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La última película del director Noah Baumbach, director de Greenberg (2010) y Frances Ha (2012), entre otras, nos presenta este drama familiar con tonos de comedia. Una película medida, simple, con buenos momentos, tanto dramáticos como cómicos muy bien equilibrados y con una narración clásica. El film se presentó en el último Festival de Cannes y así como Okja (también producción de Netflix) generó polémica al no haberse estrenado en salas de cine.

Se trata de la historia de tres hermanastros, llamados Danny, Mathew y Jean, unidos por la figura de un padre escultor en el ocaso de su carrera y hasta de su vida (Dustin Hoffman) para el cual deben armar una última muestra retrospectiva. Las diferencias, anécdotas, conflictos no tardan en aparecer siempre embebidos por la figura de Harold, el excéntrico, exquisito y testarudo padre.

La película, haciendo honor a su nombre, está dividida en fragmentos perfectamente delimitados y que cuentan las historias individuales de los hermanos Meyerowitz y una que los involucra a los tres y tiene como núcleo a su padre, sin recurrir a flashbacks ni saltos temporales, todo sucede en presente y se cuenta desde este tiempo.

La primera historia es la de Danny, un papel magistralmente interpretado por un Adam Sandler medido y reflexivo, con notas cómicas pero muy distinto a las hilarantes películas de las que es protagonista usualmente. Se trata de un pianista frustrado, viviendo a la sombra de su padre, con complejo de inferioridad ante su hermano Mathew y se encuentra quebrado y recientemente divorciado. Es también padre de Eliza, una joven que intenta seguir con el legado artístico de la familia y quién empezará la universidad dentro de muy poco.

Danny, al quedarse, sin hogar se muda a la casa de Harold y su actual esposa Maureen (una excéntrica y ex alcohólica mujer, interpretada por Emma Thompson) la cual está convencida que deben vender su casa e irse a vivir al campo.

Foto: Netflix

Por otro lado tenemos a Ben Stiller en el papel de Mathew, quien sigue desarrollando esta veta cómico/dramática de su carrera que comenzó en películas como The Secret Life of Walter Mitty (2013) o la ya mencionada Greenberg. En este caso su personaje disfruta de una vida profesional exitosa, alejada del arte y las excentricidades pero con un matrimonio a punto de quebrarse y una predilección hacia su padre que lo hace soportarlo poco y nada y le ocasiona muchas dificultades para contactarse con él. La tercer parte de esta disfuncionalidad llamada familia es Jean, de quien poco se sabe, excepto por un hecho que ocurrió en su juventud con uno de los amigos de su padre que decide contarle a sus hermanos en una situación límite.

Cada una de estas historias se superpone y forma un entramado de emociones encontradas entre los personajes, que en un principio se observan casi con recelo pero luego se van uniendo de a poco y acercando en cada una de las anécdotas que tienen con su padre y cada situación o palabra que él les dijo alguna vez y que en este tiempo presente los hace acercarse un poco con todas sus luces y sombras.

El film de Baumbach se acerca mucho a la humanidad de sus propios personajes, no los vuelve miserables ni los hace desesperarse (tanto) ante las crisis, tampoco los rebaja a puro sentimentalismo ni los condena, es un film real y simple que habla sobre las difíciles relaciones familiares y como éstas de a poco nos cambian, nos tiñen de otro color y de algún modo u otro nos vuelven mucho más humanos.