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Cuenta una vieja leyenda (o mejor dicho la trivia de IMDb) que al proyectar por primera vez Team America de Matt Stone y Trey Parker al grupo de productores de la empresa, uno de ellos se levantó indignado de su asiento al grito de “¡Nos robaron!” al ver cómo su inversión de 15 millones de dólares se había convertido en una simple marioneta como las que se ven en las plazas. Para alivio de aquel productor, se trató solo de una broma y luego de esa secuencia empezaba una de las mejores comedias de los últimos tiempos con marionetas que justificaban tamaña inversión.

Con Fragmentos y Distorsión de Iván Riskin nos sucede algo similar, en una primera ojeada a sus páginas nos viene una primera impresión de estar ante un dibujante de pocos recursos que dibuja rápido y simple que ni siquiera se toma el tiempo de borrar las fallas escritas sino que tacha y escribe abajo como hacíamos en la primaria para no perder lo que la maestra dictaba. Pero si nos quedamos con esta idea inicial, nos estaríamos perdiendo de una obra de humor absurdo que es una bocanada de aire fresco en este género que cada vez tiene más de absurdo que de humor.

Riskin juega con el lector al mostrarle un mundo que parece simple y desprolijo, al que sólo podemos ver la verdadera calidad que tiene cuando nos adentramos a él y vemos cómo el autor controla perfectamente el caos que reina en su dibujo, cada línea y dibujo que parece un error está justificado, todo tiene su sentido para exteriorizar los sentimientos de sus personajes y sacarnos una carcajada al entender cómo este desorden que parece un sinsentido tiene una justificación. Y es en este punto que la obra de Riskin sobresale de entre otras tantas de su género, el absurdo o lo bizarro es gracioso sólo cuando tiene un sentido, no sólo cuando se lo utiliza para romper los límites de lo políticamente correcto.

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No estamos solamente ante una obra de humor gráfico, la narrativa es otro punto a favor. Los diálogos de los personajes son reales y muy fluidos. Siempre hay una frase bien colocada que nos cambia el sentido de lo que veníamos leyendo y nos hace reir. A medida que avanzamos en la lectura nos encontramos con repentinos cambios de sentido de lectura y con personajes que traspasan los límites del cuadrito. Otra de las trampas que utiliza el autor para ponernos a prueba si estamos atentos en la lectura o solo queremos terminar el libro porque sí.

La mayor fortaleza de Riskin está en la composición de las páginas. Sabe plantarse y armar el espacio a su gusto para sacar lo mejor de su dibujo sin limitarse ni al mismo espacio de un cuadrito. Las ilustraciones a página completa son la perfecta demostración de esta habilidad, en las que pareciera que no quiere malgastar ni siquiera el más mínimo espacio. Como si de chiquito lo hubiesen retado cuando no hacía uso de toda la hoja.

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Hay casos en que las antologías de un mismo personaje -que reúne distintas tiras que fueron pensadas para presentarse de forma independiente y con espacio de tiempo entre ellas- terminan aburriendo por cansancio, al notar que se repiten ciertas fórmulas. No es el caso de Fragmentos y Distorsión, que en cada vuelta de página nos sorprende con una historieta en apariencia similar pero con un humor nuevo y distinto al anterior y permite seguir leyendo sin detenernos a descansar porque lo estamos disfrutando.

La edición a cargo de Wai Comics tuvo un gran acierto al hacer que todo el diseño fuese dibujado o escrito por su autor, como si el texto correspondiente al lugar de la impresión fuese parte de la historieta, dándonos un mensaje claro desde el inicio: el caos de esta obra está perfectamente controlado por Iván Riskin.

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