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De la mano del reconocido músico y productor Tweety González, el ciclo Renacimiento Pop -que inauguró su programación en la cúpula del CCK el pasado kueves 13 con la presentación de Leo García– propone un recorrido por distintos artistas de la escena independiente local a través de presentaciones gratuitas, y en ese marco, el jueves 20 le tocó el turno a Guillermo Beresñak y sus secuaces.

Oriundo del (no tan lejano) Oeste, aquel donde está el agite, Beresñak ya lleva un largo camino musical recorrido: su primer banda Antü (luego rebautizada “Yenifer y su auto mágico”) con la que grabó dos discos, el dúo de electro-rock experimental Le Microkosmos junto a Pablo Retamero, y sus cuatro discos editados como solista (uno de ellos, Mucha Madera, fue coproducido por el mismo Tweety González). En lo que respecta a su carrera como productor y arreglador musical hay también mucha tela para cortar ya que trabajó con artistas como Miss Bolivia, El Chávez, Coiffeur y Juanito El Cantor (a su vez ex Antü). Como si esto fuera poco, hasta se dio el lujo de viajar a Dubai a grabar a Diego Maradona y su hija Dalma cantando una canción para el mundial.

No importa qué características ofrezca un espacio; el artista siempre tendrá el poder para moldear la experiencia a su gusto. Lo que sucedió ni bien este joven de gesto inocente y melena copiosa se sentó al piano, fue un claro ejemplo de esto. Antes de interpretar el primer tema, ya desnudó sus emociones: resulta que a su chica le toca viajar seguido por trabajo y él, para extrañarla un poco menos, le escribió “Tus Giras”, esta suerte de canción de protesta hecha a medida del enamorado alone-at-home que eligió para abrir la velada. “Cuando vos no estás me siento poco”, sentenció Guille con su timbre acongojado, y nada más se supo de la solemnidad que gobernaba la cúpula antes de comenzar el show.

A semejante declaración de afecto le siguió “Parfum”, una balada para seguir profundizando en la filosofía Beresñak: Romántico incurable, sí, pero en versión mejorada; siempre con autoconciencia y madurez.

Para terminar de romper el hielo, invitó a los presentes a sentarse en el piso, y lo más acogedor que puede sucederle a un oyente sensible es encontrarse con un intérprete que no le teme a la intimidad.

El resto de los secuaces se materializaron recién al momento de “Martes 14”, cuya majestuosidad sonora (donde mandan teclados, sintes y una melodía versátil) dialoga con el espíritu spinetteano de la era Pelusón Of Milk / Téster De Violencia.

Guille se le animó a la guitarra y llegó el turno de la inédita “Gotitas”, una confesión pop sobre la ansiedad. Un rostro femenino a lo “Chelsea Girl” se adueñó de las pantallas (cuyas visuales hipnóticas supieron propiciar un trip aparte) y de un momento a otro, como quien no quiere la cosa, terminó de sonar “Como Un Avión”. Con estribillo perfecto y estructura contundente, de esas donde todo se pone mejor a medida que avanza, esta joya pop de corazón rockero se esfumó casi como un suspiro. Seguramente el deseo de gritarle a los músicos que vuelvan a tocarla se apoderó de unos cuantos, y sería glorioso que algún espectador audaz se atreviera a hacerlo en un futuro.

El rock nacional que curtió de pibe es uno de los principales nutrientes del universo creativo de este poeta made in Conurbano y eso, sumado a su versatilidad y un profundo respeto por quienes considera sus maestros musicales, le permitió despacharse con himnos generacionales en versiones bien enriquecidas y con sello propio, como fue el caso de “Pronta Entrega”, que aterrizó con aires de bandoneón.

Mientras la numerosa banda que lo acompañó no hacía sino lucirse, Guille siguió dejando claro que para él fraternidad y comunión son la clave, y que no se identifica con la clásica figura del rockero como fetiche intocable arriba de un escenario. Circuló por todo el salón, se abrazó con sus conocidos, interactuó con las cámaras que lo filmaban y hasta ensayó pasos de baile en un estilo muy particular.

Con “Romeo y Julieta” desenfundó otro delicado retrato de lo entrañable con huella de cantautor, universo que maneja a la perfección y que resulta aún más favorecido por su impronta vocal, un combo melanco-visceral condimentado, si se quiere, con un toque de excentricidad costelliana.

De ahí en adelante, y siempre siguiendo los avatares del hombre enamorado, la reivindicación de géneros populares tomó la posta. Pasando por el vals, el flamenco y la chanson (un capítulo aparte para Gabriel Santamaría en la guitarra) hubieron arengadas versiones de los clásicos “Yo no sé qué me han hecho tus ojos” y “Me quedo contigo”, e incluso un momento de flashback Antü, con “Esperanza“.

Después del viaje sideral con “Sin Moverse” (perteneciente a su segundo trabajo discográfico, del mismo nombre), llegó una versión electrizante de “Bajan” que homenajeó al Flaco con todo el rock que corresponde; tanto es así que Guille se dejó llevar e invitó a un amigo, presente entre el público, a cantar con él una estrofa.

Una buena melodía es, en gran parte, el corazón de la canción pop, y cuando arrancó “Por los días del sol” volvió a evidenciarse lo bien que se entiende Guillermo con esto de componer cosas que quedan inmediatamente adheridas al oído y al espíritu. “No me vengas a ver, te voy a desnudar/A veces soy un pez, otras un huracán”, gimió dejando su costado más ambiguo para el final de la noche y debe ser, entonces, que el amor después del amor se parece bastante a este universo puro y cautivador que eligió para regalarnos.

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