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La primera vez que los vi, en un boliche cercano a Niceto, por 2014, fue en el marco de la presentación de Phi, su primer disco de estudio: se presentaban en un formato más cercano a DJ set y en dúo, compuesto por Lucas Rañi (bajo) y Ale Zoras (drum machines). Una de las principales consecuencias post-grabación del disco fue el rearmado de la banda, sumando a quien fue el productor, Tomás Guida (sintes), a Agustín Areal Vélez (guitarra) y Vulkova Ryon (voz), consolidando el formato de banda en un quinteto que hasta el día de hoy vemos en el escenario. Esto permitió directamente la posibilidad de ejecutar más instrumentos en vivo, dando lugar, por ejemplo, al uso de bajo y guitarra eléctrica mientras las drum machines y sintetizadores son tocadas en tiempo real.

A partir de 2016, con el lanzamiento de SU.SY, la estética de la banda, ya sea el vestuario, las visuales o su manera de redactar estados en Facebook, tomó una fuerte impronta que remite directamente a una cuestión sci-fi del tipo 2001: Una odisea del espacio: a la puesta en escena la llaman “nave”, ellos son los tripulantes, son abordados por la interplanetaria vocalista Vulkova Ryon y por momentos hasta tienen su propio idioma. También a lo largo de ese año dieron una serie de shows detrás de una enorme pantalla de tela semi transparente que era proyectada mientras ellos tocaban detrás, ocupando todo el ancho del escenario (acomodando las dimensiones de la tela según el lugar donde tocasen).


El set presentado el pasado 1º de septiembre en el Lado B de Niceto redujo el despliegue técnico en función de la cantidad de shows que viene dando la banda a lo largo del mes (incluyendo Beatflow el sábado 9 y Teatro Mandril el 16) y así concentró la energía en un repertorio sólido que abarca tracks de ambos discos y se da el lujo de abrochar un cover electrónico del closing de Dragon Ball Z.

La nave se divide entre los tripulantes y las intermitentes presencias de Vulkova Ryon, paseándose de manera espectral entre gestos loopeados y melodías vocálicas reverberantemente dulces; las pantallas son paisajes de otros planetas o una serie de números de alguna de las computadoras de la nave y sumergen así a los espectadores en un viaje planetario al ritmo de bombos matemáticos y bajos hiperquinéticos (la mejor definición sería una suerte de walking bass electrónico). Siguiendo con la analogía de la nave, si el bajo y las baterías son el motor, los sintetizadores son el combustible para que se acoplen las guitarras delicadamente procesadas y encima de todo la voz de Vulkova cantando mantras marcianos.

El problema al salir de Niceto fue que me topé con una calle vacía, terriblemente aburrida, silenciosa y carente de vida. Llegué a la avenida, vi los autos y me pregunté si ya era demasiado tarde para volver a la nave.

Foto principal: Natalia Vidal