Ante todo, Andrés Ruiz es alguien sumamente multifacético. La obra del artista bonaerense ha atravesado un gran espectro tanto de géneros como de proyectos: ha lanzado múltiples y diversos LPs como solista, integrado bandas como Corazón Primitivo y Viva Elástico, y hasta incursionado en la poesía y escritura narrativa.

Víctima de la Imaginación, su séptimo álbum editado por Furbo Discos (sello que Andrés fundó en 2014 junto al Bowie rosarino Pablo Jubany), es un quiebre en su repertorio que contrasta con lo precedente por un solo motivo: es un disco pop. Atrás quedó la experimentación barroca que caracterizaba trabajos como Amor Ventrílocuo (2007) o Los Deudos (2008), donde abundaban el piano, la guitarra y las cuerdas. Ruiz ha ido degenerándose desde su debut, alejándose de la predominancia técnica para acercarse a lo accesible y quizás cementar una voz singular – una que maneja cuestiones rítmicas y de textura de una manera muy personal.

Que el sonido de Víctima de la Imaginación sea más inmediato o instrumentalmente despojado no debe confundirse con simpleza: es un lanzamiento cuidadosamente confeccionado y desarrollado, que revela muchas capas de sonido, tonos de teclados y detalles escondidos (como, por ejemplo, las voces sampleadas de “Por el Camino Dorado”, o la propulsión de las bases de “Mi Desconocida Preferida”). Bajo cada gancho memorable hay un acorde sostenido de sintetizador generando un efecto narcótico que permea toda la experiencia con un clima cohesivo y fosforescente. Se trata de buen synth-pop, que remite a otras grandes ofertas nostálgicas del estilo como al Neon Indian más chillwave, o a un Alex Anwandter más heterosexual.

A la mitad de la escucha, Víctima de la Imaginación parece desdoblarse para cederle el paso a un segmento más sombrío. La astucia de Ruiz, sin embargo, reside en su decisión de suscribirse sin reparos al mandamiento pop de nunca aburrir ni tomarse a uno mismo demasiado en serio; como también en su capacidad de encontrar el humor en situaciones que de otra forma serían miserables. “Todo Sobre el Fin del Mundo” es una instancia de ello. Pese a la cualidad funesta que sugeriría su título, esta se ve contrarrestada con líricas sobre hacer pasar a testigos de Jehová por no tener a nadie más con quién charlar. “Estoy listo para el juego, aunque esté cantando como un muerto”, interpreta en un tono deadpan en “Amiga”, una balada slow-tempo fiel a la tradición de Robert Smith de pintar imágenes arácnidas mediante su prosa para hablar de algo distinto. Es otro de los puntos álgidos del disco.

En “No Hay Razón”, el multiinstrumentista entona que “Podría ser un toque indiferente, podría ser como toda la gente / Pero no hay razón para actuar así”. Esta frase sintetiza el modo de Andrés Ruiz de aproximarse a su música: por más directas que se presenten, sus composiciones comportan creatividad, sus fraseos rebalsan encanto melódico, y su manejo de texturas evidencia un grado de refinamiento de alguien que es, sin muchas vueltas, un buen músico.

Andrés Ruiz – Víctima de la Imaginación

2017 – Furbo Discos

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01. Por el camino dorado
02. Víctima de la imaginación
03. Mi desconocida preferida
04. No hay razón
05. Deshecho
06. Amiga
07. Todo sobre el fin del mundo
08. Feroz
09. El aburrimiento
10. Frontera de amor