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Jorge Drexler, protagonista de La Suerte en tus Manos (2012, Daniel Burman), decía en una entrevista con Liniers (creo que si están leyendo esta página no es necesario aclarar quién es), que pueden ver aquí, que: “Me he dado cuenta de que la originalidad no es una variable que me interesa demasiado…Prefiero emocionar que asombrar. Que se te ericen los pelos, que se te humedezcan las órbitas de los ojos”. Esa frase es totalmente aplicable a la película: una típica comedia romántica que no asombra, que no es original. Después cae en la subjetividad de cada uno la posibilidad de emocionarse, la capacidad de abrirse y sentirse identificado en pequeños detalles. Uriel es divorciado, con dos hijos y encargado de una especie de agencia de dinero. Está teniendo un insospechado éxito con las mujeres y quiere hacerse una vasectomía. Gloria acaba de volver de Francia a causa de la muerte de su padre y no tiene “piel” (diría su madre) con su actual novio, con su característica barba candado que tantos pies dará para algunos chistes. Entonces se reencuentran en Rosario después de un pasado como mínimo apasionado y es cuando empiezan los problemas. Puede describirse como una comedia de enredos, pero de comedia tiene poco. Mas que risas, el film genera sonrisas. No sólo con las pequeñas secuencias en cámara lenta en plan lúdico que propone Burman en la película se puede entrever la buena planificación y la brillante dirección de fotografía: hay que prestarle especial atención a los movimientos de cámara y cómo con ellos se imprime significado al montaje. Quizás apelando todo lo que supone Drexler, a lo que genera en el público, abusa de los primeros planos a él, con sus largos monólogos que recuerdan, como todo el cine de esta generación, a Woody Allen. Creo que ya es díficil crear un galán contemporáneo creíble sin pensar en los personajes que el neoyorquino encarnó. También los diálogos dan un toque distintivo al film, tal como los juegos de palabras que utiliza el cantautor uruguayo en sus canciones. Ingeniosos e inteligentes, no creo que quieran captar la cotideaneidad, sino que sabiendo de que el cine es un artificio, se abocan a tirar la mayor cantidad de postas posibles. Se resigna naturalidad para la complejización. Y nosotros que fuimos al cine desprevenidos, maldecimos por no haber llevado un anotador. Creo que las actuaciones son lo más flojo de la película. Ya sabemos que Valeria Bertuccelli se quedó en el personaje de “La Tana” de Un novio para mi mujer (2008), simpático largometraje de Juan Taratuto, pero muestra una rigidez insospechada, inesperada en su interpretación. También parece que Gabriel Schultz como amigo de Uriel está desaprovechado, podría haber tenido más líneas, más protagonismo. Lo que es realmente destacable son las actuaciones de los personajes secundarios, como lo son Luis Brandoni y Norma Aleandro. Personificando la voz de la experiencia, son los más humanos que guían de alguna manera los caminos de los protagonistas. Un poco traída de los pelos la inclusión de la Trova Rosarina. Podrían haber sido esos artistas como también cualquier otros. Sirven sólo para crear una situación bisagra en el guión pero no aportan significación nueva a la película. Debe tener que ver (arriesgo) con cierto fanatismo de Drexler con ese movimiento artístico. Y siempre está esa tensión que genera la duda sobre si cantará, si lo podremos ver en acción al uruguayo, pero no voy a extenderme en este tema para no dar spoilers. Las grandes películas, las que marcan un después en la historia, o en nuestras vidas, son las que luego de terminar de verlas quedamos en shock, quedamos como luego de una experiencia religiosa. Y hay otro tipo de películas que al salir del cine te tatúan una sonrisa por el resto del día, y esta es una de ellas.