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El Sitges más oscuro: En todos los festivales hay dos lados, la pompa y ceremonia que acompañan a la alfombra roja, con gente importante, actores consagrados, directores idolatrados y productoras multimillonarios, y por otra parte, está el festival más marginal, de autores que intentan abrirse paso, con poco apoyo y mucha imaginación. En Sitges esta diferencia se vuelve más notable, debido en parte a su origen, y en parte a que la organización del festival se esfuerza en que, pese a que como todos necesitan explorar un lado comercial, mantenga el espíritu que lo acompañó en su nacimiento, de cine de culto y marginal sólo apto para mentes inquietas que huyan de convencionalismos. En este sentido, IndieHoy asistió a la pasada edición del Festival Sitges 2011, buscando esas joyas que de otra manera sería difícil hallar, o se hallarían tras un exhaustivo visionado de rarezas. Siguiendo un riguroso orden de visionado y dejando al margen películas que por su propia naturaleza, se escapan de unos criterios mínimos de calidad, deberíamos comenzar por Scabbard Samurai, una película que firma Hitoshi Matsumoto y que se presentaba como una comedia surrealista, a lo que hay que decir que los comienzos de la misma así lo hacían presagiar. Sin embargo, el metraje va evolucionando de forma magistral hacia un drama con muchas connotaciones sociales y un desenlace donde se juntan el honor, la emotividad y que invita a soltar alguna lágrima. Nos encontramos con dudas a la hora de incluir a The Divide en la categoría de rarezas. Su director, Xabier Gens, ya había destacado con otros filmes como Hitman y Frontière(s) ambas realizadas en 2007. Sin embargo, su condición de director de culto, a pesar de contar con tan sólo estos tres largometrajes a sus espaldas, nos empujan a revisar esta cinta. The Divide se muestra como un film apocalíptico, en el que un grupo de supervivientes, huyendo de la radiación producida por un ataque nuclear, se encierran en el sótano de un edificio céntrico de lo que parece ser Nueva York. Si la radiación, y una incierta amenaza parecen suficientes elementos a la hora de mantener la cohesión de la tribu, al final la máxima de que el hombre es el lobo del hombre se cumple en un ambiente sumamente claustrofóbico. Destaca la interpretación de Michael Biehn, un ícono de la imaginería del cine de género de los años 80 (interpretó a Hicks en Aliens) y del que hablaremos más adelante. A The Divide le sobra metraje, y pierde una gran oportunidad de hacer una fabulosa película. Sin embargo, salva los muebles con un principio y un final visualmente potentes y a pesar de que no aporta nada particular al género, entretiene. The Caller de Mark Parkhill lleva a cabo el mismo cometido; entretener. Producción puertorriqueña, exploramos en esta película la posibilidad de que el tan manido psicópata no se encuentre en el mismo plano temporal que la víctima objeto de su obsesión, sino en el pasado. La angustia se va acrecentando hasta llegar a un final que por convencional, hace que la cinta pierda fuerza, y caiga en la monotonía. En conversación con Mark Parkhill, comentó a este medio que tenían varios finales preparados, pero que la distribución en EEUU les había empujado a optar por el más feliz de los posibles. Hell, de Tim Fehlbaum, se presentaba a concurso avalada por la producción de Roland Emmerich, lo cual no presagiaba nada bueno desde el punto de vista de independencia. Sin embargo, el jovencísimo director, plantea una película apocalíptica (hemos visto como el mundo se acaba muchas veces en Sitges) en la cual el Sol ha crecido de tamaño haciendo poco menos que imposible la vida al aire libre durante el día en la Tierra. Lo que comienza como una Road Movie con aires al universo de Mad Max, y contínuas referencias a The Road (2009) se convierte a mitad de película en un slasher poco convencional, ya que los protagonistas se enfrentarán no a la amenaza de sus semejantes, con indudables influencias de La Matanza de Texas, sino al propio día. Una interesantísima cinta que ganó el premio a la fotografía. Michael Biehn apareció por partida triple en el festival. No sólo protagonizó The Divide como hemos indicado antes, también recibió un premio honorífico a su carrera (merecido) y además, nos ofreció The Victim… nos lo ofreció y nos defraudó. Un pésimo ejercicio de estilo demasiado kitsch para dar algo interesante y pese al esfuerzo del propio Michael Biehn por levantar la película, se pierde en una amorfa sucesión de acontecimientos demasiado bizarros como para ser tenidos en cuenta. Una película plana con un argumento poco definido que se limita a mostrar huidas a través del bosque cabañas con poco encanto y asesinos del otro lado de la ley. En Vampire, una microproducción estadounidense hecha con pocos medios, nos encontramos el ejemplo claro de lo que una película de culto debe ser. Una historia potente que mezcla rituales suicidas con obsesiones ocultas firmada por Shunji Iwai. Tal vez un poco lenta en su desarrollo, presenta una historia potente, un final desagradable, y elementos de reflexión que invitan a un segundo visionado. Shunji Iwai comparte con Gantz el pais de procedencia, Japón, pero sin embargo, se alejan completamente en su planteamiento. Dirigida por Shinsuke Sato, se presentaba con su segunda parte, Gantz:Perfect Answer. Adaptación libre del manga referencia en el ciberpunk japonés, Gantz es un ejercicio de efectos digitales que hacen las delicias de los forofos del comic oriental. Entretenida pero sin grandes momentos, llegaba avalada por una gran taquilla en el país del sol naciente. Sin embargo, se pierden en sus planteamientos, al quedar demasiado enfocadas al efectivismo visual. El próximo viernes, la segunda parte de la crónica.