Foto: Cortesía de Lost Navaja

He llegado al Sams de Mederos, se encuentra algo vacío, a punto de cerrar, algún olor me recuerda a mi familia; una pareja camina por el área de cafetería con un barquillo de nieve y un café americano. Durante este mes aislado en las calles, estoy aquí a las 8:36 de la noche, a la mitad de nada, aún sin saber bien cómo llegar. Las cosas no han sido fáciles, quién iba a pensar que así mismo lo definirían ellos en aquella terraza.

Llego a la casa de Rogelio para la grabación del nuevo EP de Lost Navaja, todos están en su recámara mientras Heriberto graba las líneas de bajo, lo ha hecho en cuatro tomas y otras dos interrumpidas. Se trata de un EP de dos canciones que explora el lado oscuro de ciertas ideas, refieriéndose al tema, Heri explicó:

“La intención de estas canciones es que sea totalmente enérgico, mucha guitarras y en las letras tratar de explicar el lado oscuro de ciertas ideas. Y pues ya, rock and roll”.

En tres años de actividad la banda se ha caracterizado por su sonido directo, rock and roll sin rodeos y al grano. Lost Navaja navega, se puede decir, bajo las influencias del metal y el punk; la música de Rogelio, la inspiración lírica de Heriberto y los golpes en la batería de Mike.

Después de un rato subimos a la terraza para hacer una entrevista. Una puerta se abre, vamos por una escalera estrecha en forma de caracol, como si nos condijera por un pasadizo secreto. Aquí todo es oscuro, sopla el viento, todos usamos chamarras mientras weed pasa de mano en mano. Nos acompaña un silencio junto aquellas sombras, y más viento. Aquello parece una triste escena, mientras pienso que debo parar de escribir.

Si bien su producción pasada fue grabada completamente en vivo con la intención de obtener un sonido más garage, la banda de Mitras reflexiona, hace pausas, se da su tiempo para ser más creativos desde cada aspecto para lograr llegar al sonido que ahora buscan.

Al respecto, Rogelio comentó:

“Este material, a diferencia del anterior, va a tener un poco más de producción ya que todo lo estamos haciendo por tomas separadas. Entonces sí habrá un cambio a lo que tenemos en Spotify actualmente que es el Menos Positivo, ese sí fue grabado completamente en vivo”.

Asimismo, el guitarrista agregó:

“Sí era la intención buscar un sonido así, más garage, pero creo que se nos pasó la intención”.

Foto: Luis Talancón

Al proyecto se siguen sumando personas diferentes aspectos, como Benjamín Cárdenas, que en palabras del grupo “es el otro guitarrista de Lost Navaja”. Cárdenas, que puede ser ubicado por su proyecto el fanzine Punkroutine y la banda Robanovias, fue el encargado de la dirección y edición del video para “Everest”, bajo la producción del mismo Heriberto Mondo.

El lanzamiento de un video tan bien logrado anuncia la evolución de esta banda que actualmente radica en el norte de México, Monterrey, Nuevo León. Sin duda esta banda encarna a la perfección el DIY con sus próximas grabaciones completamente grabadas en casa, una especie de colectivo formado entre amigos con los que logran plasmar todas sus ideas desde música hasta visuales.

Puede que Monterrey tenga lugares más que adecuados para tocar, oídos que entre pausas escuchan algunas bandas locales, consumidores de discos y mercancía de la escena; pero nada llega gratis. Con tres años como grupo, Lost Navaja ha aprendido que las cosas están ahí para tomarlas, pero aquello no quiere decir que sea fácil.

De cualquier modo, esto comentó el guitarrista de la banda:

“Ya nos hemos dado cuenta que no está fácil, tampoco imposible, que sí se puede woe. La única diferencia entre los weyes que no están ahí, tocando en los lugares chidos, es simplemente porque no están haciendo las cosas que deben de hacer, como ensayar”.

La música y los encuentros con persona no son ninguna casualidad, y ahora, justo ahora, en que esta parte de mi vida se torna bastante sosa, que los días y las noches pueden pasar por cualquier otra, entiendo el lado oscuro de esta postal a las montañas con el viento, y las sombras por la calle solitaria. Hoy estoy aquí en un regreso a casa, sin la mínima trascendencia, pensando que he entendido sin escuchar el mensaje.