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Guitarrista, cantautor, artista audiovisual, nominado al Latin Grammy por su labor con la banda de rock Luz Verde, el venezolano Willbert Alvarez presenta ahora su primer disco como solista Musical animal, producido en Madrid, España, en Playground Estudio por los hermanos Germán y Nerio Gutiérrez. Once temas componen esta sorpresa que no se esperaba de Alvarez, quien demuestra otra faceta musical: más introspectiva, en la que el cantante explora sus emociones, situaciones personales y su manera de ver y, asimismo, los expresa a través de esa búsqueda entre géneros como el blues, country, swing, ragtime, rock and roll y más ritmos y elementos sonoros. La incorporación de objetos del entorno le otorgan un carácter más orgánico y natural a este debut discográfico.

¿Qué tiempo tenías escribiendo los temas de este primer disco?
Este disco lo estoy escribiendo de manera itinerante durante los últimos cuatro años. Pero no quiere decir que estaba componiendo para grabar un disco. Simplemente son canciones que iba haciendo a lo largo de los años y que representan momentos de la vida en los que uno se ubica. Ayudó mucho estar de gira con mi banda Luz Verde y otras bandas, es lo que dio el bagaje y las experiencias necesarias para considerar hacer un disco.

¿Te imaginabas que en algún momento ibas a grabar en solitario o más bien te venían haciendo esa propuesta?
Era más bien una especie de deseo. Venía dándome cuenta de que me gustaban mucho estas canciones que tenía por ahí guardadas y, en el fondo, pensaba algo así como: “¡Oye!, sería bonito que estas canciones no se quedaran en el tintero ¿no? Que alguien las escuche”. Fue como si ellas mismas me estuvieran pidiendo ser compartidas, escuchadas. Luego, casi por casualidad apareció la gente del estudio/productora Playground de Madrid, y me preguntaron si no tenía material aparte, yo simplemente recuerdo haber sonreído un rato por lo acertado del momento.

He leído que defines Musical animal como más orgánico, experimental y más acústico, ¿es así?
¡Lo es!, comparándolo con el tipo de aproximación que venía haciendo con Luz Verde, mi banda durante veinte años. Con ellos trabajamos un sonido muy guitarrero y eléctrico. En mi caso quise dar más cabida a pianos, contrabajos, percusiones basados en objetos que no fueran tambores o baterías tradicionales. Por ejemplo, en Harley -“Harley Davidson“, uno de los temas- la caja está reforzada con un cubo de metal con herraduras de caballo que suena genial. Cada golpe da un sonido muy heterogéneo que suena diferente siempre. En Hypocrites -“Hypocrites and Silouhettes“- hay de todo, palitos de bambú, piezas de basura, chicles mascados al ritmo. Se microfoneó la silla en la que estaba sentado cantando para que se escucharan detalles de mis movimientos al interpretar, e incluso los pasos que di al entrar y sentarme en la silla. La música hecha con máquinas se caracteriza por ser muy homogénea en los sonidos, porque los samples vienen de un mismo sonido y, aunque han mejorado, por algún lado siempre se siente un cálculo matemático. A mí me gusta el caos que genera la mezcla de objetos reales con la imperfección humana, convierte a la música en un ser vivo.

¿Cómo fue tu proceso creativo?
Pues, intento no ser muy consciente de ello. Pero puedo decirte que las ideas me vienen un poco como si vivera en una película y lo que suena es el soundtrack de cada momento. Por ejemplo, en una época solía ir con músicos americanos, italianos y venezolanos a tocar en Milán y en Zurich. Las imágenes de esos viajes, las noches de esos conciertos y toda la influencia de tocar con estos músicos de blues, jazz y swing se te quedan en la cabeza. Son las canciones que tarareas en tu mente cuando vas en la furgo de regreso a casa, para olvidar la resaca.

¿Por qué se llama Musical animal?
En parte por dos cosas, el hecho de grabar este disco, estar constantemente viajando a Madrid desde Barcelona, para terminarlo, me hizo estar muy inmerso y concentrado en la música. Me sentía como un animal musical. Vivía y respiraba música. Y al estar en Madrid, sólo me dedicaba al disco. ¡Era genial! Y, por otro lado, algo que no he dicho mucho, pero creo que puedo decirlo, es de pequeño fui cazador, y durante la vida hay cosas que me han hecho respetar y sentir mucho más por el mundo animal. Así que me pareció un buen nombre, como una pequeña deuda que debería pagar. No creo que vuelva a cazar en la vida, al menos, animales no.

¿Con qué tema del disco te identificas más y por qué?
(Risas). ¡Esta es una pregunta imposible! Supongo que es como preguntarle a un padre a cuál de sus hijos quiere más. “Harley” evoca mucho mi vena rock’n’roll y la influencia de tocar con Danny Lippit, músico de New Orleans. “Billetes a ultramar” es un recuerdo verdaderamente íntimo y es una especie de retiro en la más profunda tristeza. “En Malas condiciones“, “Hypocrites“, “Te busqué“: las ganas de vivir desenfrenadamente y la sorpresa de saber que puedes albergar pensamientos grotescos, aun cuando quieras ver la luz.

¿Sentiste en algún momento temor de mostrar esta faceta solista o, por el contrario, siempre estuviste seguro?
Sí llegué a preguntarme “¿yo puedo hacer esto?”. Pero realmente cuando lo estás haciendo ya no importa. Te lo pasas tan bien haciéndolo que ya ni te cuestionas el porqué, solamente lo haces.

Dada la receptividad que ha tenido el disco, ¿piensas en grabar otro?
Sí, la experiencia con la gente de Playground ha sido maravillosa. Por ahora, vamos paso a paso, y a este disco le queda mucho por hacer. Pero nuestra intención es hacer otro y otro más. Hasta que el cuerpo aguante.

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