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El 2 de febrero del 2014, Philip Seymour Hoffman fue encontrado muerto en el baño de su departamento de Manhattan debido a una aguda intoxicación con diferentes drogas, incluidas la heroína, la cocaína, las benzodiazepinas y la anfetamina. Tras su partida, el actor nacido en Fairport, Nueva York, no sólo dejó un gran vacío en los mundos del cine y el teatro, sino también en los corazones de su ex esposa, Mimi O’Donnell, y de los tres hijos producto de su relación.

A casi cuatro años del fallecimiento de Hoffman, O’Donnell conversó con el periodista de Vogue, Adam Green, sobre su historia al lado del actor. De ese diálogo (publicado en la web de la revista), la viuda contó que Philip ya estaba en recuperación por su adicción a las drogas cuando ellos se casaron en 1999, además de describir de manera conmovedora los años de felicidad que compartieron, cuyos puntos más altos fueron los nacimientos de sus hijos.

Según O’Donnell, el mal hábito del también productor y director resurgió de una manera bastante inocua cuando éste empezó a usar opioides recetados, pero fue acelerado por los períodos de inactividad artística que derivaron en que Hoffman comience a beber y, por consiguiente, recayendo en el consumo de la heroína.

“Tan pronto como Phil comenzó a consumir heroína nuevamente, lo sentí, aterrorizada. Le dije ‘vas a morir. Eso es lo que sucede con la heroína’. Todos los días se llenaban de preocupaciones. Todas las noches, cuando salía, me preguntaba: ¿volveré a verlo?”, contó O’Donnell antes de continuar hablando sobre los intentos del actor de rehabilitarse y la decisión de la pareja de que él consiga un departamento propio para que sus hijos no fueran testigo de los efectos secundarios de su consumo de drogas.

La nacida en Filadelfia continuó la narración:

“Por primera vez me di cuenta de que su adicción era más grande que cualquiera de nosotros. Incliné mi cabeza y pensé, no puedo arreglar esto. Ese fue el momento en que lo dejé ir. Le dije: ‘No puedo vigilarte todo el tiempo. Te amo, estoy acá para vos, y siempre voy a estar para vos. Pero no puedo salvarte'”.

Con respecto a los meses posteriores a la muerte de su ex marido, O’Donnell relató:

“Pasó casi un año antes de que pudiera salir de noche sin que los niños entraran en pánico. Cuando me obligué a hacer algunas incursiones tentativas en el mundo, en menos de una hora siempre había una llamada telefónica y tenía que volver a casa”.

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