir más fuerte, el problema es que así como se destruye la cultura, se destruyen puestos de trabajos, hay muchos sectores que empiezan a debilitarse con todos los beneficios que tiene ese debilitamiento para algunos sectores. Estamos viendo que pasa y pensando de qué manera se puede aportar algo a este proceso.

Hay dando vueltas, ya hace un tiempo, una discusión sobre las series y cine, que parece que en tantos puntos se tocan y en tantos otros son enemigos…
No me doy tanta cuenta. Me parece que hay una cuestión que tiene que ver con la naturaleza de las inversiones. Lo de las series se parece a lo que pasa cuando una película la pega y surgen las secuelas. Cuando se crea un universo, personajes, locaciones, vestuarios, hay un capital ahí que las series optimizan más que las películas, porque hacer una película lleva mucho tiempo y tiene sus dificultades de producción. En cambio cuando se hace una serie, como la palabra indica, es una serie de cosas que se empiezan a repetir o a optimizar, es una fórmula que resulta beneficiosa para quienes están invirtiendo y que en definitiva es lo que siempre mueve este tipo de tendencias. Y, como se van sofisticando, estas fórmulas van reduciendo el riesgo de inversiones. En el cine también pasa, cada vez más, que a las películas se les pide que estén antes de ser creadas, que ya pertenezcan a un género y respondan a un canal de mercado. Eso muchas veces limita la creación a un formato preestablecido, cuando en realidad, en el cine y el arte, las mejores creaciones siempre son un poco inesperadas, imprevisibles, como decía Felisberto Hernandez: para él la escritura de un cuento se parecía más a ver crecer una planta sin intervenirla a través de la conciencia, sino más bien acompañándola y persiguiéndola. Entonces cuando uno tiene que amoldarse a un formato para financiar un proyecto y ese proyecto ya tiene una vía de distribución prevista, entonces el producto tiene que responder a todas esas necesidades de mercado, y por consecuencia te termina limitando. De todos modos, calculo que todo esto va a hacer surgir nuevas expresiones entre géneros, que rompan un poco con estas fórmulas porque creo que la cabeza humana va a necesitar escaparse de si misma un poco, porque empiezan a hacerse todos los productos a imagen y semejanza de lo que nosotros consumimos. Se vuelve una experiencia un poco endogámica que puede llegar a generar una especie de retraso mental, por deficiencia mental artística.

¿En qué estás trabajando actualmente?
Estoy haciendo un pequeño personaje para Netflix que está dirigiendo Daniel Burman, voy a empezar a actuar en una obra de teatro que va a dirigir Heidi Steinhardt, junto a la actriz Natalia Salmoral, en el Espacio Callejón que se va a estrenar en septiembre. Y después un par de películas en las que voy a actuar a fin de año y principios del año que viene. Mientras, estoy de a poco pensando algo para escribir.

Ping pong de favoritos.
Un disco: Mateo solo bien se lame, de Eduardo Mateo.
Un libro: El Show de José Fin, de Leo Masliah.
Una película: Primer plano, de Abbas Kiarostami y El ángel exterminador de Luis Buñuel.
Una banda: The Velvet Underground.
Una serie: Seinfeld.