En una escena de El Eternauta sucede lo siguiente: ante la necesidad de buscar comida y enfrentarse a la nevada mortal que cae sobre Buenos Aires, juegan a los dados la tarea de salir al exterior. Los personajes, hombres serios, a la vieja usanza, quieren ir y hacen todos los esfuerzos por mostrarse tranquilos. En This is the End hacen una cosa similar: con fósforos, echan a la suerte quien sale afuera a buscar agua. Pero en este caso los personajes más inmaduros (¿o más sinceros?) gritan, patalean, se ríen, se niegan. ¿Qué pasó en el medio? La historia es simple y poco original: ante una emergencia, una suspensión de lo que se creía establecido, el hombre vuelve a su estado natural, a luchar por la supervivencia. El hombre se vuelve lobo del hombre, diría Hobbes. Lo interesante es que en este caso veremos a Seth Rogen, Jonah Hill, James Franco y Evan Goldberg (cuánto de verdad tendrán los personajes, no podremos saberlo) sacar a relucir sus miserias, volviéndose cada vez egoístas. Y afuera de esa casa, el apocalipsis, con demonios, posesiones diabólicas y caníbales. Es curioso ver cómo esta película, contrariamente a lo que pueda pensarse, tiene un elemento documental fuerte: al haber tantos actores haciendo de sí mismos, siendo tan sinceros (y con tantas referencias a sus trabajos anteriores) y un anclaje espacio-temporal –al menos al principio-, uno podría imaginarse esa vida en Los Ángeles, donde podés cruzarte a Emma Watson en alguna fiesta, o a Michael Cera en… no, mejor dejémoslo ahí. Entonces ahí se puede encontrar algún tipo de autocrítica, sincera, sobre el espectáculo y los egos. This is the end This is the end quiere sinceramente a sus personajes, pero nunca es complaciente, (cosa lógica si se piensa que personajes y guionistas son la misma persona) porque se permite exponerlos, hacerlos quedar mal, vislumbrar sus defectos. Son misóginos, vagos, irresponsables, groseros. Pero al final hay redención. Eso es lo que dice la película, tengo mis dudas si es así. Lo que es seguro que aquí no hay ironía, no hay ningún tipo de canchereada (ni cinematográfica ni de parte de los personajes). Son ingenuos, son unos niños con mucha plata en posesión de un juguete, el cine, que no pueden dejar de hablar de sí mismos, sus problemas y sus chistes. Ahí, quizás reside un poco el problema de una película que pierde fuerza luego de sus escenas iniciales: se vuelve humor para entendidos, una broma interna de la que podemos quedarnos afuera. Sin embargo, más o menos fallido, es para celebrar su nivel de arbitrariedad, que en este caso, significó libertad creativa, significó una película personal. De todas maneras, esta es una película-manifiesto, probablemente no la expresión más acabada o la mejor de la NCA (Nueva Comedia Americana), pero probablemente sea la más autoconsciente y celebratoria. Se hace cargo de casi veinte años de historia, en un fenómeno que arrancó con SNL, el semillero, y en el que caben tanto Jim Carrey como Wes Anderson, Adam Sandler y los hermanos Farelly. Luego vino la renovación Appatow (siempre con el fantasma, mirando de arriba, de Kevin Smith) con Freaks and Geeks y los que ya conocemos: Steve Carrell, James Franco, Paul Rudd, Zach Galifianakis, y los que actúan esta película. Y This is the end, ya desde el título, pareciera ser una síntesis. La NCA se compone de comedias humanistas pop, pero siempre con un afán casi revolucionario (ok, quizás estoy exagerando) de cuestionar las visiones conservadoras en inmóviles de la sociedad. Esos prejuicios están presentes en, por ejemplo, Legally Blonde o Zoolander, pero se los pasa por arriba: se los expone y se los supera. ¿¡quién dice que la comedia es un género menor!? Que los diálogos en This is the End estén llenos de groserías y que estén dichos a los gritos no les quita de ninguna manera su veracidad y sinceridad.