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Cuando la revista Fierro volvió a nuestros kioskos significó muchas cosas. Por un lado (y el punto más obvio) el regreso de un ícono que marcó una época y que daba un contundente mensaje: la historieta argentina definitivamente estaba reviviendo luego de años de combate en forma de fanzines, ediciones y festivales independientes. Y por el otro lado (ya el punto más importante) era que nos reencontrábamos con autores que hacía años no podíamos disfrutar en papel y en una edición local. Uno de ellos era Fernando Calvi, un excelente autor que nos sorprendió con la poética y visualmente atractiva Altavista, que se presentó durante un largo tiempo (tal vez un poco demasiado) en las páginas de la revista.

En la literatura, y en otras obras de arte, la tierra de México está encasillada como el lugar del mundo para escaparse de algo, así como Italia es el territorio de la mafia. El motivo más común de los escapistas, y del que la obra de Calvi hace varias referencias, es el de no rendir cuentas ante la Ley. Luego podemos encontrar otras razones como huir del pasado, de un presente complicado o bien de promesas de violencia de terceros. En esta historia, el señor T. huye hacia suelo mexicano buscando un lugar para morir, luego de haber roto con su promesa de amor eterno; al aterrizar se encuentra con un habitante de esas tierras que le da una lista de lo que debe hacer antes de morir.

La lista que debe cumplir el señor T. le servirá para descubrir a México, lugar que solo veía como un perfecto cementerio, y también para alargar la ejecución de su decisión e indirectamente reflexionar si tomó la decisión correcta. Este viaje será narrado con una línea similar a lo visto en Altavista pero sin un texto tan presente y poético sino con diálogos entre personajes y pensamientos con las palabras justas que con un estilo casi detectivesco, nos dan pequeñas pistas de lo que está sucediendo en verdad, de la trama oculta detrás de la lista de su protagonista. Acá nos encontramos con un punto fuerte de la obra, donde la presencia de una narrativa vinculada a la metáfora genera un juego para el lector quien debe interpretar el fondo de la trama y pensar lo que los personajes están viviendo. De esta forma queda atrapado en una narración perfecta y misteriosa que por supuesto tendrá diferentes interpretaciones para quien lo lea, pudiendo imaginar significados y tramas o bien una historia bizarra con personajes extraños que se comportan de esa forma porque ya no tienen nada que perder.

Párrafo aparte para lo impecable del arte: Calvi se las arregla para que cada una de sus obras tenga una impronta propia (además de la ya cita Altavista, podemos hablar de El Maquinista del General, Lo Blanco del Ojo, etc.), manteniendo su propio estilo logra generar una innovación que queda perfecta para cada obra, logrando que cada una sea única en su arte. En este caso el dibujo se mezcla con un guion misterioso, se generan primeros planos que nos eliminan la vista general para que no podamos ubicarnos, el color se sale de sus límites para dar esa sensación de irrealidad y la línea se multiplica en las formas dibujadas para crear un ambiente onírico que le da más fuerza a la trama. La edición del libro acierta muy bien al elegir un papel con un color de fondo que acompaña muy bien al dibujo, siguiendo al misterio de la historia en pequeños detalles como la biografía de Calvi y agregando un valor extra con su prólogo y epílogo para quienes ya leímos la historia en Fierro.

¡México Lindo! (ed. Loco Rabia) es una gran obra, no por su historia sino por su ejecución con diálogos perfectos donde no sobra una palabra, todo encaja en su sitio y con un dibujo soberbio que ya vale por sí solo.