sigobrillando

Recuerdo esta imagen: Observar a Jonas Mekas titubear ante la pregunta de su entrevistador: “¿Qué es el cine y el arte para usted?”. Mekas, luego de tartamudear unos minutos y merodear la respuesta, finalmente contesta: “Hablar de arte es demasiado pretencioso y no tiene sentido”. No sé por qué pongo esta anécdota en la reseña de este disco o, quizás sí. De algún modo, Giancarlo Landini ha logrado contestar, con su último trabajo, a esta misma pregunta y llegar a la misma respuesta.

Trece canciones que nos fuerzan a articular una película inexistente. De aquí, tal vez, que me resuene Mekas: un disco simple, íntimo, que nos invita a volver hacia el individuo y desatarnos de prejuicios y de cualquier etiqueta; encontrándonos con que cada track pareciera decir “Esto no es una canción, es un pedazo de vida”. Trece girones y retazos que narrativizan un momento particular de la producción de Landini; hallando el espacio más experimental, crudo y punk de toda su trayectoria. Quizás este es su “Walden” o, tal vez, este disco es Mekas diciendo “Yo no puedo hablar de arte. Ese es un tema del que realmente no sé nada”.

En ese no saber, en ese desconocimiento o docta ignorancia, encontramos el lugar más anárquico de Landini, quién desde hace años se ha paseado por los lugares más áridos del hardcore. Sin embargo, es aquí, en este disco, donde logra desplegar lo que todo punk hace tiempo olvidó: hacer lo que no se debe hacer o simplemente hacer lo que nadie ha pedido que se haga. Eso hace SigObrilllAndo en este álbum que sólo viene a confirmar una ética punk, que no es sino la herencia de estar inserto casi 20 años en ella.

Preguntar hacia un adentro y no a un afuera, es lo que encontramos en la mayoría de estas canciones que, de de algún modo, ponen voz justo donde no existe, como si dijera o respondiera a una sola pregunta ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Cada canción son pequeños fragmentos de imágenes que nadie había pedido ver: la intimidad del sujeto que ha renunciado al plural, al mesianismo lírico -tan común en la escena punk-, para darnos un disco que no responde a la complacencia de las modas de turno, sino simplemente a la inquietud propia de quién ha hecho de la música una herramienta de protesta. El más puro y duro punk, en un disco intimista, donde no hay frases hechas, no hay piedras, ni barricadas, la sola artesanía e insistencia hacen de Soundtrack para un film fantasma el mejor disco contestatario. Un disco precario que nos hace recordar al joven Lou Barlow. Quizás Landini, SigObrilllAndo, Möreno o cómo quieran llamarlo, no responde más que a esa ética, a la de producir, porque no existe más rebelión, que la de verte envuelto en llamas cuando nadie te está observando.

Giancarlo Landini seguro no es el mejor o incluso está años luz de serlo, pero este disco es un buen resumen de todo lo que ha aprendido desde Silencio Absoluto y Alternocidio (ambas bandas de la escena hardcore de principios de los 90′), hasta ahora con SigObrilllAndo, pasando entremedio por Syndie, Salinger y Möreno, es decir, ha logrado dar con su sello característico: Trabajo sin pose. Sus proyectos están en la escena indie, cuando nadie se llenaba la boca con tal escena indie o, incluso, cuando nadie sabía exactamente qué era o qué significaba ser indie y todo lo que hacías a pulso, a mano y sin corromperte era llamado punk o, simplemente, trabajo honesto.

Una película que no existe, o una melodía que ninguna película quiere. No importa. Soundtrack para un film fantasma es una sola cosa: amor por un estar, constantemente, haciendo.

Sigobrillando - Soundtrack para un film fantasma

SigObrilllAndo – Soundtrack para un film fantasma

2015 – Independiente

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