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Cuando un film me hace emocionar hasta las lágrimas repetidas veces durante su transcurso, cuando salgo de la sala sin querer pronunciar una palabra porque todavía una parte de  mí quedó en esa pantalla (y en esa historia, por ende), cuando una historia me mantiene por días pensando y formulando preguntas acerca de ella, etc. realmente puedo decir que me encuentro ante un película que se destaca; sin meternos en buenos o malos, simplemente (lo que no es cosa menor) se destaca entre lo demás. Ya a esta altura, podrán interpretar que la última película del gran Eastwood (Hereafter, Clint Eastwood, 2010) me ha gustado. Pero debo admitir, que aunque objetivamente me parece un film de gran calidad, el mismo me ha tocado hondamente, por lo cual considero que hay una buena parte de mi apreciación que depende de una gran emoción despertada en mí por esta historia (lo cual es sumamente subjetivo). Con este aviso hecho puedo continuar con mi opinión. Los cuestionamientos en relación a la muerte, dios, la trascendencia y todas las cuestiones “espiritistas” (digamos así) están muy presentes en la cultura occidental, y muchos de nosotros terminamos por agotarnos de tanta vuelta metafísica y nos nombramos como totales escépticos o incluso ateos. El nuevo film de Clint Eastwood ronda justamente alrededor de estos tópicos; enfocados desde tres vidas que  tocan tres partes diferentes de esta amplia temática: Quien puede comunicarse con el más allá, quien necesita hacer ese contacto y quien lo ha vivido. Más allá de la posición que uno pueda tener ante estas cosas el film obliga a dedicarles un tiempo de análisis de nuestro día… nos invita a pensar que además del frío escepticismo hay una posible trascendencia. Comenzando la película, una de sus primeras imágenes ya deslumbra: un Tsunami arrasando con una ciudad y sus habitantes. A partir de esto comenzamos a conocer a los integrantes de esta fascinante historia: Cécile de France encarna a una periodista francesa que sufre una experiencia paranormal luego de (casi) morir ahogada en el Tsunami; Matt Damon le da vida a George, quien tiene el poder de comunicarse con quienes han muerto; y el último eslabón de la cadena lo representa un niño londinense (interpretando por el joven Frankie McLaren, en una actuación deslumbrante) que ha perdido en un accidente a su hermano gemelo y quiere comunicarse con él. Desde su planteo, considero que el film se presenta interesante y logra generar ese misterio y curiosidad que nos suelen dar este tipo de cosas a nosotros los occidentales sensacionalistas. Pero creo que un punto interesante es que en la progresión de la historia se logran mostrar la gran mayoría de las facetas que abre la temática del más allá: el científico, el incrédulo, el embustero, el crédulo hasta la ceguera, quien lo hace por vocación  y el que lo hace por dinero, el que lo necesita, el curioso, etc. Lo cual es una muestra que no se ha intentado postular como creíble el relato contado; creo que simplemente la película pretende mostrar una pequeña parte de este tema tan misterioso, y cómo para ciertas personas se convierte en algo muy importante, tanto que condiciona el curso de su vida. Desde la parte técnica y desde el guión, Más allá de la vida, no deja nada que desear, como es de esperar del impecable Clint Eastwood. Las actuaciones se presentan satisfactorias y se podría decir que cada carácter experimenta un crescendo bastante interesante que arrastra al espectador inevitablemente. Encontrarnos un Matt Damon bastante  maduro y sensible que transmite una soledad, desamparo y un encierro muy reales, logrados magníficamente. En este sentido se puede decir que todas las actuaciones logran transmitir una gran cuota de emotividad que, se hace muy difícil no sentirse tocado. Realmente recomiendo Más allá de la vida, no sólo porque la disfruté muchísimo, sino porque considero interesante ahondar un poquito, aunque sea, en un tema que está tan ridiculizado y que ya se he convertido en tabú en nuestra cultura que de todo descree.