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Hace unos años que la moda de los One Man Band explotó en el Río de la Plata. Muchos aparecieron con el bombo, el hi-hat, la guitarra y la armónica a hacer intentos de blues o rock and roll primitivo. Era un método simple y que permitía tocar en cualquier lado. También era un método limitado y que generaba una cantidad de variables mínimos y se convertiría pronto, como pasó con la gran mayoría de los one man bands, en algo previsible y aburrido luego de la segunda canción.

Han aparecido One Man Bands que graban en estudios de grabación con productores de primera línea y con mucha inversión en instrumentos, imagen, lobby y sonido. Algo así como el que se compra la camioneta para compensar algunas carencias. Esta carencia puede ser muchas veces el talento o la simple capacidad de componer canciones capaces de empatizar con el público.
Ross es un músico oriundo de Boston que se radicó en Montevideo hace unos cuantos años tras conocer a su mujer. En Montevideo nacieron sus dos hijos y recién hace muy poco comenzó a entender español. Sus apariciones en la escena siempre no han pasado desapercibidas. Por menores que fueran, y por escaso que fuese el público, es difícil encontrar a alguien que lo haya visto que no se haya ido con la idea de que acababa de ver algo realmente importante.

En 2013 sacó su primer disco The Modern System Demigod Blues, en donde marcaba un estilo claro. Lejos del revival noise de las bandas de la época su primer disco se caracterizó por ser completamente acústico. Un bombo, la guitarra, armónica, hi hat y un micrófono. Con una voz muy particular capaz de combinar la crudeza de Howlin Wolf o Tom Waits con secciones más melódicas y suaves, su principal característica es lo entrañable que son sus canciones a primera escucha. El folk, el blues y el country de raíz están presentes en cada una de sus canciones y de una manera muy pura. Parece fluir naturalmente, puede esto también ser por sus orígenes. Lejos del tango, el candombe o el rock rioplatense, Ross nació con estos sonidos que lo han acompañado durante toda su vida.

Su primer disco tuvo una gran recepción del público pero también dejó en evidencia su gran problema: Todas sus canciones eran en inglés y en algunos círculos eso no terminó de gustar. Los problemas de un angloparlante que casi no maneja el idioma local también le jugaron en contra, era muy difícil para el ponerse en contacto con medios de difusión y que estos le pudieran hacer una entrevista.

Su segundo disco es una rareza que nace de su asociación con el músico uruguayo Gino Tunessi. Un disco con timbres y sonidos más cercanos al dark country de The Handsome Family o Trailer Bride que del country tradicional y con letras aún más personales. Basta con escuchar “Tristán Narvaja” para entender las angustias de un hombre atrapado en un idioma que no entiende “Dime algo importante, I won’t understand anyway”. Electronic Plantation es un disco que no esperaba ver la luz. Es un disco de alt country experimental, con secciones vocales primitivas y trivales (Ver la canción “Popo Pepe on the corner“) que por momentos nos recuerdan a la época más experimental de Beatles o Pink Floyd (salvando las distancias) y con varios invitados. Algo es seguro de éste disco: MF1MB ha cambiado el concepto de One Man Band y ha dejado la vara muy alta para los que vengan atrás.