Compartir

anohni

“Hope there’s someone who’ll take care for me when I die”, anhelaba Anohni en la primera frase de su celebrado breakthrough I Am a Bird Now en el 2005. Al igual que PJ Harvey –otra reina alternativa desesperanzada– la artista anteriormente conocida como Antony Hegarty dejó muy atrás todo rasgo de fe en Hopelessness (Secretely Canadian/Rough Trade), su primer álbum de estudio en seis años.

Emergida del under neoyorquino, Anohni obtuvo prominencia a principios del siglo XXI con su proyecto chamber-pop Antony & the Johnsons, cuyas meditaciones sinfónicas sobre soledad y desamor circunnavegaban nociones de identidad y su mutabilidad, que rompían con la normativa binaria del género de una forma que impresionaría a Judith Butler. A pesar de la introspección de aquellos trabajos, su perspectiva arraigada en su experiencia como mujer trans demuestra que jamás hay una escisión definitiva entre lo personal y lo político; ahora más evidenciado que nunca.

Hopelessness representa una metamorfosis que observó a su autora adoptar un nuevo nombre y un estilo musical diametralmente opuesto a todo lo precedente: la electrónica. Sintetizadores y beats sustituyeron al piano y las cuerdas, y el único instrumento que persistió fue la voz esplendorosa de la misma Anohni, inmediatamente reconocible por su rango increíble, sus inflexiones imbuidas de soul y su vibrato icónico. Esta transición sónica fue asistida por los productores Hudson Mohawke (colaborador de Kanye West) y Oneohtrix Point Never: el maximalismo festivo del escocés y la ornamentación experimental del norteamericano confluyen en perfecta simbiosis con las melodías de la pianista, culminando en un LP moderno y vanguardista que temáticamente ilustra la cosmovisión de la ganadora del Mercury Prize sobre asuntos de mayor urgencia. Ella inventó con Hopelessness el género de protesta electrónica, capitalizando sobre la accesibilidad de la discoteca como conducto mediante el cual vehicular e infiltrar su activismo yuxtapuesto.

El disco está estructurado de modo que cada canción enarbola una problemática sistémica. El calentamiento global resultante de la emisión de gases de efecto invernadero está retratado en el apocalíptico single “4 Degrees”, diálogo de bronces y sintes cuyo título alude al punto irreversible del cambio climático, que conllevaría la extinción de la mayor parte de la biodiversidad. El track epónimo también lidia con ecocidio, al ritmo en que la iconoclasta denuncia “I’ve been taking more than I deserve / Leaving nothing in reserve / Digging till the bank runs dry / I’ve been living a lie” tras equiparar la avaricia humana con un virus parasitario – imagen que ya le sirvió a su amiga Björk para una metáfora de relación en Biophilia (2011, One Little Indian). La preocupación por un futuro sustentable logra que Hopelessness se sienta entonces como una ramificación de Future Feminism: el movimiento en el que Anohni iguala la opresión patriarcal de las mujeres con la del Planeta Tierra, abogando así por la instauración de formas de gobierno nutridas de arquetipos femeninos más compasivos. Es feminismo interseccional en el más pleno sentido de la palabra, extendiéndose hasta incluir a la Madre Naturaleza; y carga tanta vigencia como Kendrick Lamar diciendo que las vidas negras importan en To Pimp a Butterfly (2015, Aftermath/Interscope).

Hopelessness es además una obra impregnada de geopolítica que condena al imperialismo capitalista occidental, cuyas políticas extranjeras legitimaron conflictos bélicos motivados por petróleo. El celestial opener “Drone Bomb Me” está escrito desde la perspectiva de una niña afgana cuya familia fue asesinada en un bombardeo de drones norteamericanos; “Watch Me” es sobre el escándalo de la NSA y la vigilancia panóptica que ejerce un gobierno omnisciente personificado como un “daddy”; pero el momento más uptempo llega con “Execution”, que invita al baile mientras simultáneamente lamenta la vigencia de la pena de muerte. Por su parte, el climax emocional viene de la mano del highlight, “Crisis“, donde la mente detrás de Swanlights (2010, Secretly Canadian) quiebra en llanto al ser confrontada sobre la tortura ilícita en Guantánamo. Sin embargo, el corte más furioso en un álbum consistentemente enojado es, por supuesto, “Obama”, un ataque ambient al laureado Premio Nobel de la Paz. Es novedoso en cualquier caso que la compositora encuentre propulsión en la ira, cuando históricamente continuó la tradición de artistas como Tori Amos y Sufjan Stevens de reapropiar la vulnerabilidad como virtud.

Hopelessness es el mejor y más relevante álbum que nos regaló Anohni, y lo más inquietante es el grado de sinceridad y autocrítica que subyace: Hegarty reconoce su propia complicidad (y por extensión la de quien la escucha) en la perpetuación del status quo en la forma de mera pasividad. Pero hay otra afirmación igual de importante: este disco electrónico sobre la naturaleza es la prueba refrescante de que aún hoy, siguen habiendo maneras de innovación y subversión en la música. Quizás en el paradigma también.

anohni - hopelessness

Anohni – Hopelessness

2016 – Secretly Canadian / Rough Trade

www | Facebook | Instagram | Twitter

01. Drone Bomb Me
02. 4 Degrees
03. Watch Me
04. Execution
05. I Dont Love You Anymore
06. Obama
07. Violent Men
08. Why Did You Separate Me From The Earth?
09. Crisis
10. Hopelessness
11. Marrow