Después de su estreno en el BAFICI 2016 y su paso por la sección Panorama en el Festival de Mar del Plata, después de otros festivales nacionales e internacionales, después de todo volvió el invierno y nada más literal que estrenar una película en el Gaumont hecha entre amigos un 20 de julio.

Tras el reencuentro de una ex pareja como partida inicial, la película pasa, tal cual su título lo indica, de una estación a otra, de un personaje a otro, evitando todo paralelismo, toda comparación alguna, todo punto que una dos personajes que se cruzaron pero siguieron caminos diferentes, tiempos diferentes, pero en el medio de un cambio de estación. En esas cosas que no se dicen ni se ven, en esas pequeñas elipsis, el espectador puede percibir cuánto aún tiene el uno del otro y viceversa.

Una película dirigida a la par por Malena Solarz y Nicolás Zuckerfeld, que ya habían sido partícipes de A propósito de Buenos Aires, compuesta por varios cortometrajes, entre estos también el de Matías Piñeiro. Ahora Buenos Aires es recorrida de otra manera, ya que la película se divide en dos grandes partes estructurales pero en otras varias partes geográficamente hablando, ya que la calle es aquel escenario gigante donde un viaje en taxi o colectivo puede ser algo realmente placentero para ver, el deambular de lo cotidiano que no se estanca, sino que de lo implícito hay mucho más por saber. Pero la historia disfruta de todo eso que no te dice, de todo eso que suponés. Es una película que disfruta la literatura sin ser una adaptación, disfruta de los libros, de las librerías y de esos encuentros que te conducen los libros, mentales por su ficcionalidad o físicos por su materialidad, es una película literaria y también poética porque se acerca más al estar leyendo un poema que al poema en sí.

La puesta en escena fluye entre planos secuencias, donde los personajes entran y salen de cámara y ésta ayuda a recorrer los exteriores con una implicancia que nunca pierde su prolijidad, donde nunca se deja pasar los pequeños detalles, como resaltar las estaciones con leves cambios de luz. La ciudad se vuelve algo lindo para ver desde sus calles, como también desde una terraza o quizás en el fondo de una ventana mientras la vida sigue y la historia pasa como en la lectura de unas páginas de un libro usado.