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Los integrantes de Pond son un grupo de multi-instrumentistas y adictos a la producción de discos: ya sea en formato solista, dúos o bandas paralelas, su creatividad permaneció en ebullición durante los últimos ocho años. Al principio, la idea de Nick Allbrook y Jay Watson se trataba de un proyecto colaborativo en el que todos tenían la libertad de hacer y tocar lo que quisieran, y esto también se reflejó en otros aspectos como el arte de tapa y los videos que grabaron junto a sus amigos de Perth, Australia. Después de editar su sexto disco, Man It Feels Like Space Again, la banda se encuentra en una etapa más estable, al menos con respecto a sus formación.

El domingo 6 de noviembre, el show de Pond fue una inauguración anticipada del Music Wins, el mismo festival que los trajo por primera vez a nuestro país en 2014. Para retratar esta experiencia a través de distintos puntos de vista, realizamos una especie de “reseña colaborativa” en sintonía con los orígenes de la banda y su espíritu de comunidad.

“Lo que más me impactó fue cómo manejan las dinámicas, tiempos y cambios armónicos de los temas; logran que tu atención esté todo el tiempo conectada al show. La variedad musical de la lista estuvo en equilibro perfecto y siempre tienen el valor de arrojarse un paso más allá. Por momentos se escuchaba a Black Sabbath, Flaming Lips, Stereolab y Bowie, todos juntos a la vez, y era genial. Otra cosa muy agradable fue que ellos la pasaron muy bien, reían, hacían guiños y el ambiente de felicidad y agite que había en el público también era fabuloso”. // Marts @TallerFulgor

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Foto: Tamara Larrañaga
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Foto: Tamara Larrañaga

El magnetismo que genera Pond es una de sus virtudes. A través de una ascensión lenta que se construye con voces y guitarras leves, nos llevan hasta el punto más alto de la montaña rusa para que el impacto de la caída sea aún mayor, y si nos damos cuenta de que se acerca la explosión de sintetizadores y guitarras distorsionadas ya es demasiado tarde para escapar del baile desenfrenado que se desata entre el público. Así despegaron con “Elvis’ Flaming Star” y “Whatever Happened to the Million Head Collide” antes de regresar a los pasajes idílicos de “Waiting Around for Grace“, cuya introducción en ritmo de vals remite a Spiritualized, y otro estallido de riffs distorsionados en “Giant Tortoise“.

“Fue muy surreal todo para mí. Nick estaba muy ido, me acuerdo de que dijo algo así como “thanks for being part of this rocket” y me miré con una chica random y nos empezamos a reír. Después dijo “it’s such a beautiful experience being here for me, and I think for you too, well… you have no idea about it but you will know someday”. Para mí tienen en mente que influenciaron a toda una generación a introducirse en la psicodelia o al menos a asomarse para ver cómo es, a sentir curiosidad. Son una especie de Flaming Lips modernos y fue hermoso ser parte de ese rocket con ellos durante unas horas. PD: Amo cómo se mueve Nick cuando toca, esos movimientos erráticos son de otra dimensión”. // Ataxia @ataxiawayne

Al igual que en su primera visita, la energía que desplegaron sobre el escenario fue muy contagiosa. Quizás se mostraron un poco cansados porque fue el último concierto de la gira. “We’ve all been very sick lately”, dijo Nick mientras agradecía un vaso de whiskey, pero parece que todos ellos disfrutaron esta despedida con la respuesta efusiva de sus fans. Un momento inolvidable fue “Don’t Look at the Sun or You’ll Go Blind“, cuando Allbrook saltó sobre el público y volvió al escenario sonriente pero sin sus alpargatas. ¿Habrá regresado descalzo hasta el hotel?

“Los Pond ofrecen una puesta en escena que se cementa bajo el manto de la psicodelia, pero logra su brillo definitivo en el maridaje con ritmos bailables. Allí, en su performance en vivo, se encuentra la mejor versión de la banda”. // J. M. @juanstraat

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Foto: Tamara Larrañaga
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Foto: Tamara Larrañaga

Sitting Up on Our Crane” en la voz de Jay Watson y “Man It Feels Like Space Again” son buenos ejemplos de la experiencia neo-psicodélica que inspira Pond a través de sus letras y paisajes sonoros. A pesar de que el supuesto revival de este género estuvo ausente y volvió a ser tendencia en los últimos años, quizás es efectivo porque despierta emociones que llevamos en nuestro interior, algo así como el DMT que se ingiere como un alucinógeno pero que también se encuentra en el cuerpo humano en forma natural. Si hablamos de música psicodélica o rock espacial, la combinación de efectos narcóticos y excitantes responde a la necesidad eventual de dar un paso hacia el vacío, “derrumbar las defensas psíquicas del oyente para lograr que el caos interior se fusione con el cosmos”, según Simon Reynolds.

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Foto: Tamara Larrañaga