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Wikipedia dice que un “win-win game” consiste en un juego en el que todos los participantes ganan, salen beneficiados. Y es exactamente esto lo que la nueva película de Thomas McCarthy profesa; a partir de una situación crítica en la vida de un grupo de personas, todos planean salir ganando desde sus relaciones. Mike (Paul Giamatti) es un abogado poco exitoso y un entrenador de lucha libre como hobby. En un momento en su vida en que su economía se viene abajo, aparece el nieto de un cliente, Kyle, que en un estado de orfandad se refugiará con la familia de Mike. Resulta ser que Kyle es un muy buen luchador y a partir de esto, en la vida de él como en la de Mike habrá un giro. Argumento simple y actuaciones no muy jugadas, Win Win (Thomas McCarthy, 2011) se presenta como un film ordinario y natural. Nada más y nada menos que la vida de gente común en problemas y buscando en el otro la salida. Esa parte de nosotros que ya no puede más y que necesita de un eslabón más se pone de manifiesto. Las debilidades salen a flor de piel y el otro viene a ser la única forma de seguir. Como decíamos al principio, tal cual que un win-win game, las vidas de Kyle y Mike se juntan para cooperar en la supervivencia del otro. Podría decirse que la historia no es realmente cautivadora. Lo interesante, en cambio es cómo cada personaje va sobrellevando las situaciones y como se focalizan al acciones. Cada carácter está definido al máximo, no sólo los principales, sino también los secundarios (la familia de Mike, sus compañeros de trabajo, la madre de Kyle), cada uno desde su postura enfrenta la mismas situaciones con interesantes reacciones de cada parte. En este punto, puedo decir, que, al focalizarse tanto en lo subjetivo, la película toma un ritmo lento, con pocos picos emocionales. Pero realmente hay que destacar que Paul Giamatti (quien nunca me cayó bien) se tomó muy en serio en el papel y pudo mimetizarse con la historia, aunque su actuación no deslumbre. En sí, Win Win es el retrato de un retazo de la vida de un grupo de personas inconformes, algo desganados e inmersos en un patetismo estático. La presencia de nuevos seres en su vida presentará un cimbronazo que alterará ese pseudo-orden y los obligará a llegar a situaciones límites y a decidir bajo la presión de vivir. A partir de los episodios que se generan, la monotonía se rompe, caen las caretas y se reacomoda la vida. Caos y cosmos. Cambiamos juego por vida y entendemos todos. Si bien, disfruté de la película no sobresale en muchos aspectos y resulta banal en algunos momentos. Sí cabe destacar la buena elección de la estética, y lo logrado de la introspección en cada uno de los personajes, lo que va mostrando el proceso que realiza cada uno durante el film, y cómo se transforman y no vuelven a ser los mismos después de los hechos narrados. Y cómo se va formando esta cadena entre seres vulnerables que se refugian en el otro para ayudarse a no morir.