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El sueño americano, la cultura pop norteamericana, son temáticas que han ocupado por años las pantallas de los cines, haciéndonos consumir ese ideal como el verdadero e inalcanzable, construyendo un público norteamericano mismo y del resto del mundo, embelesado con aquellos parámetros. Hace ya algún tiempo que el cine “indie” (estéticamente) de los EE.UU ha dicho que NO y ha elegido usar el recurso al revés: vemos la sustitución de hombres hermosos y exitosos por antihéroes que quedaron afuera del sueño americano, el cual aparece ya como una noción caduca. God Bless America (Bobcat Goldthwait, 2011) es una de estas comedias dramáticas que nos muestran la patética vida de Frank (Joel Murray), quien detesta la comedia que representan los integrantes de la cultura pop y chatarra de su país, detesta a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo. Llega a detestar su vida. En un intento de suicidio, recapacita y decide que no es con su vida con la que debe acabar sino con la de todos estos seres que han corrompido hasta el ridículo a la sociedad. Para esto, se suma a su empresa una niña de 16 años, Roxy (Tara Lynne Bar), quien también está cansada del reinado de estos personajes nefastos. Ambos se embarcan en una aventura de masacre, importándoles muy poco cualquier consideración. Con guiños permanentes hacia los asesinos más emblemáticos del cine, como Natural Born Killers, la pareja entrañable que encuentran un grato placer en exterminar gente disfuncional para su modelo de sociedad, unos Bonnie and Clyde “recargados”, un auto amarillo (imposible pasar desapercibido) que recuerda a la invencible Beatrix Kiddo (Kill Bill), pero todo con un tinte de parodia y ridiculez. Vale destacar la escena en que, heroicamente Frank intenta incendiar el auto de Chloe (una caprichosa niña de tv) y retirarse en cámara lenta encendiendo un cigarrillo acompañado por un sexy rock and roll, y finalmente fracasa… es un antihéroe con todas las letras. Gordo, depresivo, patético y gruñón, Frank es el héroe de muchos; de quienes no soportan ya vivir la farsa social impulsada sobre todo por los medios de comunicación, teniendo como mayor soporte a la televisión, donde se hace referencia a shows como American Idol, Sweet Sixteen (MTV), etc. God Bless America es una ingeniosa, violenta y dramática crítica a esta sociedad yanqui que durante tantos años pareció ser un modelo fascinante y que hoy se encuentra en una decadencia innegable. Cuenta con una narrativa entretenida y original, aunque a veces cae, podríamos decir, en una emotividad un tanto básica y desesperanzadora, con muchos monólogos apocalípticos sobre la desesperación que ocasiona la situación del “sistema”. Es realmente contagioso el brío con que el protagonista, este outsider que decide rebelarse en contra de los sistemas opresores y combatirlo mediante la muerte. Es una comedia absurda y romántica que recoge elementos de la cultura “chatarra” y del cine, que juega con las psicologías de los personajes y el morbo unido al idealismo. Las figuras heroicas y delictivas, los clichés, los impulsos adolescentes de enfrentamiento al sistema y la voluntad de liberación de un producto alienante se mezclan en esta historia simple pero entretenida y original. El tiempo de los héroes ha cambiado, es hora de que los outsiders tomen el poder y acaben (desde su patetismo) con la opresora máquina de hacer sueños.