Un día en la vida de una comunidad puede albergar muchas historias. Téhem (seudónimo de Thierry Maunier) se dedica a recortar, mezclar y exponer algunas de ellas en su libro Barrio Western.

El punto de partida, como en muchos otros casos, es azaroso. Una serie de personajes que, a priori, tienen muy poco que ver entre sí, se cruzan en un bar/almacén de mala muerte de la Isla de la Reunión, espacio que engloba el recorrido de los personajes. Luego de una secuencia violenta (pero que no pierde el tono cómico que se conservará a lo largo de la obra), el dueño del antro, quien sueña con dedicarse a su hobby, la fotografía, toma instantáneas de los clientes. Este hecho enmarca a los personajes, fijándolos también en la memoria de los lectores, y da comienzo a la narración episódica de una serie de historias llenas de peripecias que se entrelazan, eventos que se repiten y personajes que deambulan de un lado para el otro.

En Barrio Western el espacio y el tiempo funcionan con una lógica de repetición y variación: mientras que algunos lugares y acontecimientos se muestran varias veces (aunque siempre desde puntos de vista diferentes, que los resignifican o al menos agregan información faltante), otros aparecen por vez primera y se acumulan sobre los anteriores. Es el lector, entonces, quien debe terminar de decodificar toda la información que estas capas ofrecen para cerrar las historias de manera completa (o, al menos, de la forma más entera posible). Por otra parte, el día en el que transcurre toda la acción se siente como cualquier otro; como si todo lo que sucediera en la isla fuera constante, inamovible, tanto como esas pintorescas fotos de los visitantes que el almacenero toma. El espacio también acompaña esta visión conservadora: si existe algún cambio, éste se da por fuera de ese lugar.

El tono de las historias que componen Barrio Western es variado: si bien la narración nunca se despega de forma completa del realismo, la comedia, una serie de conexiones de causa/efecto muy ligadas al género de la aventura e incluso unas pizcas de elementos sobrenaturales (muy al estilo del realismo mágico) siempre aparecen para aliviar la solemnidad. El dibujo de Téhem es, en este sentido, acorde a lo que relata: los personajes animalizados nos permiten tomar un mínimo de distancia de lo que sucede. Así, dan la (falsa) sensación de ocurrir por fuera del ámbito de lo humano. Además, la exageración de sus rasgos (codificados en concordancia con sus personalidades) contrasta con el realismo del barrio y de los objetos que rodean a los personajes: sus autos, sus casas, sus electrodomésticos, las decoraciones.

El dinero sobrevuela de manera constante las historias y deambula tanto como los personajes de Barrio Western. A veces aparece en su forma material (algunos personajes lo tienen, otros lo roban, otros tantos lo encuentran), pero también aparece en las descripciones, ambiciones, miserias, tramas y subtramas del mundo que nos presenta la obra. Las divisiones de clase son notorias entre los personajes y se observan hasta en los gestos mínimos. Este esquema, en concordancia con el tratamiento del espacio-tiempo parece imposible de romper.

Barrio Western nos ofrece una rápida mirada por las vidas de un pueblo humilde, cargado de conflictos que se entrelazan con sutileza, y que hacen trabajar de forma activa al lector, que debe completar, como si se tratara de los momentos entre viñetas, los vacíos y repeticiones de las historias, las relaciones entre los personajes y el futuro que le depara a cada uno de ellos la cambiante (y al mismo tiempo estática) Isla de la Reunión.

Barrio Western

2018 – LocoRabia

Novela gráfica. 132 páginas.
Guion y dibujo: Téhem.