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Se prometió una fiesta y fue literal: diez años no son pocos para un espíritu que está tomando forma y cada vez es más grande, cada vez es más fuerte, ya que la fuerza siempre la tuvo y ahora tiene las herramientas para gritar. Aunque las voces siempre también estuvieron,  ahora tienen los micrófonos en distintos espacios y los miles de oídos que se detienen a escuchar a Mi amigo invencible, convirtiéndolos en una de las bandas más influyentes de esta generación. Pero su historia empezó en Mendoza una noche diez años atrás.

Niceto abrió las puertas y al rato empezó a sonar Las cosas que pasan, banda también mendocina que demuestra que esta provincia disfruta de la música en todas sus expresiones. Es la parte grunge de toda esta corriente, la distorsión en un garaje de lata y los gritos potenciados hasta caer de un escenario y volver a levantarse. Es una banda más que particular para escuchar en vivo ya de por sí por tener un disco que dura diez minutos y un recital que supera la media hora: cuántas cosas hermosas pueden pasar en poco tiempo. Peluqui tiene mucha furia y hace de sus cuerdas vocales una distorsión. Sonaron todos y más. Pero lo importante, es que se le da toda la apuesta al escenario ya que es en el vivo donde vas a escuchar lo que no vas a poder escuchar en tu casa, desde temas reversionados para la ocasión hasta desvíos que te llevan a una parte mucho más instrumental de la banda, la guitarra grita tan fuerte y distorsionada como la voz, mientras Tito en el bajo nos muestra el patio de su hotel universo, pero es que en realidad, nunca estuvieron separados de la cocina. Durante la canción “En la montaña” apareció Simón Poxyran a cantarla, ya que si no hay montañas no hay verdad. Hicieron una especie de reinterpretación, sin drogas; pero cuando se grita desde la montaña hay que hacerlo bien fuerte para que desde lo más alto retumbe en Niceto, así que dos voces son mas poderosas que una. Tocaron canciones que no están aún grabadas pero ya son conocidas como las otras, porque ese disco te deja con esa sensación inquieta de querer conocer más: “No fuimos a votar” fue como un grito de enojo en tiempo de elecciones, por eso fue su cierre. Querían irse molestos. Felices pero molestos.

Después llegó el turno de la segunda banda invitada a esta tan esperada celebración, Las ligas menores, ya tan conocida por contribuir siempre con su grano de arena para esta playa, poniendo agua en las olas y haciendo una isla a 1.200 km. de la orilla, en una montaña también. Pero el silencio es lo importante, sin quebrantar la voz. Buscar la calma del mar en lo más alto de la montaña. Esa noche, una montaña mendocina dibujada por Anabella como la de sus flyers. Ese lugar donde podés tener la calma suficiente para poder escribir ni una canción, en un sentido gracioso de la oración, ya que hacen de la falta de comillas una melodía hermosa: “Ni una canción” fue el único tema que sonó de su último simple, haciendo un recital de su disco y algunos adelantos de lo que se viene: más enojo, más tristeza, más ternura y todo lo que siguen siendo Las ligas menores. Pero fue algo de lo nuevo lo que más me llamó la atención, fue esa combinación de las dos voces femeninas en la misma canción, sentí enseguida que algo así era justamente lo que la banda necesitaba para consolidar esa armonía que podían generar. Y no soy quién para decirlo, solo alguien que cada vez que ve a Las ligas menores se va con una sonrisa a su casa por un buen rato. Sonaron la gran mayoría del disco e iban intercalandose el micrófono entre sus tres voces como lo hacen siempre, alejándose de la idea del liderazgo vococentrista, la banda suena tan segura de sí misma que pueden darse el lujo de repartirse el altavoz. Desde “El baile de Elvis” hasta su cierre escapando en un “Renault Fuego“. Como el combustible era demasiado, se despidieron a toda fuerza con una canción nueva que se espera a que esté grabada para poder escucharla por las calles de la gran ciudad.

Las Ligas Menores – Foto: Melanie Guil
Las Ligas Menores – Foto: Melanie Guil

Cuando llegaron todos los invitados, el cumpleañero salió de su habitación de a poco. Las luces apagadas y mientras tanto por la ventana sigue entrando el mismo sol, se enciende una luz amarilla y suena su más reciente material para dar la bienvenida a lo que iba a ser una noche llena de sorpresas. Un recorrido por estos diez años con participaciones de sus amigos y colegas. La primera fue en “Hacernos extraños“, con la aparición de Facu Tobogán que le regaló un poco de su melancolía para hacer una correcta interpretación como un buen amigo. Canción de la primer parte de lo que era la trilogía Mi amigo invencible creció pero siempre estuvo a la misma estatura.

Mi amigo invencible y Facu Tobogán – Foto: Melanie Guil

La segunda sorpresa fue la combinación de Mi amigo invencible y Francisca y los exploradores encerrados en una misma máquina del tiempo. Diez años son un montón, esto está creciendo y ambos son grandes referentes mencionados por los más nuevos. Ellos también tuvieron su lugar: Tito y Luca Bocci cantaron juntos “Descanso sobre ruina“. Si hacemos mal, eso se verá. Las sorpresas iban de unas a otras mientras el público se notaba que lo estaba disfrutando por cómo se lo devolvía en un gran aplauso después de cada canción, después de cada aparición. La fiesta era de todos. La banda recorría su discografía también dándose el lugar de cantar ellos y entonando aquel sonido original, tan prolijo, jugando al transe con lo melódico, jugando a sonreír melancólicos. Luego llegó otra gran combinación: la de Simón Poxyran y Juampi Dicesare: Simón gritaba uno de los tantos y grandes relatos de un incendio, si para ser sincero se estaba prendiendo fuego todo. Entonces los próximos que se tiraron a quemarse fueron Los reyes del falsete embarcando al escenario por la bahía del puente olive dejando la cama prenderse fuego como Niceto entero.

Los reyes del falsete – Foto: Melanie Guil

Los tres en un micrófono, las bocas bien abiertas, todo estaba bien y había que brindar, entonces se levantaron las copas y entró Amor elefante y se levantaron más altas las copas y como siempre se guiñó un ojo al querido Ricky Espinosa. En una fiesta así no se podía dejar de lado a uno de los grandes. Vino el vino y pegó tanto que lamenté no haber escuchado “Ajeno” después de ese espinazo.

Y después de cantarles el feliz cumpleaños, llegó el momento más hermoso, como ellos mismos dijeron. Las luces se tiñeron de azules y Anabella cantó “Noches de ciencia ficción“. En el fondo las estrellas del espacio y las siluetas en el escenario, fue el baldazo de agua al incendio, fue la calma. El recital no fueron solamente las interpretaciones de sus invitados: la danza de los principiantes nadie la baila mejor que ellos. Aparecieron sus dos gatos que habían quedado esperando en la habitación y todos se pusieron como locos. Los animales tienen eso ya de agradables por excéntricos, por eso se acercan a la pileta a tomar agua, porque ven en el reflejo nuestra noche. Para no cortar la animalidad y abrir la parte más ritual del recital para dar un buen cierre, desde lo más alto de la montaña que se había hecho en Niceto bajó el cóndor llamado Shaman Herrera, un ritual que estaba apunto de volver a estallar, las chispas habían quedado encendidas por todo el lugar y el incendio se estaba por prender de nuevo.

Y si se me permite, para mí el otro mejor momento fue su final, cuando se subieron todos al escenario y se generó una sensación muy envolvente que irradiaba festividad, todos siguiendo el ritmo, acelerándolo con lo que tuviesen a mano, algunos con platillos, otros con sus manos, otros saltando, lo importante era que estaban todos arriba disfrutando lo que había sido un gran fiesta de cumpleaños.

Mi amigo invencible – Foto: Melanie Guil
Mi amigo invencible – Foto: Melanie Guil
Mi amigo invencible – Foto: Melanie Guil
Mi amigo invencible – Foto: Melanie Guil