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Por un lado, David Lynch, William Burroughs, Francis Bacon. Por el otro, Krang, Hordak, He-Man. Todo eso (y mucho más) se mezcla en la obra de Pedro Mancini, quien ha sabido crear un mundo personal a través de una particular unión de sus influencias artísticas y culturales. Con la ayuda de la difusión por redes sociales, produjo personajes y tiras memorables, como Alien triste o No soy Hordak, y se convirtió en uno de los nuevos nombres de peso de la historieta argentina contemporánea. Ultradeformer es uno de los tantos libros que publicó en 2016, año definitivamente consagratorio para su figura. Editada por el ascendente colectivo cordobés Prendefuego, la publicación consta de una serie de historias cortas con una temática o un trasfondo en común: Ultramundo, una realidad alternativa, cruel pero reveladora.

Ya la portada funciona como advertencia del contenido del libro: entre otros personajes que aparecerán más adelante, se destaca la presencia de un hombre cuyo rostro es un portal a otra dimensión. La primera historia, la más larga, nos lanza a una intriga policial, con fuertes reminiscencias a Twin Peaks, y nos lleva en un viaje de descubrimiento tanto del crimen como de la interioridad del protagonista. El resto de las historietas son introducidas y finalizadas, como si se tratara de algún episodio de Cuentos de la cripta, por un personaje que media entre el Ultramundo y nosotros, los lectores. Y en todas ellas existe este pasaje a una realidad otra, dualidad que se acentúa por el uso del blanco y negro como dos grandes polos gráficos.


Una cierta idea de la infancia aparece en la obra de Mancini. En primer lugar, algunos personajes o temas de las historietas están directamente relacionados con manifestaciones de la cultura popular (más específicamente, con ciertos dibujos animados como He-Man, Las tortugas ninja, etc.) que remiten indefectiblemente (aunque no de forma excluyente) a la infancia de una generación (quizás podríamos decir “nuestra” generación). En ese sentido, parece existir una búsqueda de empatía, un guiño del autor a sus posibles lectores. Pero, además de esto, la obra genera lazos con la tradición de los cuentos populares (fiel a las versiones menos edulcoradas de estas historias “para niños”). Mancini mezcla estos dos tipos de relatos (dibujos animados de la televisión ochentosa, cuento popular tradicional) que son socialmente confinados (mayormente con un dejo de desprestigio) a la infancia, y actualiza la tradición popular infantil con el ingreso de la cultura de los medios masivos de comunicación, mostrando el costado oscuro de los relatos (mal llamados) “para niños”.

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Para conseguir ese tono siniestro, es primordial la utilización que el autor hace de los personajes y los espacios. Niños o animales (u hombres con máscaras casi perfectas de animales), guiados por diversos personajes misteriosos, o por su propia curiosidad, se alejan de su mundo cotidiano para adentrarse en nuevas realidades. Los espacios, por su parte, tampoco son los de nuestra realidad mundana; por el contrario, se componen más bien por casas de madera en bosques idealizados, no exentos de un tamiz tétrico que los hace parecer posibles escenas de un crimen. El dibujo, que oscila entre un realismo plagado de obsesivas tramas, perfectas para describir los horrores del Ultramundo y un estilo más caricaturesco, sintético e inocente, le sienta perfecto al carácter siniestro de las fábulas de Ultradeformer. Esta amplitud de registro gráfico permite que el humor florezca en algunas historias (es destacable “El hombre que no podía bailar inventa la máquina de desaparecer”, que despliega las dosis justas de melancolía, ternura y humor).

Detrás de la aparente inocencia de los personajes y de los espacios que habitan anida una realidad siniestra, que nunca se revela completamente, en la cual reinan la muerte y lo inhumano. Nunca entramos del todo al Ultramundo; es demasiado peligroso. Solo podemos soportar destellos de esta cruel dimensión. Pero ya es suficiente: “la crueldad es ante todo lúcida”, diría Artaud, en concordancia no casual con la obra de Mancini. La transformación ya está en marcha y, gracias a ella, no seremos nunca más los mismos.

Ultradeformer

2016 – Prendefuego colectivo editorial
Antología. 44 páginas.
Guión y dibujos: Pedro Mancini.

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