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La estrella catalana Sílvia Pérez Cruz brilló en Buenos Aires, durante dos noches del mes de junio, al presentar su disco Vestida de Nit (2017, Universal) en el ND Ateneo. La primera presentación que tuvo fue el sábado 10, y con ella abrió su gira en Sudamérica que abarcó también Mendoza, Santiago de Chile y Montevideo. Estuvimos presentes en esa segunda noche porteña, jueves 15, que no solo estuvo lleno de gente sino también lleno de cariño del público hacia a la artista ibérica.

Cuando me refería a Sílvia Pérez Cruz como estrella, no hablaba del nivel en el que está. Me refería a que su sola presencia, carisma y voz flamenca muy bien acompañada por un quinteto de cuerdas, sabe iluminar un teatro. Y abrió el recital con su versión de “Estrella” de Enrique Morente. En ese nivel mencionado, el de llenar dos veces un lugar, también ella se sorprende y comentó en un momento de forma sonriente “Que no es normal, ¡que no somos de aquí!”. En esos primeros momentos, alguien llegaba tarde al recital y Sílvia se percató de esto y bromeando con el recién llegado le dijo que solo lo esperaban a él y que le dedicaba la siguiente canción, la cual era el vals peruano “Mechita” de Manuel Raigada Ballester, siguiendo con la composición del venezolano Simón Díaz, popularizada por Caetano Veloso, “Tonada de Luna llena”. Cambia de idioma al cantar el fado “Extranha forma de vida” de la portuguesa Amália Rodrigues. En el mismo idioma pero con el acento brasileño, el cual ella mencionó que era alegre a pesar de cantar tristezas, hizo su versión de “Asa branca” de Luiz Gonzaga pero inspirada en otra versión que vió en YouTube de una presentación de Elis Regina al lado de Hermeto Pascoal. Vestida como una romana moderna, la tela de color salmón aterciopelado la hizo brillar como el quinteto de cuerdas en los que se encontraban: Josep Bracero en la viola, Joan Antoni Pich en el violonchelo, Miquel Ángel Cordero en el contrabajo, Elena Rey y Carlos Montfort en los violines. Sin olvidar la persona que le hace brillar su voz, el ingeniero de sonido Juan Casanovas.

El guiño al público argentino vino con su versión de “Carabelas Nada” del rosarino Fito Páez, parte del disco Tercer mundo (1990, Warner Music) junto a Refree. Y es que la gente no dejaba de decirle cosas: “¡Me matás!”, otra voz le secundó diciendo “Si es así, ¡qué linda forma de morir!”. Entonces en esas contradicciones y sensaciones que causa escucharla en vivo, es de lo que va la canción “Verde”… Verde esperanza, verde desesperanza. La canción forma parte de la banda sonora de la película Cerca de Tu Casa, en la cual también actuó. Siguiendo con esas canciones, e historias que hay detrás de ellas, hizo en inglés “Ay, Ay, Ay”. Ella cuenta que el director de la película le dijo que haga una canción estilo Shakira, pero le respondió que sus canciones no tenían el pasito (imita un bailecito de la colombiana), así que terminó haciendo una canción en la cual además colaboró su hija y las amigas. Divertida ella, volvió a imitar el pasito en medio de esta canción que le permitió llevarse un Premio Goya. Finalizando con aquellas canciones del disco Domus (2016), con la contestataria “No hay tanto pan”. Mientras contaba la historia, se escuchó en el teatro el lloriqueo de una nena y Sílvía, muy maternal, dijo: “No te asustes, es solo pan”. Al terminarla alguien le gritó que ella era un pan de Dios, y así siguió con la plegaria “Hallelujah” de Leonard Cohen.

Foto: Paola Ventieri

Acercándonos a sus orígenes, cantó su versión del poema que habla de los exiliados españoles: “Corrandes d’exili”. Más personal, en su historia de vida, realiza la habanera que sus padres compusieron, “Vestida de Nit”, canción que da nombre a su último disco, y en la cual se envuelve la historia de su padre gallego y su madre mitad murciana y ella nacida en un pueblo llamado Palafrugell (Gerona). En esta aclaración de que su padre era gallego, ella dijo riendo: “Pero gallego de verdad, y es que todos ustedes generalizan”. De repente, uno de los violinistas que la acompañaban esa noche le dio a entender que ella también estaba haciendo una generalización. En medio de esa habanera familiar soltó algunas estrofas de “El manisero” y de “Gracias a la vida”. Un falso final, con un aplauso multitudinario, dio lugar a una versión muy a su estilo de la famosa “La Lambada (Chorando se foi)” y la ranchera “Currucucu Paloma”. Pero el verdadero final fue con “Gallo Rojo, Gallo Negro“, para la cual se quitó los zapatos para poder sentir la energía del momento intenso que era el cierre. Y es que Sílvia, en medio del recital contó que ella quería vivir algo en su vida que le generara cambios e intensidad, y que por eso se entregó a la música. Y los que estuvimos esas dos noches de junio, le entregamos nuestros corazones y algunas cuantas lágrimas, que de seguro volveremos a derramar la próxima vez que venga a la Argentina por partida doble.

Foto principal y videos: Paola Ventieri

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