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Cuando veo una película suelen pasarme tres cosas, hablando generalmente: me gusta, no me gusta o, el intermedio y poco definido “me gustaron algunas cosas pero algo le falta”. Bueno, esto me pasó con la tan esperada por mí, Hanna (Joe Wright, 2011). Anunciándose desde hacía un tiempo, con un tráiler prometedor y con la gran Cate Blanchett de por medio, parecía ser una obra prometedora. Y no sé si fue por lo poco que sabía del film antes de verlo, pero me desconcertó su género, su estética, su narrativa. Y todo me desconcertó para bien y para mal. Es difícil explicar qué me pasó con esta película. Hana (Saoirse Ronan) es una niña que ha vivido toda su vida con su padre (Eric Bana) en una región aislada del mundo “civilizado” y moderno. Se ha criado cazando y entrenándose cual soldado, para ser el asesino perfecto y ha conocido el mundo a través de enciclopedias. Hasta que llega el ansiado momento de largarse al mundo urbano para enfrentarse a su enemiga letal, Marissa (Cate Blanchett), para cumplir una misión. La narración podría decirse es inteligente: dejando varios blancos al principio, y durante buena parte del film, nos mantiene en la lógica del rompecabezas y atentos a cada detalle. Acompañado por el ritmo narrativo, la película experimenta una transición desde el mundo natural, salvaje y primitivo con el que comienza, que por un momento pensamos que nos encontramos en una era pasada (retratado con una fotografía deslumbrante) hacia un mundo moderno, civilizado, hasta futurista por momentos. Ese desplazamiento supone un giro en cuanto a estéticas, colores, ambientación, etc. que puede resultar chocante, pero que logra establecer el contraste pretendido para dividir aquellos dos universos tan distanciados. Y es en este punto donde el subtítulo del film viene a colocarse de maravilla: “Adapt or die” (Adaptarse o morir). Se plantea en la película un tránsito entre mundos que conviven paralelamente pero que se contradicen, que no llegan a una síntesis. Y tendremos que esperar al final para saber qué mundo se impone sobre el otro: si es el de la “barbarie” encarnado por Hanna, o el de la “civilización”, representado por el personaje Blanchett. En medio de todo este planteo, que resulta bastante interesante, se cuelan en la historia muchos datos que luego se sintetizan, pero que resulta un poco engorroso y artificial unirlos; parece que la narración no tuviera un curso fluido y que se encontrara como incomodada por acontecimientos colados. Con esto no me refiero a que no es una buena historia, sino que el orden no fue el más feliz. Un elemento llamativo que no se puede dejar de destacar es la musicalización de la película a cargo de The Chemical Brothers. Parece que el audio no se correspondiera con las imágenes. Pero creo que justamente es esto lo que en el film se busca: desconcertar. Ese mismo desconcierto que vive Hana, una niña que aparece como extraña y mítica todo el tiempo, es lo que se busca generar en el espectador; desde los cambios de patrones estéticos, hasta canciones que parecen desubicadas, secuencias desestructuradas, etc. Y al mismo tiempo, mientras transcurre un film que parece de vanguardia, saltan a la vista los elementos más hollywoodenses. En fin, disfruté de la película, aunque no todo el tiempo. Sí creo muy interesante y valioso el trabajo de contraposición entre dos realidades, retomando una antinomia básica de occidente como lo es pertenecer a la civilización o a la barbarie.