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“No hay nada nuevo bajo el sol” (seguramente el mismo bajo el cual volaba Ícaro), es una frase que se nos viene a la cabeza al leer sinopsis de películas, programas, libros y/o historietas, y es que ya no buscamos una idea original que nos parta la cabeza sino que el atractivo de una obra pasa por cómo es contada. De esto hay grandes ejemplos y uno de ellos es El Sueño de Ícaro, la primera novela gráfica del autor brasilero Brebre.

Estamos ante una historia autobiográfica en el que el autor nos relata su vida desde sus primeros años en Brasil hasta su mudanza a Buenos Aires donde se reencuentra con su pasión: dibujar, abandonada por las presiones cotidianas de la vida. Un argumento que ya hemos visto en otras oportunidades, sin ir más lejos en la genial Extraño de Fran Fantino. Y nuevamente, como en esa obra, lo más destacado del libro pasa por cómo la historia es contada a través de un hermoso arte.

El dibujo es un verdadero banquete visual que, como su personaje, se desarrolla página a página, teniendo un inicio muy tranquilo sin grandes atractivos para luego ir desenvolviéndose y dar una clase de narración visual con las portadas de los capítulos, las metáforas visuales, la composición de las páginas y de sus secuencias. El texto queda relegado a situarnos en el espacio y el dibujo es el encargado de trasmitirnos los sentimientos del autor, de sus miedos, decisiones y sensaciones. Y ya cuando la historia está encaminada es cuando quedamos atrapados en una historia sin atractivos pero visualmente encantadora en el que sus 200 páginas se leen rápidamente.

El guion entiende esto y le otorga los espacios necesarios para que el arte pueda explayarse sin inconvenientes. Otorga la duración exacta de las escenas y las presenta en el momento oportuno para darle una buena continuidad a la historia y que su lectura sea ágil y llevadera, a pesar de que casi no existen los diálogos entre los personajes y cuando lo hay no es para destacarlo más que por su sencillez.

El Sueño de Ícaro es una obra visualmente atractiva y muy atrapante que a pesar de su cantidad de páginas y la ausencia de un guion fuerte, su lectura es rápida y, gracias a su final, emotiva. Será interesante ver otro trabajo de este prometedor autor.