Luego de diez años de trabajar juntos y a tres años del aclamado Veckatimest, el cuarteto de Brooklyn vuelve a deleitarnos con una de las mejores entregas de este año. Grizzly Bear redobla la apuesta y sigue demostrando ser uno de los ingredientes principales con los que el indie de hoy en día sabe deleitarnos.

Tras un receso de seis meses luego de la gira de su album predecesor (el gran Veckatimest) Droste, Rossen, Taylor y Bear se reunieron en Marfa (Texas) para componer su cuarto disco, pero luego de haber grabado inmensa cantidad de material, éste no resultó convincente y los Grizzly decidieron retomar sus raíces y volver a la casa de la abuela de Droste en Cape Cod (donde grabaron Yellow House años antes) para dejar que, en un ambiente más “familiar”, las cosas fluyan. Y lo hicieron.

Al igual que los anteriores, Shields fue producido por el bajista de la banda Chris Taylor, sin embargo presenta innumerables diferencias con sus predecesores. Por empezar, el albúm fue hecho en colaboración, no sólo en las letras donde Droste y Rossen por primera vez se sentaron a escribir un par de temitas juntos, sino también musicalmente, cada uno explota sus individualidades pero lo hace de una forma cohesiva, artículandose perfectamente con su entorno, por más apocalítico que éste sea. Tal vez sea resultado de una inevitable confianza generada luego de tantos años de tocar juntos.

En lo que respecta a la lírica, las letras esta vez intentan seguir un cierto hilo narrativo y tratan de ser lo más abarcativas verbalmente posible, es decir, no vamos a encontrar una canción como “Colorado” (Yellow House), donde se repiten las mismas tres líneas eternamente, sino composiciones más complejas repletas de carga emocional. La tópica que abarca el disco como un todo es esa punzante y paradojal escisión entre la búsqueda de la autonomía y el terror a la soledad. En palabras de Droste: “negociar la distancia con la gente en tu vida” . Tal vez sea eso lo que el título “Shields” intenta simbolizar.

Lo que se intentó musicalmente es “partir de cero”, un desafío bastante ambicioso luego de la popularidad que generaron en sus últimos dos discos, pero bienvenido al fín, y eso es Shields, un nuevo sonido más directo y fresco que sin embargo no puede soslayar el aporte de sus predecesores. Es como si la despedida de Veckatimest con “Foreground” estuviera sentando las bases de lo que Shields viene a consolidar.

Clara y directa desde el comienzo, “Sleeping Ute” viene a darnos una muestra de lo que el disco profundizará en las nueve canciones siguientes. La melancólica voz de Rossen, la pulcritud de la guitarra en el inicio y el inminente caos y la desesperanza que se desenvuelve ni bien empezado el primer coro, solo siguen en la línea de cada una de las canciones de Grizzly Bear, que bien saben llevarnos desde el lugar más calmo a la mas sombría desesperación sin dificultad alguna. Luego de un comienzo tan alertante se da paso a una de las joyas del disco: “Speak in Rounds” donde el folk le da lugar a la psicodelia y se embarcan juntos en la más bella melodía mientras Rossen pregunta: “Could I be Alone?” Para luego contestarse: “Step down, just once learn how to be alone”, marcando desde el inicio la tópica que guiará nuestro encuentro con este gran disco. Luego de un breve interludio, “Adelma”, llega otra de las propuestas más importantes de esta entrega: “Yet Again”. Aquí le damos la bienvenida a la voz de Droste, que sabe cantar como si tuviera toda la melancolía del mundo sobre sus hombros. “Yet Again” es preponderante, probablemente el auge musical del disco. “The Hunt” nos puede remontar un poco a esas tranquilas piezas tan sensibles y ricas de emotividad que llenan discos como Yellow House o los momentos más tranquilos de Veckatimest. La voz de Droste enamora en un marco de pura sencillez donde son los detalles los que ambientan la verdadera complejidad del sonido de los Grizzly. Dentro de esta línea se puede enmarcar también a la canción: “What´s Wrong”. Cambiando de panorama, “A Simple Answer” se muestra esperanzadora y amigable, similar a “Gun- Shy”, otra de las propuestas que es desafortunado pasar por alto. En el ocaso del disco “Half Gate” y “Sun in Your Eyes” se acoplan a la perfección. La primera presentándonos un desgarrador encuentro donde Droste canta con un sesgo de dulzura y enamoramiento y se topa con un Rossen inmerso en puro caos y desesperación.La segunda, brindándonos ese final del que hablábamos con “Foreground”, que nos deja con todas las sensaciones a flor de piel y ansiando por algo más.

Por más minimalistas que intenten ser con esta entrega, dejando todo en su esencia misma, en declaraciones de Droste, una estética “ very in-your-face” , clara y directa, Grizzly Bear pasa por alto el hecho de que está en su misma esencia lo complejo, lo “barroco”. Es inherente a ellos mismos el ser ambiciosos y desafiantes. En cada una de sus canciones el núcleo es lo más irrelevante al lado de los ricos detalles que la contornean. Y allí se encuentra la grandeza, lo que diferencia a Grizzly Bear de cualquier otra propuesta del indie contemporáneo. Además, como si fuera poco, toda la complicación que semejante apuesta pueda traer a la actuación en vivo es sorteada por la banda sin la más mínima dificultad y por eso, si Grizzly Bear efectivamente llega a visitarnos el próximo año, será un acontecimiento que de ninguna manera deberíamos desperdiciar.

Grizzly Bear – Shields

2012 – Warp Records

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01. Sleeping Ute
02. Speak in Rounds
03. Adelma
04. Yet Again
05. The Hunt
06. A Simple Answer
07. What’s Wrong
08. Gun-shy
09. Half Gate
10. Sun in Your Eyes

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