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Habitación es un disco que cumple con lo que enuncia un título tan conciso: una apertura sentimental desde los rincones más íntimos del propio artista, evitando caer en el abuso del lo-fi para ambientar lo casero de la obra, con una producción sonora impecable. Grabado y mezclado por él mismo, Ariel Bori nos sumerge dentro de su soledad y nos cuenta sobre sus victorias, sus fracasos y sus deseos.

En “Atarnos” vamos a encontrar intimidad y calidez, donde de la mano de una guitarra acústica se nos introducen acordes que exhalan tristeza y dulzura. Junto a esto, el suave relato de Ariel lidera el asunto narrando esas complicadas instancias que padecemos a lo largo de una relación con unos versos sencillos y efectivos. “No está bien atarnos, si luego nos escapamos de aquí” canta(mos), y logra erizarnos un poquito la piel con las oportunas intervenciones de cuerdas y pianos. Una de las canciones de amor más lindas y pequeñas que van a encontrar, de esas que uno escucharía al momento de sonorizar una crónica de amor no correspondido.

En lo que quizás sea la canción más intimista del EP, Bori logra destacarse con su agridulce canto. ¿Cómo? Remitiéndonos a aquellas sensaciones que nos despiertan esas personas que agradecemos cruzar en nuestro camino. ¿Dónde? “Acá“. Propinando un excelente manejo de los matices, el tema conduce a un clímax con un contrapunto de cuerdas y piano que no nos deja más opción que cerrar los ojos y detenernos a pensar en alguien. El final, con ciertas reminiscencias a Aristimuño, nos infunde una sonrisa similar a aquella con que topamos en el espejo tras finalizar una primera cita.

“Quiero valentía para contarte más de lo que pienso cuando no estás”. Pareciera una versión menos pesimista de una letra de Santiago Motorizado, pero se trata de uno de los versos más bellos de “Para llegar y perderme igual“. Luego de un excelente arpegio inicial, Bori cuenta de una hermosa manera todas las cosas que nos despierta esa persona, acompañado siempre por su acústica y por unos oportunísimos teclados. Y por si fuera poco, un solo de guitarra cristalino y limpio termina de redondear la dulzura de la canción, recordándonos al Elliott Smith de XY.

Ensoñación, dulzura, calidez y desolación son ambientes asiduos en Habitación, que cuenta con el potencial para convertirse en ese disco que escuchamos en tiempos de inestabilidad sentimental. El primer álbum de Bori es un fiel retrato de las emociones que solo permitimos que ocurran en nuestra intimidad; y este joven de 22 años nos abre las puertas de su pieza para hacernos sentir un poco más acompañados. Muchas veces eso es lo único que hace falta.