El proyecto Rubio cruza a la cantante y baterista Fran Straube (de Miss Garrison), y al productor Pablo Stipicic. A semanas de presentarse en la edición chilena del Festival Lollapalooza, acaban de presentar un nuevo EP (I), ante último capítulo de la saga que se iniciara a principio de 2017, con la publicación de R.

Llegué a Rubio, a través de “Luz”, track que forma parte de del primer EP de la saga, y que cuenta con la colaboración vocal de Carlos Cabezas (Electrodomésticos). Esa canción, que me abrió al universo endemoniado de Straube y Stipicic, fue como un cachetazo. Durante semanas no podía dejar de escucharla. Tuve la secreta esperanza de que se tratara del adelanto de un larga duración. Que ese primer golpe fuera, solo el comienzo. Y no me equivoqué. En lo del golpe, digo. El formato de dosificación tuvo sus particularidades.

Ante la posibilidad de editar un álbum completo, ambxs decidieron hacer el camino inverso. Ir soltando de a poco sus sonidos, para atravesar todo 2017 en constante renovación.

Si bien, como dice Fran en varias entrevistas, cada EP tiene su estética y su lógica interna, al escuchar en continuado lo que viene generando con Rubio, unx tiene la certeza de que hay algo más. Sí, cada EP presenta un universo sonoro y conceptual bastante distinto entre sí, pero la potencia no merma jamás. Canciones desoladas que pueden llevarnos a la pista de baile, ya entrada la madrugada, como en el caso de “Hacia el fondo” (de I), celebratorias como “Las plantas”, u otras, perfectas para acunarnos con los primeros rayos del amanecer, como la citada “Luz”, o “Seres invisibles”.

Lo que conmueve no es sólo el maravilloso rango vocal de Straube, sino esas capas sonoras que se superponen, amables, sin entorpecerlo, o haciéndolo explotar en mil sentidos. Lo que intento decir es: la química entre ellx y Stipicic funciona de maravillas. Ellx es unx depredadorx heridx, intentando renacer, en un bosque que se incendia. Pero en ese recuperar el pulso, la sostiene la vitalidad de los teclados, la esperanza de encontrar, con su par en la manada, el claro donde descansar el lomo.

Sólo resta una última entrega de este viaje, O. Hasta entonces, lxs invito a descubrir el sendero que vienen trazando, desde R, estxs animales que no le temen a la belleza.