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Si en un crucigrama leyéramos “Director de cine fantástico especializado en series B”, uno de los primeros nombres que intentaríamos cuadrar es el de John Carpenter. Carpenter, autor prolífico donde los haya, es uno de los grandes referentes cinematográficos del cine de género; no en vano, hay pocos ámbitos del mismo donde no haya realizado incursiones (algunas de ellas verdaderos referentes) como la ciencia ficción metafísica que se encuentra detrás de Estrella Oscura (1974), el futuro distópico de 1997 : Rescate en Nueva York (1981) y su secuela 2013:Rescate en Los Angeles (1996 ) o el terror arcano de El príncipe de las tineblas (1987) sin olvidar el cine de acción puro, que ha explotado en cintas como Asalto en la Comisaría del Distrito 13 (1976), objeto de un remake con más medios y peor resultado. The Ward (2010), que se exhibió en el último Festival de Cine de Sitges, tiene el mérito de ser una película de películas. En efecto, los hermanos Radmussen (Shawn y Michael), ponen al servicio del director, un guión de género difícilmente clasificable, pues une al psycho – thriller, elementos propios de títulos de la extensa filmografía del cineasta. El director, jugará con nosotros, dejando que sea el espectador el que intente adivinar el argumento de la película. Para ello, por poner un par de ejemplos, le ofrecerá una aparición sobrenatural que podría recordarnos por momentos a los violentos fantasmas de La Nieba (1980) y espeluznates escenas de terror grotesco que nos traerán a la memoria la mítica La Noche de Halloween (1978). Carpenter, se recrea en sí mismo durante toda la película y hace recaer sobre una bellísima Amber Heard (a la que vimos en Bienvenidos a Zombieland (2009) ), el peso principal de la interpretación de una paciente cuerda en un pabellón psiquiátrico donde se dan lugar eventos enórmemente extraños. Sólo será al final cuando, en un buen golpe de efecto, desvelará la historia real del metraje. Y es que el final merece capítulo aparte. Es posible que en un primer momento, se menosprecie la forma en la que el director cierra la película. Debemos reconocer que resultará familiar (me perdonará, paciente lector, que a fin de no desvelarlo, evite dar referencias). La magia en este caso está en que no es un desenlace que fuéramos a preveer durante el visionado de la cinta, con lo que consigue sorprendernos. En resumen, una película que, si bien no es la mejor obra de Carpenter, resulta muy apetecible, con una fotografía correcta y una banda sonora inquietante por momentos (marca de la casa) que nos dejará con buen sabor de boca.