Foto: Rocío del Pilar

El ahora de la Unión Soviética es Agua. Y es la música que cualquier ser viviente quisiera estar escuchando cuando exploten las primeras bombas de la próxima guerra mundial.

Grabado en Estudio Quinto, en la periferia de la ciudad capital, lo nuevo de “La U” corre -con disimulo- el cortinado de la antesala del conflicto bélico y empuja con su arengue incendiario (¿pop? ¿acid? ¿post-punk?), a subir el volumen, tirar pasos de baile y hacer negocios con lo satánico.

Sobrios y quilomberos, el trío de voz, bajo y guitarra se potencia en conjunto y dispara una sinergia repartepalazos en “Represión, un dark illegal affaire en “Prisión“, un pop BDSM con “Cable“, y un hipnotismo ácido con esos dos mantras de resistencia que son “Agua” y “Pan“. Infiltrados en el lobby de lo sucio (e invitando a hacer lo mismo), estos tres marginales (¿acaso no es el conurbano un margen político?) se mueven con soltura en lo suyo y avanzan libres de chirimbolos pretensiosos y alardeos.

Me gusta pensar que el sostén conceptual de Agua es una política del camuflaje que endulza al enemigo -el capital, la política convaleciente, el mismo lenguaje- en la primer copa para envenenarlo con la segunda. Un movimiento (más que) musical de espionaje discreto y efectivo. La próxima guerra va a ser por el agua y los de Unión Soviética lo saben. Alístense. Y tomen Agua.