Recorrer la carrera de Wes Anderson supone sumergirse en un mundo de emociones a flor de piel, colores, canciones bonitas y personajes que se debaten entre lo border y lo entrañable; hace de sus películas una muestra de pequeños universos íntimos, deteniéndose en detalles sutiles más que en obviedades. Isla de perros, su noveno largomentraje realizado íntegramente en stop motion, es un film tragicómico que relata con un lenguaje sensible y en más de un caso, metafórico, la amistad y el compañerismo, la injusticia, el abuso del poder humano sobre los animales, etc.

El film está coescrito por Anderson, Roman Coppola, Jason Schwartzman y Kunichi Nomura y cuenta las aventuras de Atari Kobayashi, un niño japonés de 12 años que decide ir en busca de su perro extraviado. Hasta acá parece ser una historia simple, pero los hechos que sostienen el relato van tramando líneas argumentales un tanto más complejas y poco convencionales (fiel al estilo del director). Todo sucede en una distopía de Japón ambientada en una ciudad ficticia llamada Megasaki, donde un grave brote de gripe perruna amenaza con volverse epidemia. Por estos hechos, el Sr. Kobayashi, alcalde de la ciudad, decide tomar medidas drásticas y crueles: todos los perros serán exiliados a una isla cercana que funciona como depósito de basura. A partir de ese momento, entran en acción las figuras más entrañables del film, cinco perros abandonados y Atari, recién llegado a la isla, que gracias a esta medida de fuerza, pierde a Spots su perro fiel. En paralelo se relata la trama conspirativa del alcalde y funcionarios del gobierno, todos detractores de los perros (y fanáticos de los gatos) que idean un plan macabro para extinguir finalmente a la raza canina mientras que una fracción de ciudadanos luchan por derrocar estas medidas.

¿Isla de perros es una película exquisita? Sí. Desde el excelente trabajo con la técnica de animación que puede advertirse en detalles como los pelajes de los perros, las nubes de polvo de las peleas, los ríos hechos de celofán, elementos que dan un aspecto casi táctil a la imagen y hasta un tanto antigua. Si bien Anderson nunca ha sido partidario de efectos especiales o trucos novedosos, que tal vez dotarían a los personajes de mayor fluidez o realismo, este film tiene como predecesor (en cuanto al uso del stop motion y la elección de relatos sobre bestias peludas) a Fantastic Mr. Fox (2009). Isla de Perros es exquisita, también, desde la simetría visual, los patrones de colores, la división del relato en pequeños capítulos, diálogos disparatados, la banda sonora realizada por el congraciado Alexandre Desplat, reciente ganador del Oscar por The Shape of Water (2018). Todas estas características mencionadas son valores que se encuentran habitualmente en sus trabajos y que conforman el llamado “universo andersoniano”

¿Isla de perros es una película caprichosa? Sí, y por motivos varios. Desde la elección del escenario donde suceden los hechos, un país como Japón visto desde una conciencia occidental reducida; un escenario ficticio que decide quedarse con el Japón que conocen los turistas: luchadores de sumo, sushi, flores de cerezo, teatro kabuki, falsos haikus. Se muestra a los japoneses como una sociedad que deja entrever el desacuerdo frente a la crueldad de manera tímida hasta que aparece una estudiante de intercambio estadounidense que llega para dar lecciones de democracia y arengar a los japoneses temerosos de tomar cartas en el asunto. Caprichosa desde la elección del lenguaje, ya que los humanos en el film hablan en japonés y estos diálogos, al igual que la mayoría de los carteles o señalética que se ve por la ciudad, no tienen subtítulos, en cambio, los perros, hablan en inglés y están interpretados por actores estrella como Edward Norton, Bryan Cranston, Bill Murray, Bob Balaban, Jeff Goldblum, Liev Schreiber, etc. Es una elección estética que, por muy bien intencionada que pueda parecer, deja un tanto afuera al espectador occidental que tanto convoca mediante su relato, ya que momentos que se advierten trascendentales gracias a lo que muestra la imagen, con la falta de subtítulos el sentido no termina de completarse del todo.

Es importante detenerse en que Isla de perros es un film que, desde su estilo, metaforiza problemáticas políticas atemporales como la impunidad de la constante mentira por medio de una figura de poder (con ciertos rasgos dictatoriales) y temas de exclusión social y abandono con el recurso del exilio de los animales a un ámbito desolado y olvidado como la isla de la basura. Más allá de los caprichos, es una película para reflexionar.