En la española como una escena pujante, sobre los andamios de una identidad en desarrollo por fuera de lo tradicional, coexisten diversos focos de sinergia repartidos en un ensayo federal. Uno de ellos, al cual cabe prestarle suma atención, emerge en torno a la comunidad autónoma del País Vasco. Particularmente Munguía es el poblado de donde proviene Belako.

Este cuarteto avanza con una propuesta que oscila entre el post punk británico y el indie como géneros generosamente amplios. Lo cierto es que han logrado conjugar influencias marcadas para reformularlas desde una postura propia. Tratando de escaparle a esos rótulos hablan de un “No estilo”.

“Nos gustan especialmente los ’70 y ’80 pero bebemos de muchas cosas y tocamos muchos palos diferentes. Escuchamos desde música clásica hasta electrónica”, refiere Lander Zalakain, baterista del grupo.

Narra la historia que Cris y Josu coincidieron en la Escuela de Bellas Artes y allí se percataron de los gustos compartidos. Sumaron a Lore, hermana bajista de Josu, con quien comenzaron a componer. Un año después llegó Lander y finalmente se agruparon apenas sobrepasando la adolescencia, en mayo del 2012 según lo indica la memoria.

Un concurso de maquetas de la radio gubernamental funcionó como vidriera y catapulta hacía nuevos horizontes. Lander comenta:

“Ganamos y tocamos en el Festival BBK Live. En ese momento para nosotros fue algo impresionante. Ahí fue cuando empezamos a tocar más, a coger tablas primero en el País Vasco y luego por España”.

Tres discos; Eurie (2016), Hamen (2016) y Render Me Numb, Trivial Violence (2018) y el desplazamiento por grandes escenarios de Europa Central, Rusia, Japón, Coreo del Norte, México y Estados Unidos y hasta Filipinas han sucedido desde aquel entonces. Belako viene confirmando una consistencia sonora que han sabido vincular también con un concepto en la temática de sus canciones.

“Nuestro tercer álbum es el más contestatario, hay un hilo conductor entre todos los temas, son reflexiones de cosas que ocurren a nuestro alrededor y que consideramos injustas. Entre ellas la violencia machista, el bloqueo a los inmigrantes, la corrupción política”, sostiene Cris Lizarraga, quien le pone voz a sus letras y se encarga de los teclados.

Sobre el funcionamiento colectivo asumen un trabajo de autogestión, incluyendo a Belako Record como una plataforma que reconocen cuasi simbólica pero que les permite libertad creativa. Cris afirma:

“Queremos que todo quede en casa hasta un punto casi loco. El arte de los dos primeros discos lo hicieron los padres de Josu y Lore, el del último unas compañeras de la universidad”.

Una particularidad que detenta Belako es la inclusión del idioma euskera entre su repertorio mayormente cantado en inglés. “El euskera es un idioma minoritario, muy especial porque es más antiguo que el latín. Queríamos hacer música en euskera porque le da otra dimensión a ese idioma. Te sentís súper realizado cuando llegás a otra ciudad y te están coreando en euskera”, entiende Josu Billelabeitia, guitarrista y principal artífice del sonido que persigue el grupo.

Con una proyección en curva de ascenso, Belako mantiene un instinto puro para con la música y lo que hay detrás. “Cuando ves que hay mucha gente que va a verte y te sigue, ves que tenés una responsabilidad de no defraudar. De igual siempre decimos que si algún día nos aburrimos o nos cansamos lo dejaremos”, cierra Lore, la encargada del bajo, con un desenfado atribuible a sus cortos 23 años.