Foto: Florencia Petra

Lo que a primera vista parece un cohete en la galaxia, en una segunda mirada sospechás que el foco no está apuntando hacia arriba; sino con la cabeza gacha hacia abajo, viendo pasar un bote, en un plano cenital. Lo que confunde es la profundidad de la galaxia que es oscura como la noche. En el medio de lo que ya no se sabe si es el agua o el espacio, un círculo rojo que debe ser el sol o un remolino que te absorbe y te mete en el corazón de la banda.

Hay grupos que no buscan cambiar radicalmente su forma de un disco a otro y ese sería el caso de Las ligas menores, que encontró en sus primeras canciones una narrativa que describía perfectamente las emociones con las que quería dar el mensaje. Y ahora en Fuego artificial lo que se propone es naufragar aun más en todo aquello encontrado y descubrir cuán inmensa puede ser la sencillez, donde la distancia entre el mar y la galaxia es de 1200 km.

Desde que se abre el disco con “Peces en el mar” ya lo que se percibe fácilmente es una evolución en términos técnicos. Fuego artificial está producido por Tom Quintans y mezclado por Lucas Rossetto y Felipe Quintans. Esto le da un abrazo aparte al lo-fi de su primer álbum, pero tampoco busca despegarse del todo. Es como un apretón más fuerte, como una secuela, o con vocabulario más apropiado, como una segunda parte. “Peces en el mar” abre el imaginario de la banda compuesto por un universo con paisajes subjetivos pero a la vez tan fraterna al sonido de El Mató.

Canciones como “Contando lunas” empiezan a evidenciar la poética del disco, llevando la narrativa a ese lugar muy íntimo pero a cielo abierto, como una habitación pero sin techo. El desamor de “En invierno“, la canción con la que anticiparon el disco, cuenta un no feliz cumpleaños y hace un diálogo directo con su otro disco. Las Ligas hablan de los espacios y las distintas superficies, cada cual con su propia emoción, pero la conexión entre el interior y lo exterior se puede ver reflejada en esa presencia constante de lugares como el mar, las montañas, la ciudad. Siempre están presentes como polos opuestos: nunca su descripción, sino el énfasis en la necesidad de la distancia. Puro temperamento del amor.

Algo que distingue a Las ligas de las demás bandas es su rasgo equitativo en las voces, por más que Anabella sea quien canta la gran mayoría de canciones. María Zamtlejfer y Pablo Kemper también tienen sus ratos frente al micrófono y ahora en los recitales va a ser mucho más variado, supongo. Porque lo que antes eran cuatro canciones que no eran cantadas por su vocalista principal, ahora son cuatro más y da una sumatoria de ocho en total. La lista se agranda, la variedad de voces también al momento de la presentación.

Las canciones compuestas por María van desde “Casas desiertas“, una balada que te invita a caminar entre la gente y logra hacerte sentir la soledad igual, al puñado de revoluciones que es “El galpón“, que atraviesa los mismos puentes de su banda hermana Bestia Bebé. La distorsión es sinónimo de destrucción y esta canción lo vuelve literal con su lírica. La canción que canta Pablo invoca a ese espíritu aventurero que tiene la banda, como una canción ideal para ir escuchando cuando vas por la ruta reflexionando sobre el camino.

Una de las canciones más hermosas del disco, a mi parecer, es la número siete: “Tres colores“. Allí se adentran en un sueño dentro de un sueño, en el que se abre un cielo de sonidos y colores que llega a un sonido poderoso en el estribillo, para luego caer hacia abajo, en forma de espiral. También está “Ni una canción“, el tema que ya viene sonando hace un año, cuando salió en el EP. Afuera de este LP quedaron “Mis amigos” y el cover de Galaxie 500Fotos“. “Ni una canción“, con toda la producción de Fuego artificial, se convirtió en un tema mucho más fastuoso, donde la melancolía de un corazón roto te invita a ponerte de pie y salir adelante al ritmo de una batería poderosa y picante que te empuja hasta el estribillo. La melancolía se disuelve gracias al levantamiento altanero de la voz.

Que el disco es invernal no se duda, salió a la luz en la estación perfecta. Tiene toda la ternura y el calor de un fuego que no se apaga nunca. Tiene también eso de poderoso que te levanta el ánimo en una situación, con ciertas distorsiones que juegan con las distracciones de quien escucha. Cuando se piensa estar encima de todo, más fuerte es la caída, pero para una banda como Las ligas es mejor así. Son tropiezos que no llegan al suelo porque saben cómo levitar en su armonía. Por eso nunca se está tan arriba y nunca tan abajo: el equilibrio de la banda es indagar escenarios imaginarios y para eso se necesitan emociones reales.

Las ligas menores – Fuego artificial

2018 – Discos Laptra

01. Peces en el mar
02. Contando lunas
03. En invierno
04. Mejor así
05. Casas desiertas
06. La paciencia
07. A tres colores
08. Los días
09. Segunda parte
10. Luces y carteles
11. El galpón
12. Ni una canción
13. Fin de año