El astronauta que está perdido en el espacio sigue dando vueltas, mirando hipnotizado cómo el humo se desplaza tan extrañamente. ¿Es humo realmente? ¿Puede seguir teniendo ese nombre cuando su nuevo ambiente es el interestelar? El astronauta solo sigue girando y no piensa muy claramente en esas palabras que se agolpan en su cabeza esperando para salir. ¿Qué busca en verdad? En el instante menos esperado, una ráfaga vitalizante de frecuencias sonoras se apropiaron del título de misterio y al solidificarse, el astronauta pudo ver un milagro: el nuevo disco de Sleep.

Sleep es una banda stoner orientada hacia el lado del heavy metal y aún más hacia el lado de la mota. Es clara la influencia del metal clásico que tienen estos chicos oriundos de California. Sleep, al mezclar dicha influencia con el stoner, prefirieron llevarlo hacia más abajo, volviendo al stoner pesado. Por eso se los suele asociar al sonido del doom metal. El hecho de no reinterpretar sonidos dentro de un género y darle una nueva energía, fue el impulso necesario para que el stoner tenga una base más sólida.

Su carrera se podría dividir en dos partes: en la primera, en los ’90, siendo el momento en donde más discos sacaron y estuvieron tocando seguido. Los puntos más sobresalientes los tenemos en este momento, como por ejemplo Volume One de 1991. Podemos verlo como una aproximación a la idea de Sleep: música pesada con un ritmo marcado perfectamente armado para que tu viaje sea uno bueno y humeante. Otro punto para resaltar, mostrando un lado bizarro, tenemos un hecho que los caracterizó hasta ahora: el disco Dopesmoker de 1995 contiene solo una track y dura toda una hora. Editado por London Records, el disco fue preparado a lo largo de cuatro años.

Sleep no buscó hacer la canción más larga de la historia solo para que uno diga “Hey, estoy escuchando un tema que no dura tres o cinco minutos, sino una hora sin cortes ni aditivos”. Recordemos La flor de Mariano Llinás, una película que dura catorce horas. Eso funcionaría a fines comerciales ya que uno se siente en la aventura de ver cuanto tiempo podes estar frente algo así. En el caso de Sleep se orientaron más al lado de una obra de teatro en donde los diferentes tipos de sonoridades van armando sensaciones auditivas alineadas de tal manera que te dan ganas, al terminar The Sciences, de poner los primeros discos de Black Sabbath y armarte otro. No nos molesta que el track dure una hora. A medida que avanza Dopesmoker uno se pierde aún más en todo ese imaginario. Por eso es la clave de la genialidad de Sleep: Pueden mantener la brillantez en un género que suele tropezar de lo monótono que puede llegar a ser.

Luego se produce un parate de casi una década, volviendo en 2009 con la misma formación. Desde ahí hasta ahora, hemos tenido algunas giras y no mucho más que eso. Por eso, al sacar The Sciences, la escena se regocijó. Tal como hicieron con Volume One y Volume Two, discos que alimentaron de energía nueva a la escena del stoner pesado, en The Sciences, los fanáticos de este sonido encontrarán una dosis efectiva, una nueva corriente del pensamiento para ahondar más en un género no tan valorado como debería aunque con un underground bastante sólido.

El disco consiste de seis canciones que varían de duración, de tres a doce minutos. Al Cisneros, bajista y cantante, entiende que el legado de Sleep no solo radica en sus composiciones, se basa además en la magia de Matt Pike en la guitarra. Pike es el frontman de la banda de heavy metal High of Fire, una de las últimas agrupaciones del género de fines de los ’80. Lo complicado del estilo musical y también lo complicado de hacer canciones largas se puede reunir en una pregunta: ¿No nos repetiremos tanto que aburriremos a quien lo escucha? Pese a lo interesante que pueda ser un tema de 15 minutos, mantener una tensión atractiva suele ser algo dificultoso. Por eso es tan importante Matt Pike en su sonido. En batería tenemos a Jason Roeder, quien se ha formado en Oakland, California, y sus primeros sonidos predilectos fueron los producidos por el hardcore punk. Tiene desde fines de los ’80 una banda llamada Neurosis que sigue hasta hoy. Roeder, con el tiempo y ya tocando en Sleep, se ha influenciado por el post metal y derivaciones.

Pasás de un track a otro sin problemas. La intensidad sube cuando tiene que subir y baja, buscando el equilibrio, en los momentos justos. La voz de Cisneros es esporádica pero efectiva. A pesar que se lo nota menos interesado en comunicar vocalmente, la experiencia y una muy buena predisposición hacia este proyecto han hecho que sea su mejor trabajo en el área vocal. Su voz es más adulta y más aguerrida. El track favorito de todos es “Marijuanaut’s Theme“, de 6:39 de duración. Dicha duración tiene el tiempo justo para una banda como Sleep. “Antarcticans Thawed” dura unos catorce minutos, y pese a su gran calidad sonora, catorce minutos son muy distrayentes para uno. En “Marijuanaut’s Theme” incluyeron toda la magia de la banda, generando un vuelo impecable e hipnótico. A pesar que la canción nos ha gustado, “The Sciences“, el primer track del disco, y “The Botanist“, son también pesos pesados a la hora de escuchar.

El astronauta sigue viajando por el espacio en la tapa de The Sciences y nos transmite una oscuridad empática iluminada por los deseos de millones de estrellas que rondan frente a sus ojos. Su equipo espacial está conectado a un cogollo, que se enfrenta al espacio sin ninguna vestimenta. Una banda es legendaria no por su público, sino por su trayectoria tocando en lugares y sacando discos, aunque esto segundo pueda ponerse en juicio. Sleep nos dio uno de los primeros milagros musicales del año. Esperemos que el astronauta volador, en todos los sentidos, pueda afectar a las nuevas bandas tal como hicieron en su momento.

Sleep – The Sciences

2018 – Third Man Records

01. The Sciences
02. Marijuanaut’s Theme
03. Sonic Titan
04. Antarcticans Thawed
05. Giza Butler
06. The Botanist