Es importante recordar que hubo una época en la que era más difícil darle la mano en la calle a tu novio siendo hombre, o poder darle un beso a tu novia si eras mujer o simplemente vivenciar tu identidad siendo transgénero. Más allá de la dificultad (actualmente sigue siendo difícil), cualquiera de esas acciones no solo significaba exponerte al rechazo, suponían tambien un peligro que te debatía entre la vida y la muerte. Actos que para nosotros hoy son tan cotidianos, en Argentina, a principios de los ’80, implicaban una dosis de valentía inconmensurable que suponía hacerle frente a la ignorancia y la humillación. Las posibilidades de unirse en matrimonio o de portar un documento cuyo nombre coincidiera con el género autopercibido eran inconcebibles cuando la prioridad era la supervivencia.

La primavera democrática que significo el gobierno de Raúl Alfonsin, luego de la dictadura militar de 1976-1983, creó mas expectativas que realidades para la diversidad y fue durante estos años cuando emergieron de forma tímida los primeros movimientos formales de lucha por los derechos LGBT. Para muchos de los que nos sabemos gays, lesbianas, bisexuales o transgénero la figura de Carlos Jáuregui emerge con la mística de un prócer que luchó por la posibilidad de asumir nuestro propio deseo y llevarlo con orgullo. El Puto Inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui explora en formato documental no solo la vida del militante desde una perspectiva biográfica sino también retrata de forma detallada el germen de un movimiento que se ubica en un momento histórico clave que que supuso un antes y un después en materia de derechos civiles.

El director Lucas Santa Ana, junto con la ayuda del escritor, periodista y militante Gustavo Pecoraro (amigo personal de Jáuregui) construye un relato detallado acerca de Carlos como figura política, así como también de las circunstancias personales que acompañaron, afectaron e incentivaron su propia militancia y la de toda una generación. El film se centra en el periodo comprendido desde su adolescencia en La Plata hasta su muerte en 1996. Con una estructura organizada en saltos del pasado al presente, cuyo nexo está generado por el conmovedor testimonio de amigos y compañeros de lucha como Ilse Fuskova, Alejandro Modarelli y Cesar Cigliutti, el realizador consigue crear una sensación de cercanía y humanidad con respecto a una figura mítica, desde la perspectiva otorgada por la relación política/personal que unía a cada uno de ellos con Jáuregui.

A traves de un impecable trabajo de archivo que incluye filmaciones caseras y footage original de noticieros de la época, Santa Ana realiza un minucioso estudio sobre el contexto histórico retratado. Situar la creación de la CHA (Comunidad Homosexual argentina) y posteriormente la Asociación Gays por los Derechos Civiles en un momento político crucial para la emergencia de estos movimientos marcado por la aparición del SIDA es crucial para entender la influencia directa del virus sobre las conquistas sociales por la diversidad, rescatando del olvido la relevancia de la figura de Roberto Jáuregui (hermano de Carlos), pionero en la lucha contra la estimagtización de las personas portadoras de HIV.

Muchas veces, en el afán de llevar a cabo el retrato biográfico de una figura con una influencia tan vasta como Carlos Jáuregui, se presentan riesgos y vicios que el documental sortea con creces. El Puto Inolvidable no es sensacionalista pero impacta, no busca el golpe bajo pero conmueve, no adoctrina pero resulta de lo más estimulante. Construido desde la admiración mas profunda, el film se ubica a la altura del respeto que requiere los temas que maneja, priorizando la concepción de un mensaje directo y claro que busca educar y generar memoria.

Hace unas semanas, en vísperas del estreno del film, se aprobó un dictamen que confirma que la estación Santa Fe de la Linea H, recibirá el nombre del militante, suponiendo el comienzo de una reivindicación que se antojaba necesaria. En un mundo un poco más justo y en sintonía con esta reivindicación, el documental dirigido por Santa Ana debería ser de visión obligatoria en todas las escuelas de nuestro país.