Anoche se estrenó en la Sala Leopoldo Lugones Adiós Entusiasmo, la película dirigida por Vladimir Durán que fue la ganadora de la Competencia Vanguardia y Género en el último BAFICI y que cuenta con las actuaciones de Camilo Castiglione, Laila Maltz, Mariel Fernández, Martina Juncadella, Valeria Valente, Verónica Llinás y una extraña y peculiar participación de Rosario Bléfari.

La extrañeza se queda en la casa como una niebla que no se ve, pero se siente en todos los aspectos. No solo se escucha en fuera de campo, sino que también se percibe en los azulejos de los baños, en los espejos, en las notas de un teclado. Una atmósfera constante que planta un árbol y lo deja morir, los árboles mueren y siguen ahí, adiós entusiasmo. A una familia que respira constantemente esa niebla se le hace imposible comportarse como el mundo de afuera, como si al entrar a la casa todo cambiara y a uno sólo le queda dejarse llevar y respirar, dejarse llevar por esa forma rarificada de encuadrar la situación, enfrentar la atmósfera, o lo que va quedando de ésta y amoldarse. Los personajes lo entienden perfectamente, vacíos. La extrañeza en todos aspectos hasta en la repetición, extrañeza en la cámara que nos lleva como flotando como ella quiere, por donde quiera, pero de modo tal que podamos sentirnos cómodos bajo un techo que aguarda no un sentimiento sino la ausencia de uno. Eso ni siquiera se llama soledad, o vacío, sino otra cosa: Adiós entusiasmo.

Los personajes son peculiares porque ya la situación es rara de por sí. Tres hermanas y un hermanito, su mamá encerrada en la voz de Rosario Bléfari, quien siendo cantante no canta, sino que alardea insultos o se ríe y hasta casi llora. Los que cantan son sus hijos, que preparan una fiesta para festejar un cumpleaños tan extraño que sólo el cine nos puede dar. Aplausos y risas; se escuchan los insultos de alguien más allá, pero acá, detrás de unas paredes se despide al entusiasmo. Los hermanos tan distintos entre sí ya por necesidad de la situación, el vacío de una se llena con la inocencia de otra y un angelito completa la ausencia. Sólo su presencia no basta, sino que la necesidad de inventar un planeta va enganchado de actuaciones correctas. Esto da libertad en el punto de plantear las reglas, si el techo es un límite se puede construir todo adentro, crear puntos diferentes en cuanto lo espacial y hasta divergencias que te hacen cagar a puteadas los azulejos; el choque entre lo real y lo extraño se enfatiza y se talla en el árbol.

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Adiós entusiasmo puede verse en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530, CABA) hasta el miércoles 28 de marzo (excepto sábado 24 horas) a las 21.30hs.

Adios entusiasmo, de Vladimir Durán. from Un puma on Vimeo.